José Antonio Méndez, reverenciado en Los Pinos (+ Video)

José Antonio Méndez en La Bodeguita del Medio. Foto: Archivo de Marta Valdés.

Suelen decir que era ronco pero nadie cantó más dulce que José Antonio Méndez. Yo era muy joven, recién enrolada en el placer de inventar canciones, cuando alguien trajo una placa de acetato que reproducía su primer disco, José Antonio Méndez canta sólo para enamorados, grabado en México para el sello RCA Víctor. Había escuchado su nombre pero no conocía otra cosa acerca de su identidad y me contaron que se había marchado a México en busca de mejor fortuna para su música y, allí, había seducido al público, a los músicos y a algunos empresarios, con su manera de expresar las letras resaltando los primores de un sentido melódico verdaderamente novedoso y, por si fuera poco, desplegando todo un lenguaje propio para acompañarse en la guitarra. Andábamos, más o menos, por la mitad de la década de los cincuenta. A José Antonio no se le escuchaba en la radio cubana. Casi puedo asegurar que sus discos no se vendieron en el mercado nuestro porque el ejemplar que tengo del título mencionado, es un regalo traído desde México por un amigo, atendiendo a mis ruegos.

En 1957 conocí a varios autores que habían formado parte de algo llamado “el grupo del feeling “ y fue entonces cuando tuve noticia de que, siendo muy jovencito, José Antonio había llegado, de la mano de Ñico Rojas, a las reuniones que tenían lugar en casa del trovador Tirso Díaz y sus hijos Angelito y Tirso, situada en unos altos a medianía de cuadra en el Callejón de Hammel, enclavado en ese centro energético de la música popular cubana que es el barrio habanero de Cayo Hueso.

Sus canciones tuvieron suerte –no faltaba más—cuando las escucharon cantantes tan apreciados y exitosos como Toña la Negra, Fernando Fernández y los tríos mexicanos de moda. En La Habana, la emisora Mil Diez había  acogido al grupo de jóvenes renovadores que imprimían una nueva dinámica a la música popular cubana yendo más allá del bolero y la canción, ya que cultivaban también la guaracha, el mambo y el naciente chachachá. Algunas otras emisoras cuyo nombre no recuerdo, abrían espacio a esta sugestiva manera de captar lo mejor del lenguaje armónico y melódico de las más avanzadas corrientes cuyo punto de partida, a mi entender, es la gran canción norteamericana de los años 40. En aquellos programas radiales que resultaban verdaderas joyas, salía a flote ese rasgo presente en el “grupo del feeling” que tanto contribuyó a dejar delineados sus elementos de estilo y es el hecho de que, más allá de la presencia de autores, contaban entre sus filas a cantantes femeninas como Moraima Secada, Elena Burke u Omara Portuondo; voces masculinas como Pepe Reyes o Reinaldo Henríquez, pianistas como Frank Emilio Flynn o Aida Diestro quien, además, aportó a nuestra música, desde ese ámbito, una visión a cuatro voces femeninas verdaderamente irrepetible. A ellos, se sumaba, desde su tres. el talento del Niño Rivera volcado en arreglos para disímiles formatos instrumentales que pusieron en circulación piezas como Realidad y fantasía y Nuestra canción, de César Portillo de la Luz o Quiéreme y verás, de José Antonio Méndez.

No crean que me estoy apartando del enunciado. Tenemos que alegrarnos  mucho de que en Los Pinos hayan dado un paso para reverenciar a quien inmortalizó a esa populosa zona de nuestra Habana en su guaracha Cemento, ladrillo y arena. Excelente y alentadora idea el haber convocado a un concurso de interpretación que lleva el nombre de José Antonio Méndez, coincidiendo con la fecha natal del músico nacido en el solsticio de verano de 1927. No me conformo con la íntima alegría que me produce el saber que se están poniendo las bases para una tradición tan buena y sana sino que quiero confesar aquí que hace muchos años, a raíz de su muerte, concebí la idea de que se localizara aquella “casita en Los Pinos” y se dieran los pasos pertinentes para ponerla en forma y fundar la Casa y Museo del feeling. Soñaba que ella irradiara muchas cosas, que se le diera propaganda como un sitio de atractivo para todos, que el estudio de esta manera de concebir e interpretar nuestra música se estudiara, se dignificara, se fijara mediante clases de guitarra o prácticas de repertorio para cantantes e instrumentistas. Comencé a dar tumbos, a hablar con éste o aquél, vueltas y vueltas que me condujeron a la convicción de que, tal vez, mi cabeza no andaba bien. Por eso me pone contenta que en Los Pinos reverencien a tan entrañable hijo suyo cada vez que se acerque el 21 de junio. Aplausos y larga vida a esta iniciativa. 

Almendares, 30 de junio de 2013

José Antonio Méndez interpreta "La Gloria eres tú"