Un gol en propia puerta

Florentino Pérez. Foto: Twitter del Real Madrid.

Si la cordura no logra imponerse, en pocos meses el fútbol verá astillados algunos de sus valores más cristalinos. Y no será la cacareada Superliga de clubes europeos el fin del mundo ni el cáncer que acabe con este deporte: a fin de cuentas, ya resulta impensable una presunta dejadez por parte de los aficionados, incluso hacia un evento que, de por sí, puede ser un fiasco competitivo o la octava maravilla del mundo, mas rompe cruelmente todo lo que de cierta manera amamos.

Entre cruce de comunicados y acusaciones turbias, todavía nadie ha amenazado la integridad de las actuales ligas nacionales. Sería un suicidio para los patrocinadores actuales de la Superliga, comenzando por Florentino Pérez, a sabiendas de lo complejo que resulta para un hincha reconocer la disolución de lo habitual. Sin embargo, queda clara la quintaesencia de este nuevo certamen: más dinero, más poder, menos ataduras.

Lo anunciado este domingo constituye un acto extremadamente elitista. A la “dichosa” Superliga tendrán acceso 15 clubes fundadores y —¡caramba, qué casualidad!— se trata de las 15 entidades de mayor poderío económico de Europa, aburridas de contribuir a la FIFA y la UEFA y prestas a repartirse en su nueva cofradía las ganancias millonarias de ventas televisivas y otros negocios.

No les interesa demasiado, pues aluden las pérdidas causadas por la pandemia en sus intereses presupuestarios, que cientos de clubes de menor poderío podrían ver en peligro incluso su existencia, que miles de aficionados y socios podrían quedar huérfanos de sus equipos en caso de suceder lo que todos vaticinan: la Superliga terminará sepultando cualquier otro evento futbolístico en su afán de acaparar todas las luces y embolsar así la mayor cantidad de billetes posibles.

En medio de este dislate anunciado por Florentino y compañía, asaltan al hincha un manojo de dudas: si jugarán entre semana, ¿nadie ha pensado en las nefastas consecuencias que pueden sufrir físicamente los jugadores? ¿En qué plano quedan la Champions y la Europa League, el plato fuerte de los últimos tiempos, los motivos de tantas noches mágicas? Pero lo más alarmante resulta la amenaza de la FIFA de impedir a los futbolistas participantes en la Superliga de representar a sus países en eventos oficiales.

Estamos en presencia de un pulso histórico, de dos frentes que miden fuerzas a ver cuál tiene más poder, a ver cuál sale con el ego más hinchado y canta victoria a los cuatro vientos. Lo más triste resulta la relevancia que adquiere el dinero en medio de semejante disputa, sin tener en cuenta que el fútbol es más, muchísimo más que eso.

Habrá que ver cuán en serio van los “fundadores” y si alemanes y franceses, hasta ahora fuera del proyecto, deciden unirse y formar parte de la cofradía más poderosa. Ello abriría un nuevo panorama en el fútbol europeo y mundial, con modificaciones que irían dirigidas a todos los flancos. Una verdadera pena. ¡Con lo bien que estábamos!

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