- Cubadebate - http://www.cubadebate.cu -

Réquiem por los artistas

Ronaldinho, exjugador de fútbol brasileño nacionalizado español. Foto: Marca

Yo vi, en sus últimos chispazos de magia, a Ronaldinho jugar como niño malcriado en los templos sagrados del fútbol. A él, que todavía regala cintillos a la prensa por sus dislates fuera de las canchas, le debo mis primeros atisbos de pasión por este deporte.

Eterna sonrisa en el rostro, rompía cinturas con alevosía, mientras regateaba con tal elegancia que las defensas abrían sus fronteras como alfombras rojas para el paso del único y verdadero rey. Con el balón, el millonario irreverente no era más que un tipo feliz, y quienes lo veíamos apenas podíamos disimular nuestra total devoción por un jugador fuera de serie. Si en algún instante de lucidez hubiera abrazado la senda de la disciplina, hasta los dioses sagrados tendrían que arrodillarse hoy ante su efigie.

De Maradona pude descubrir solo retazos puntuales. Incrustado en mi fallida memoria llevo por siempre a aquel enano en carrera endiablada por el Azteca, con un enjambre de pelo hecho rizos y gritando “boludeces” a sus compañeros.

Los años no me dejaron estar allí, y aplaudir de pie, llorar con desconsuelo por el privilegio de vivir en la época de Diego y contar sobre aquel día en que las la Argentina devolvió a Inglaterra el golpe de las Malvinas. El artista, D10S, pintó un lienzo en 10,6 segundos. Lo hizo sin pensar. De forma envalentonada agarró el pincel —la pelota— e hizo una maravilla casi sin proponérselo. Su cuadro es el más hermoso que ojos futboleros han visto.

Ante el altar de Andrea Pirlo me arrodillo cada día con ferviente fe. Le rezo uno, dos, tres de sus pases milimétricos y caigo extasiado con tal precisión. El italiano de cabello largo y actuar pausado es un santo poco común. La mayoría de los fanáticos buscan espectáculo y goles.

Yo debo confesarme: nunca el fútbol me ha parecido tan extraordinario como en aquellos minutos en que el genio recibía la pelota y giraba el torso para buscar con la vista encajada en el césped el espacio idóneo. Ese simple gesto desprende la mayor cuota de elegancia que he disfrutado sobre el rectángulo. Dudo que algún jugador le supere jamás entre mis preferencias.

A Michael Ballack, el tanque de los tanques, el respeto perenne. Nunca sintieron tanto temor los hinchas rivales como en el momento en que el teutón preparaba el remate. Alemania, hogar de jugadores duros, técnicos y de mentalidad eminentemente ganadora, encontró en él un líder.

A Michael, que en sus últimos años siguió portando el brazalete de capitán, debemos agradecerle su gran moraleja: los grandes siempre piden el balón en momentos tensos. Cuando el físico le obligó a terminar, todavía arrastrando las piernas sobre la grama, sus compañeros, tan bravíos por tradición, le continuaban confiando su destino. Ballack nunca les falló.

La última semana, mientras disfrutaba partidos de antes, entre nostalgias y cavilaciones, me vinieron al pensamientos algunos de esos futbolistas, goles, tarjetas rojas, lágrimas, copas levantadas y tantos jirones de historia que me enamoraron de este deporte. A Del Piero, el eterno Alessandro, toda la gratitud.

Cuando malamente comencé a pegarle a un balón ponchado con los amigos del barrio, soñaba con llevar el 10 en la espalda e imitar su estilo. Pero los nombres me vienen uno tras otro como disparos: Sneijder, Raúl, Iniesta, Klose, Lampard, Figo, Ayala, Zidane, Cambiasso, Gerrard, Verón, Riquelme, Forlán, Villa, Arshavin, De Rossi, Cannavaro, Tamudo, de la Peña, Antonio Puerta, el eterno Dani Jarque. La lista no tiene punto final.

Siento nostalgia otra vez. Soy un tipo de lágrima fácil y el fútbol, el muy cabrón, consigue destrozar mis corazas sentimentales. Ahí tengo un defecto. Tantos instantes de inicios de siglo, cuando comencé a saborear Mundiales, Eurocopas, Libertadores, jugadas perdidas en el Brasileirao, aquellos clásicos paulistas o bonaerenses, las rivalidades crispantes, me obligan a añorar a los artistas de antes. Hoy tengo a Messi y a Cristiano, ya lo sé. Los adoro. Su calidad no tiene parangón. De aquí a diez años les escribiré como hoy lo hago por otros, y sufriré su ausencia. Pero no sé, ya no será lo mismo.

La frase:

El fútbol no se juega ni por dinero ni por fama, se juega por diversión. (Ronaldinho)