Caro mira fijamente el alazán despintado. Él le devuelve la mirada.
-¡Ese es mi caballo!
Un caballito de madera con sus propias marcas de vida, que ella regaló a una prima, hace casi 20 años atrás, y ésta a otro niño y así sucesivamente como sucede casi siempre en Cuba.
El caballito de madera ha hecho su ardua labor, hasta llegar a la Fábrica de Arte Cubano. Caro es una de las tantas jóvenes que, como abejas al panal, acuden
diariamente a la FAC a clasificar útiles donados por la gente.
Desde las diez de la mañana hasta las cinco de la tarde, no cesan de llegar familias cubanas y extranjeros residentes, cargados de bultos. La dinámica es tal, que la clasificación parece un oficio aprendido hace mucho tiempo. Niños, adolescentes. Mujer-arriba. Mujer-abajo. Hombre-arriba. Hombre-abajo. Misceláneas, juguetes, comida, aseo.
Los bultos son subidos en cadenas humanas, donde la mayor soy yo y los demás pueden ser mis hijos todos. Afuera muchas mujeres laboriosas continúan la faena.
Llega una abuela con su bulto. Todos acudimos a recibirla, pero ella necesita describir una a una las piezas.
“Un momento”, me dice. “Mira, estos son los uniformes de mis nietos que ya crecieron y yo los guardaba con tanto cariño, y estas las cucharas de cocinar, y unos sartenes. Y acá, esto es arroz integral. Mi hija trabaja en Bélgica y me dijo mamá lleva todo lo que puedas. Yo estoy tan emocionada al ver esto. No sabía a dónde llevar las cosas, fui a la FMC del barrio y terminé aquí. Yo vengo desde el Casino Deportivo”.
Ahí aprovecho y le comento de un caso afectado en el Reparto Martí, de una abuela con su hija madre soltera y un bebé, que quedaron desprovistos, al inicio del tornado cerca del río.
“No se preocupe, yo voy a recoger cositas en el barrio”, responde. Subo. Arriba es otra experiencia, trabajan con las listas de los afectados por un censo que los mismos hacen -desde el martes- y llevan en los camiones de la producción, hasta las personas, con nombres y apellidos, atendiendo a la necesidad específica. Abrigos, ropas por género, toallas sanitarias, sábanas, un módulo de comida, agua, etc. “¿Y esta familia?”. “Esa familia solo pidió una silla de ruedas. El número 12 aún está vacío”.
Pasan las cinco de la tarde, los habituales ya están desfallecidos. Algunos tienen que seguir trabajando esta noche en espectáculos para la recaudación de fondos. ¿Y qué diferencia este gesto solidario de otros? “El 3G, me comentan. Ahora todos estamos comunicados. Hasta sabemos por dónde van los camiones y si hay alguna nueva precariedad entre los damnificados”.
Casi al partir, clasifico un bultico de juguetes. Desde dentro asoma una carita, es un títere hecho en una casa cubana con el rostro de Elpidio Valdés, confeccionado con papier-maché. Todo el mundo lo identifica y sonríe.
-Y ustedes, ¿son habituales aquí, habían venido a la FAC?, pregunto al grupo de personas que acaba de venir de Regla, impactadas por el desastre. Fueron
a llevar la ayuda.
-Sí -me contestan- pero no de día.