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Desacuerdos concordantes

Trump y Kim se saludan en Singapur. Foto: Saul Loeba/ AFP.

Con la teoría del vaso medio lleno o a medio llenar, si bien comodín idóneo para el caso, no se dilucida nada apropiado sobre el resultado de la cumbre entre Kim Jong-un y Donald Trump. Como quiera se enfoque y le guste o le pese a quien sea, es un hecho extraordinario y como todo lo excepcional, se debe tener poner en su sitio y someterlo a observación.

Un primer síntoma proviene del empuje que tienen las dos coreas, donde sí hay un fortísimo empeño por llegar a propicios arreglos. La suspendida reunión de generales de los dos lados (no van a conversar sobre fútbol, desde luego) se desarrolla en este momento y el cese de los ejercicios conjuntos norteamericano-surcoreanos, como divulgó el propio Trump, era punto seguro añadido a la agenda de los altos oficiales en un sitio de Panmunjon. Los conservadores surcoreanos, desde luego, pintan con grotescos tintes cualquier horizonte común, pero debe imponerse el amor por las ganancias.

Del otro lado, no imposible pero sí poco probable, el mandatario estadounidense no debe echarse atrás en esta ocasión en lo referido a no darle curso a los ejercicios militares en la zona. Sería un descrédito enorme y va contra su modo de apreciar las situaciones. A esta la calificó de buen negocio y de eso sí sabe. Para Trump los juegos de guerra son muy caros y, según sus palabras, ofensivos. Esta vez hay que estar de acuerdo con él.

Del anecdotario, en muchas oportunidades más imaginativo que real, es posible, de todos modos, sacar algunos hitos para el análisis. Un dato afirma que John Bolton estuvo en la reunión entre los dos jefes de estado pero fuera del perímetro visual del presidente norcoreano. ¿El motivo? Aparte del socorrido tópico del asesor de seguridad norteamericano sobre darle a Corea trato similar al de Libia, en una conferencia el pasado año dijo: “Una reunión entre Trump y Kim es útil solo porque inevitablemente fallaría, y luego EE.UU. podría moverse rápidamente a la siguiente fase, presumiblemente una confrontación militar”. ¿Mal cálculo del extremista o acomodo de una política?

No se pueden dejar fuera del tablero situaciones sui géneris. Lo que está fraguándose –si tiene buen desarrollo- llevaría a una realidad destacable: Norcorea se arriesga de modo excepcional al despojarse de su capacidad nuclear autóctona.

Antes que tal ocurra deben sucederse muchos acontecimientos y todos dependen de la continencia y seriedad del gobierno norteamericano y si le secundan o no los círculos del poder real. Gran parte de los demócratas se oponen a un acuerdo con la RPDC, sobre todo por cuanto ellos no exploraron suficientemente esa opción y quedan mal. Los republicanos, como se sabe, mastican a Trump pero les cuesta tragárselo y se les hace muy difícil en asuntos de tanta envergadura.

A reserva de muchísimos claroscuros y de la imprevisibilidad característica del actual morador de la Casa Blanca, parece que el joven jefe de estado norcoreano sorprendió, en positivo, a su par estadounidense. Su interlocutor en Singapur fue una persona muy diferente al retrato de los grandes medios informativos, forzados por las circunstancias a calificarle ahora de buen negociador y no pasar por alto el desenfado con la cual se paseó ante el ojo escrutador de un mundo prejuiciado.

Pese a lo difícil de librarse del tufillo a azufre cuando se mete a alguien en el infierno, algunos renombrados centros de inteligencia occidental, admiten que Kim es muy tenaz y lo demostró concluyendo con éxito el programa nuclear y coheteril, mientras impulsaba incentivos a la economía, propósito del cual ya existen algunos índices alentadores, en un país que pese a cuanto se diga o defectos tenga, cuenta con niveles de atención social envidiables.

Entre los diversos enfoques sobre lo ocurrido o  por venir, se abre paso lo insólito de suprimir las capacidades de defensa atómica, incluyendo el uranio enriquecido con que cuentan. Solo Sudáfrica, -recuerda un forista de Cubadebate-, lo hizo con anterioridad y bajo otras circunstancias.

En EE.UU. los oponentes al paso dado afirman que se promete mucho a cambio de menos. La insensatez no es patrimonio impar del jefe de estado, obviamente.

Aparte de los gestos norcoreanos previos  (cese unilateral de pruebas atómicas y misilísticas, entrega de prisioneros, destrucción del principal polígono de pruebas) tras la cumbre se suma, según lo expuesto por el mismo Trump, la anulación de una fábrica donde se producen motores del programa en cuestión y, aparte, la entrega de prisioneros y restos de los soldados caídos en la guerra de los años 50.

El compromiso de hacerlo es superior a las hipotéticas ventajas que la contraparte piensa otorgar a cambio. El Pentágono tiene bases coheteriles (los discutidos TAAD, con capacidad para alcanzar territorio chino o ruso) y cerca de 30 mil soldados en surcorea (totaliza unos 80 mil efectivos si se añaden los que tiene en Japón). Incluso si renuncian a esa fuerza, cuanto desmantela la RPDC es superior.

Entre las incógnitas está comprobar si Estados Unidos dejó parte de las instalaciones nucleares que tuvo en Corea del Sur. Algunos suponen que se llevaron solo las bombas, paseadas de modo irresponsable, además, también por las bases niponas en submarinos y otras naves en diferentes momentos.

Entre los estimados pesimistas se plantea que Washington teme a la reunificación de la Península. Es posible por cuanto pierde una posición estratégica. En Seúl las autoridades ven con fe cuanto pudiera lograrse unidos, separados o en alguna combinación confederada. Cálculos a no desestimar aseguran que fusionando capacidades, los coreanos serán un referente económico interesante. Tienen recursos naturales de importancia (sobre todo el Norte) y a lo nuclear no se llega con tecnología muy atrasada ¿no?

Aparte de apreciaciones algo fuera de foco (cambiar la mentalidad es muuuuy duro) y de intereses siempre en pugna, mal valorar el resultado de este primer esfuerzo de cordura, es simplista y/o erróneo.

Tampoco vale la confianza excesiva con personajes tan incorrectos, rodeando a quien por sí solo, es capaz de no dejar un cristal sano. El tema, como todos, pero como ningún otro, exige un imprescindible.

Continuará…