Reynaldo Miravalles y José María Vitier. Foto: Página en Facebook de José María Vitier.
Cuba acaba de perder a uno de sus más grandes actores de todos los tiempos. Sin ser yo el más adecuado para describir sus méritos, tengo que decir que guardo entre mis más preciados orgullos el haber compartido con el en varias producciones y disfrutado y aprendido tanto de sus personajes como de su persona.
Lo conocí en la época de los seriales de TV ("En Silencio ha tenido que ser", "Julito, el pescador", "El Regreso de David"), cuando encarnaba con excelencia e incluso, con humor, al "malo" de la película. Muchas veces lo escuché ponderar las ventajas de ser "el malo", para calar en ánimo de espectador. Incluso una vez me confesó: "En una película, si no te dan el personaje del héroe, trata de ser el que mata al héroe". Asi lo había comprobado en "El Hombre de Maisinicú" con su inolvidable Cheíto León.
Luego compartimos en "Mascaró" de Rapi Diego, donde nos dejó una extraordinaria interpretación del "Principe Patagón", logrando el difícil equilibrio entre la ironía, la teatralidad y la humanidad de ese personaje que le valió el Premio Coral de Actuación en el Festival de Cine Latinoamericana de La Habana en 1991.
Por último, tuve el inmenso honor de trabajar la música para "Esther en alguna parte", de Gerardo Chillona, sobre la novela homónima de Lichi Diego (2013). Esta, su última película, y según nos dijo, el personaje mejor escrito que había interpretado, fue para Reynaldo (quizás el lo sabía) su despedida de su amado público cubano y ahí quedó para la historia una encarnación perfecta del personaje de Lino Catalá. Una clase magistral de actuación y una expresión entrañable de sinceridad artística y cubanía.
Aquí terminan mis recuerdos. Aquí empieza mi gratitud.
(Tomado de la página en Facebook de José María Vitier)