¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza?[i]
Tuve el placer de disfrutar de la amistad de un jurista y diplomático cubano nombrado Miguel Alfonso Martínez a quien escuché la más enjundiosa explicación que sobre la propiedad haya oído, y la hizo en referencia al diferendo provocado por la reclamación de propiedades de varios países a Cuba. Era la década de los 90. Las enseñanzas fueron varias; las posesiones van desde un peine hasta enormes conglomerados de dominios u objetos, para comenzar y cumplen condiciones. ¿Qué hacer con ella(s) entonces?
La propiedad es el poder directo e inmediato sobre un objeto o bien y su titular tiene la capacidad de disponer de ella, sin más limitaciones que las que imponga la ley. Es un derecho que implica el ejercicio de las facultades jurídicas más amplias que se conceda sobre un bien; y ese objeto de derecho puede estar constituido por todos los bienes susceptibles de apropiación. Las propiedades tienen que cumplir tres condiciones: servir para algo, que las cantidades sean limitadas y que lo tenga u ocupe alguien; el ius utend(uso), ius fruendi(goce) y el ius abutendi(disfrute).
Sobre estas cosas versa un libro Los propietarios de Cuba que ha sido varias veces reseñado y por consiguiente objeto de la atención de los medios desde su primera edición en nuestro país, por el 2006. ¿Por qué volver sobre el libro? Pues porque el libro es bueno, está bien escrito y es útil, precisamente.
Su autor, Guillermo Jiménez Soler, nació en La Habana, el 22 de agosto de 1936, estudió en los Escolapios[ii] de Guanabacoa, comenzó en la otrora Escuela de Periodismo Manuel Márquez Sterling a estudiar el oficio, pero nunca terminó y se graduó de Derecho e Historia por la Universidad de La Habana. Participó en la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista y fue fundador del Directorio Estudiantil, miembro de su Ejecutivo Nacional desde abril de 1957, después del valeroso asalto al Palacio Presidencial en abril de 1957, fue su delegado, hasta finales de ese año. Fue fundador y organizador del Frente del Escambray. Fue Comandante del Ejército Rebelde y entre otros desempeños, ocupó diversos cargos en los ministerios de las Fuerzas Armadas Revolucionarias, del Interior, de Relaciones Exteriores y al Banco Nacional de Cuba. Dirigió el periódico Combate, órgano del Directorio; y administró una fábrica de la Empresa de Jabonería y Perfumería durante más de 10 años. Ostenta varias condecoraciones y reconocimientos de diversas instituciones. Es colaborador de política y economía internacional del diario Granma Internacional. Ha publicado Las Empresas de Cuba 1958, con varias ediciones en los Estados Unidos y Cuba. Con Los propietarios…, Guillermo Jiménez, obtuvo el Premio de la Crítica del año 2007.
Cuando se camina por la Habana Vieja, Centro Habana y otros lugares de la capital, poblados de algunas provincias, todavía se pueden encontrar los vetustos letreros borrados por el tiempo. Deslumbrantes destellos que muestran moda y poder, posesiones, propiedades. Pero Cuba cambió y la consulta de este texto muestra un mundo o una sección de este, que es verso y reverso a la vez de la sociedad que refleja el libro.
En sus 704 páginas, puede seguirse como cala de un espectáculo inquietante, al menos para mí, como acercamiento a una sociedad que nos enseña sus vericuetos, las alianzas y fusiones –reales o ficticias, por aquello de que encontraremos de todo en la viña del Señor- de poderes. La visión de su contrario, por lógica ausencia, de la pobreza, de las precariedades y la lógica de una sociedad con un mercado aún no globalizado donde se ve, por encima de todo, el éxito individual.
El autor nos muestra el mundo de las finanzas y del empresariado cubano del momento; el bienestar, el poder y la realidad de un país en el que las grandes riquezas estaban concentradas en las manos de más o menos medio millar de personas, y como Jiménez enseña en su texto, no son todos los que eran, pero los que aparecen, eran.
Para Jorge Ibarra[iii] —se incluye en la edición las palabras de presentación del libro— el "atinado" cambio que introduce Jiménez Soler en el título a la edición de 2008, el cambio de la preposición en por de, anula todo empeño de "objetivación" o neutralidad del autor a la constante ideológica. Una gran compilación, organizada en forma prescriptiva con 550 fichas ordenadas alfabéticamente que nos enseña a los más destacados de la burguesía cubana justo en el momento antes del triunfo de la Revolución.
Para el prologuista del texto, Oscar Zanetti[iv], este texto puede calificarse decididamente dentro de un género, el diccionario biográfico, que tiene varios antecedentes en nuestro país. Desde el clásico repertorio de Francisco Calcagno[v], hasta nuestros días se han realizado en Cuba diversos libros de este tipo…, pero su originalidad radica no en el género sino en su asunto, porque rara vez en los textos publicados se han tocado el mundo de los negocios. Tal ausencia se hace muy sensible pues tenían, en su gran mayoría, grandes influencias en el mundo de la política de Cuba.[vi]
Al leer Los propietarios… descubrimos interesantes datos, había 102 extranjeros que clasifican como los propietarios de…, el resto son cubanos; y el mayor era un venezolano, Julio Lobo Olavarría -una placa lo recuerda en La Habana-. Esta persona aparece como teniente de 16 centrales azucareros, una corredora de azúcar, 22 almacenes de azúcar, una agencia de radiocomunicaciones, un banco, una naviera, una aerolínea, una aseguradora y una petrolera. Fue el principal empresario del mundo azucarero de la época y una indiscutible autoridad internacional en ese sector.[vii]
Por otra parte, están personajes en los que queda claro que se enriquecieron y acumularon propiedades súbitamente y de manera ilícita, el caso de Fulgencio Batista Zaldívar es el más diáfano; poseía 9 centrales azucareros, un banco, tres aerolíneas, una papelera, una empresa contratista, una empresa transportista por carretera, una productora de gas, dos moteles, varias emisoras de radio, una televisora, periódicos, revistas, una fábrica de materiales de construcción, una naviera, un centro turístico, varios inmuebles urbanos y rurales, varias colonias y varias firmas norteamericanas, pues en el entramado de pertenencias utilizaba el nombre de amigos, familiares, socios y de testaferros o presta nombres; y muchas de sus posesiones no aparecían inscriptas con su nombre[viii]. Usó la política de financiamiento y concesiones de la banca del Estado para apropiarse, cobrar concesiones y obtener elevadas sumas de dinero directamente o a través de otros y malversar, cometer cohecho e imponer “multas” a los empresarios que beneficiaba. Batista utilizó el poder para poseer intereses en casi todas las empresas que consideró importantes o en planes de desarrollo en el país.[ix]
La vida era, para ellos, un mercado donde comprar honores, voluntades, conciencias, donde la amistad no existe, sino su ilusión; porque cambia, se aleja y desaparece con los giros de la situación. Amigos eran entonces quienes disfrutaban de “la ventura y la calma”, y para ese segmento en busca del éxito, la amistad estaba hecha solo en la medida del ascenso.
Me asalta una interrogante; ¿cuáles serán las reacciones de los más jóvenes al leer este texto? Esto no es ficción, no hay en el mismo la confusión de la historia con la novela. Este libro describe quién tenía la propiedad de un país y determinaba la economía, la política y los asuntos jurídicos y judiciales de su espacio geográfico.
¿Es la propiedad mala en sí? Recuerdo aquello de, si se utiliza para el mal…, incluso los medicamentos…
El trabajo, del que resulta este libro, fue de varios, muchos años, y aglutina una innumerable cantidad de fuentes y material bibliográfico, que hacen de esta ardua labor de investigación de Jiménez Soler, una confluencia de información y conocimiento que hasta el momento se encontraba muy disperso.
Creo que cada generación tiene que tomar su propio camino, tratar de dejarlo “caminado” o adelantado o desbrozado de escollos no cumple con las expectativas. En nuestros días existen muchos retos pero “…hay un reto interno, propio de la psicología, que es exactamente el desafío de rediseñarse en las nuevas condiciones sociales, ante la aparición de los nuevos modos de vida en el país”. [x] Es una realidad que está frente a nuestros ojos y hay que asumirla.
El meollo del asunto continúa siendo la justicia social, y que se esté en función de los intereses de la mayoría, lo cual es imprescindible para consolidar todo lo anterior y para que las nuevas generaciones encaucen sus esperanzas y proyectos en consonancia con su país al ser capaz la Revolución de satisfacerle todas sus expectativas.
Toda concentración de propiedades debe estar regulada por la ley, y fuera de la ley, nada ni nadie puede actuar ni hacer nada. Nadie puede tampoco usar un bien público para enriquecerse, por esa razón, todo aquel que use un bien público tiene que estar listo a responder las preguntas, cualesquiera que le haga un ciudadano, subordinado, ariente o pariente.
En un reciente artículo del profesor y amigo Guillermo Rodríguez Rivera leí: “Medité mucho no por qué cayó el socialismo, sino por qué –en un país donde no había propiedad privada desde décadas atrás– aparecieron de pronto millonarios que marcaban los destinos del estado y, sobre todo, por qué nadie –ni un militante del partido, ni un komsomol, ni un stajanovista, ni un poeta, ni un recordista olímpico, ni un gran maestro de ajedrez, ni un secretario ideológico del PCUS, nadie– se opuso al desastre que sobrevino con Boris Yeltsin. ¿Saben por qué? Porque era un pueblo enseñado a obedecer, a aceptar sin pensar lo que disponían los niveles superiores. Cuando el nivel superior dijo: “Se acabó el socialismo”, eso era ley, eso no se pensaba. Los dirigentes se repartieron la riqueza creada por más de 70 años de trabajo del pueblo soviético”.[xi]
La fórmula para regular la riqueza no existe, el empleo de la misma, el resultante, es lo que hay que regular, lo adquirido con el resultado del trabajo no es ni será un problema nunca, porque sin explotar al hombre y sin apropiarse de algo indebido, la acumulación de propiedades será siempre limitada.
Pienso también, que no debería estar sujeto a control el resultante de una riqueza generada y obtenida como resultado del trabajo, máxime si existe un reconocimiento legal y siempre que se cumpla con las contribuciones tributarias pertinentes. Pero ojo, no hay que dejarse engañar por eufemismos, la palabra “mercado” se ha convertido en un cuasi sinónimo de capitalismo, para eludir pronunciarla precisamente por la connotación negativa que tiene.
En el reciente VII congreso del Partido Comunista de Cuba, el titular de Economía y Planificación de Cuba explicó que hay que entender como mecanismo jurídico, el Decreto-Ley 300 y señalando al respecto, Marino Murillo, refiriéndose al tema y al campesino o usufructuario de las tierras, como teniente de propiedad dijo: "El dinero que gane y la riqueza que acumulen por el resultado de la venta de sus producciones, eso no es lo que hay que regular, ni ponerle límites; todo lo contrario hay que reconocérselo, porque ese dinero adquirido es fruto de su trabajo y si con él se compra dos automóviles, construye una nueva casa, tienen derecho hacerlo, pero lo que si nunca tendrá más de 67 hectáreas, ese es el límite que regula el Decreto-Ley 300"[xii].Lo que hay que controlar es el latifundismo y la explotación.
Los países regulan con leyes para que no sea posible la convivencia de los polos opuestos, no es justa ni propia la coexistencia de la opulencia más deslumbrante con la miseria, y no me refiero solamente a su variante más absoluta.
En los cambios y movimientos en el andar hacia adelante en la Historia, en el que hay que ver al socialismo como una evolución de la conciencia humana, están incluidos los lógicos y previsibles retrocesos, que son propios de todo lo que resulta existencia, es obvio que aparecerán cosas “nuevas” e incluso que se revivan experiencias. Al caminar por La Habana de estos días, hay lugares, incluso históricos, que exhiben una nueva cara, tras ella hay una nueva imagen o gestión, los hay con glamour y de resaltada belleza. En algunos se esconde y solapa la “nostalgia” de la expresión más vívida de la propiedad, el dinero; la misma nostalgia que está lejos, a veces muy, de las preocupaciones cotidianas de la mayoría de los ciudadanos que recorren el camino del diario vivir en la ciudad.
Conozco a personas que sin ser deslumbrantes poseedores de propiedades y de su expresión más mostrable, ayudan y contribuyen a que la sociedad y este país, sus barrios y sus gentes vivan un poquito más felices y realicen algunos de sus sueños. Contribuyen, como pueden, a cuanto proyecto musical aparezca en favor de los más jóvenes, proporcionan camas para personas enfermas, andan de trotamundos y dan conciertos en lugares de difícil vivir, se empeñan en la defensa de ríos; visitan hospitales para brindar su arte a los enfermos, llegan a oficinas públicas donde hay calor y compran los ventiladores que encuentran disponibles y los donan a la misma. Ayudan a niños sin amparo de una pequeña escuela y les proporcionan ropas, a veces hasta comida, computadoras y por sobre todo, cariño; se llevan a esos muchachos para sus casas e involucran a su vez a todos los amigos que se acercan, porque con su bondad y altruismo, estos gestos hacen que nos desprendamos del egoísmo propio del ser humano y seamos mejores ciudadanos y habitantes de esta Isla.
¿Son cosas que no se ven? Que una golondrina no hace verano. Eso es “casi” cierto; pero hay que pensar que si existieron cambios y procesos en Cuba después de 1959, fue para que fuéramos mejores seres humanos e hiciéramos más por el “otro”.
Nadie hace estas cosas para que los vean ni para que se “divulguen” ni para recibir o sentir reconocimiento social, quienes utilicen “las propiedades” o su expresión en dinero para hacer ayudar son ciudadanos igual que los demás, pero distintos.
Leí algo recientemente que comparto: las circunstancias no deben nunca esfumar ni la piedad ni los sueños.
¿Qué hacer con las propiedades? Pues cada uno puede hacer lo que le da su gana. Pero las ganancias derivadas de algo deben, en cualquier lugar del mundo, contribuir a que ese mundo sea un mejor lugar para vivir. Nadie tiene el derecho de ser tan pobre para tener que venderse ni tan rico como para poder comprar a alguien, reza una axioma que no recuerdo de quien es.
También una verdad enorme; al final y al inicio, por más propietario que se haya sido o se sea y que incluso se aspire a ser: “Igual, al final todos seremos polvo”.
Notas
[i] Jorge Luis Borges
[ii]Orden religiosa fundada para dar educación a los niños pobres.
[iii]Historiador y abogado cubano con una amplia trayectoria.
[iv]Historiador cubano.
[v] Nació en Guines y murió en Barcelona (1827-1903). Fue un intelectual cubano, políglota y abolicionista.
[vi]Ver pág. XIII de Los propietarios de Cuba, Editorial Ciencias Sociales, 704 págs. La Habana, 2006
[vii] Ver pág. 317, IDEM
[viii] Ver pág. 64, IDEM
[ix]Verhttp://www.juventudrebelde.cu/columnas/lectura/2007-06-17/propietarios-ii-y-final/
[x] Ver Fariñas Acosta, Lisandra: El bienestar humano como prioridad, Granma pág 3. Jueves 12 de mayo del 2016.
[xi] Ver http://segundacita.blogspot.com/
[xii] Cita tomada de la TV cubana.