¿Tarea o carrera?

Qué sucede si una eminencia en una disciplina del conocimiento dada, es designado para dirigir un ministerio, o una organización superior económica, o una gran empresa o institución no empresarial, en la que tiene que gestionar y dirigir personas y con personas, gestionar y dirigir procesos científicos, tecnológicos, productivos, artísticos, de servicios, comerciales, logísticos…

¿Ganamos o perdemos?, si un eminente economista es designado ministro de economía o de finanzas, o director general de un OSDE o de una Empresa; si un eminente científico se designa como ministro o viceministro de ciencia o director de una entidad científica compleja; si un eminente médico es designado ministro o viceministro de salud o director general de un gran hospital; si un eminente intelectual: escritor, dramaturgo, músico, pintor, cineasta, es designado como ministro de cultura, o presidente de una organización prominente del arte.

En nuestro país existen ejemplos concretos que seguramente muchos tendrán ahora en mente. Yo los tengo, pero prefiero no mencionarlos para evitar que la personalización introduzca ruidos en el mensaje que nace como siempre de mi interés en mejorar nuestra Revolución y no de socavarla.

No quiero caer en el caso de los Directores Técnicos de los equipos de pelota, pero vale la analogía. Pregunto: ¿Son los mejores jugadores la cantera ideal para la preparación y selección de los DT?

Seguramente esta crucial temática, la de los cuadros y su política, será abordada por nuestro próximo VII Congreso del Partido Comunista de Cuba, profundizando en diferentes aristas tales como la formación, selección, evaluación, movimiento de los cuadros y su reserva.

Cualquier objetivo superior, no tiene recetas válidas ni soluciones únicas, pero sí principios, verdades y reglas con una alta probabilidad de éxito. Es algo de los que nos dijo Fidel en su concepto de Revolución: “No mentir jamás ni violar principios éticos”.

Evidentemente es un tema polémico y por tanto idóneo para CUBADEBATE.

Veamos el marco conceptual elemental.

Alto dirigente: nos referimos a quienes ocupen altos cargos de dirección, ya sean ministros, viceministros, directores generales o presidentes de organismos superiores de dirección económica o de grandes empresas, de instituciones científicas o artísticas relevantes, etc.

Eminencia: profesional muy destacado en un campo del saber, reconocido por la comunidad del conocimiento nacional e internacional, por sus aportes teóricos y prácticos, por sus resultados relevantes.

Designación: debe responder a un análisis de más de un candidato, en que una comisión propone y la persona facultada decide. Se debe tener en cuenta la disposición consciente y la preparación de los candidatos.

Voluntariedad: se respeta la decisión del candidato, evitando presionar más allá de ciertos límites.

Como los entendidos en esta materia saben, el asunto es mucho más abarcador de lo que estoy conceptuando, pero haría demasiado largo el escrito, por tanto lo dejo en el ámbito explicado.

En mi modesto entender debemos partir de reconocer que la dirección en la administración pública o la empresarial no es una tarea, es una carrera profesional que necesita ser valorada y tratada como tal. Para formar a un dirigente gubernamental o empresarial, no son suficiente acciones de capacitación de 300 o 600 horas; la dirección es ciencia y necesita un plan de carrera bien concebido, organizado y ejecutado a mediano plazo. Mi colega profesor Dr. C. Ricardo Machado ha insistido en este asunto.

El dirigente tiene que enfrentarse a los procesos básicos de planificación, mando, organización y control. Requiere dominar no menos de 10 habilidades directivas esenciales; también dominar lo que se hace en el mundo alrededor del objeto de su dirección; requiere el principio de aprender del otro, sobre todo de los más avanzados. No es casual, que Fidel siempre aplicó la iniciativa de que fueran visitados los países e instituciones de avanzada para proyectar instituciones y formar dirigentes en Cuba.

Recuerdo aquella jocosidad del Che, cuando dijo que aceptó el cargo de Presidente del Banco Nacional de Cuba, porque entendió que Fidel había dicho que se necesitaba un comunista y no un economista. Claro que tanto en ese cargo como en el siguiente de Ministro de Industria, realizó un intensivo plan de carrera a la medida, de los que algunos compañeros de entonces o seguidores, afortunadamente han escrito. Nadie pone en duda que el Che era un hombre de inteligencia superior, con una voluntad muy pulida y una vocación de justicia social infinita.

También recuerdo a un eminente médico que durante varios años fue Vicerrector de docencia en la entonces mega Universidad de La Habana. Jamás abandonó sus consultas e intervenciones quirúrgicas, en una parte de la anatomía humana muy pequeña, pero de alta sensibilidad para el paciente. Él con indiscutible talento y sabiduría, su dedo índice jorobado, y su fina ironía inspiraba respeto.

Suelen producirse conflictos de intereses, y de conciencia.

Los conflictos de intereses son fuertes. Para un científico de pura cepa abandonar el laboratorio en que investiga, para un profesor eminente dejar el aula cotidiana, para un médico dejar la consulta, las interconsultas y las operaciones, es algo muy duro. Algunos se mantienen en tareas de la profesión básica, generalmente para tenerla como fuente nutricia o simplemente por la convicción de que los cargos de dirección son perecederos, mientras que la profesión básica casi siempre termina con la muerte. Sabemos que la dirección administrativa-o la gerencia para actualizar la terminología-, suele resultar ingrata y siempre es compleja.

También se presentan los conflictos de conciencia entre la pertinencia de las decisiones científicas y las decisiones administrativas o gerenciales no siempre alineadas. En pura y rancia teoría, un buen sistema organizacional debe tener bien alineados los diferentes subsistemas, de manera que las decisiones correctas en uno de ellos promueven sinergia, es decir benefician el resultado general e integral.

Un sabio de la antigua Grecia decía que “el poder desnuda al hombre”, y alguien añadió y “el poder absoluto lo desnuda absolutamente”. Esto lleva a que personas, hombre o mujer, que en su oficio profesional son colaborativos y tienen gran capacidad de escuchar, cuando asumen tareas de dirección se transforman para mal. En esos casos no ganamos a un buen dirigente y podemos haber dañado a un excelente especialista.

Por tanto hay otro componente del buen dirigente que va más allá de los conocimientos y las habilidades directivas adquiridas y ejercitadas. Nos referimos a los valores morales y éticos. La honestidad, la solidaridad, la modestia, la valentía, la vocación de servicio público, la audacia, la ejemplaridad están entre otras virtudes que el dirigente debe sentir y practicar.

Las conclusiones que debemos sacar no han de ser apocalípticas, ni fatalmente negativas, lo que pienso, planteo y propongo es que debemos analizar a profundidad el asunto, que tengamos en cuenta las características propias de cada cargo y de cada ser humano, que evitemos la generalización de supuestas buenas prácticas, que trabajemos a mediano y largo plazo. También se hace indispensable una mayor y mejor utilización de la Estadística Matemática, como herramienta para apreciar la causa de lo sucedido-bueno o malo-, y para inferir lo que podría suceder.

Seguramente los foristas abordarán otras aristas omitidas por mí, ya sean las que me propuse no tratar, o las que mis conocimientos o capacidad de análisis me impidieron divisar.

Lo importante es que de manera culta continuemos intercambiado informaciones y criterios para llegar a las mejores conclusiones.