El amigo de México

Años atrás, cuando el Café Cantante del Teatro Nacional de Cuba era una maravilla donde se podía escuchar trova, rock y jazz nacional de primera línea, era frecuente que lo visitara, porque, además, estaba cerca de donde residía por entonces y eso hacía que pudiera ir caminando. Habitualmente me sentaba en la barra con algún amigo, me tomaba un par de tragos, y me entregaba por entero al disfrute de una música que me es afín.

Después de regresar de una extensa y muy publicitada gira por México, le pedí a mi amigo Arsenio Jiménez, hoy productor radial, que me acompañara. El grupo Síntesis tocaría esa noche y no quería perdérmelo por nada del mundo. Siempre he sido un admirador de su trabajo.

Repetí el ritual de siempre: barra, dos tragos —en esa ocasión, cuatro, porque estaba Arsenito— pero antes de que comenzara la presentación de Síntesis se me acercó sonriente un hombre de mediana edad, a quien no había visto en mi vida, acompañado de una mujer un poco más joven y con cara de pocos amigos. El diálogo que sostuvimos fue alucinante:

“¡Eh, Amaury, mira, te presento a mi esposa de la que tanto te he hablado!”. Mientras el tipo me abrazaba eufórico, yo me preguntaba: ¿de dónde conozco a este hombre? Pero mi cerebro evidentemente no lo registraba. El hombre añadió: “¡Mira que la pasamos bien en México, socio, tremendo éxito el tuyo! La verdad es que esa gira contigo fue maravillosa, debió extenderse unas semanas más pero no me hiciste caso”. Yo miraba a Arsenio con los ojos muy abiertos mientras él me hacía señas para que le siguiera la corriente, pues parecía ser otro loco de estación. Mi expresión era de tal sorpresa que la muchacha que lo acompañaba, su esposa, según me había dicho repito, ya nos miraba preocupada a los tres.

Ahí fue que lo comprendí todo, o casi. Especulé, para mis adentros, que aquel sujeto, leyendo en la prensa lo de mi gira, se tomó unos días de respiro conyugal, se fue con algún otro “amor” y se le ocurrió la “original” idea de decirle a su señora que estaba de gira conmigo. Decidí acompañarlo en su simulación para apaciguar la tromba marina que se avecinaba, porque ya la dama se movía intranquila. Le pregunté en tono de confianza: “¿Y ya le contaste de aquel día que fuimos al cine Diana en DF, la capital mexicana?”.

El tipo se tensó y mirándome huraño me disparó a quemarropa: “¡Coño, Amaury, qué mentiroso eres brother, nosotros jamás fuimos al cine juntos en México!”, y acto seguido dio media vuelta y nos dejó con la boca abierta y el asombro a flor de piel. Le pregunté a Arsenito: “¿Qué le pasó a este tipo mi hermano?”. Y él, con elocuencia, empinándose el segundo trago, respondió: “¡Ná, Amaury, a ese socito solo le gustan sus mentiras, no las tuyas!”.

Estuvimos riéndonos y comentando el absurdo incidente hasta que el grupo Síntesis comenzó a sonar. Nos los volvimos a encontrar a la salida en estado de embeleso. Él se volteo hacía nosotros, nos guiñó un ojo y levantó el pulgar triunfador.

En Video, "Olvídame, muchacha", de Amaury Pérez