Ivancito, más conocido como…

Una noche mi hija me arrastró a un concierto de música electrónica. Ya los huesos no dan para mover mi estructura anatómica como hace años, así que me dediqué en una esquina de los Jardines de la Tropical a mirar cómo adolescentes y jóvenes disfrutaban los acordes que salían de una computadora, preparada de antemano por un DJ. El joven que hacía enardecer a la multitud es conocido como DJ Lejardi.

Con gafas negras y una seria expresión en el rostro, Lejardi levantaba un brazo para estimular a los bailadores. Algo diferenciaba a los sonidos que salían de los amplificadores. No eran como los que uno acostumbra a escuchar en otros lugares dedicados a animar la danza. En el fondo de esa música se sentía lo cubano. No estoy exagerando. Y quien estaba produciendo esa maravilla era un joven, a quien no conocía personalmente, hasta que mi esposa me explicó quién era.

Hace casi veinte años que ella conoce a Iván Lejardi. Por supuesto, en aquel momento, y hasta ahora, le llamaba Ivancito. Resulta que un día, ya crecido, se marchó a Santa Clara a estudiar Artes Plásticas. Y con esa misma pasión, se adentró en el espacio de la música electrónica. No por gusto escuchar sus obras nos hace recordar dibujos no tan abstractos como pudiera creerse. En su producción se fusiona la mentalidad del artista plástico con la del músico.

Hace ya un año del momento en que fuimos formalmente presentados. Estaba Lejardi emocionado con un proyecto que el Laboratorio Nacional de Música Electroacústica, al cual pertenece, se encontraba impulsando para la realización de grandes conciertos con la participación de los más reconocidos DJs internacionales. Ivancito me nombraba a sus ídolos, y me obligaba después a preguntarle a mi hija por ellos y a escuchar su música.

Ese proyecto aún no ha fructificado. Pero Lejardi y Enmanuel Blanco (Director del Laboratorio) siguen confiando en su feliz realización. Siempre defendiendo el papel de la institución, ambos no pierden tiempo cuando llegan nuevas noticias sobre los avances alcanzados en el largo camino que siempre existe cuando de plasmar sueños se trata. Lejardi discute, argumenta, y su prestigio hace que encuentre los oídos receptivos que tanto uno necesita cuando se presenta una idea renovadora.

Realmente me alegra ver cómo un artista que arrastra a miles de jóvenes se comporta de una manera tan modesta y franca en sus relaciones con los demás. No lo veremos nunca alardeando de sus éxitos ni desdeñando a nadie que se le acerca. Tampoco se guarda los secretos de su arte; los transmite en cursos periódicos que organiza a través del Laboratorio. Y mientras aguarda por compartir escenario con sus colegas de otras latitudes, continúa estudiando para no quedarse atrás en lo que tan bien hace.

Ahora anda feliz con las buenas nuevas de su participación en un próximo concierto el primer domingo de marzo donde participarán representantes de la élite de la música electrónica mundial. Fue una noticia inesperada, pero bien recibida. Conozco que está trabajando fuertemente para los quince minutos que le fueran asignados a cada uno de los 4 Djs cubanos seleccionados por los organizadores.

Y mientras eso ocurre, sigue soñando con el proyecto que arrancó hace un año. Está convencido de que no solo permitirá el acercamiento del público cubano con lo mejor de la música electrónica mundial, sino que también le brindará a los mejores representantes de la Isla la proyección internacional que siempre se necesita cuando de una carrera artística se trata.

Ivancito sueña. Y yo estoy convencido de que, más pronto que lo que se pueda imaginar, las plazas donde se presentan los más afamados productores de música electrónica se colmarán también cuando se anuncie: “De Cuba: DJ Lejardi”. Se lo merece.