El embajador alterno de EE.UU. ante Naciones Unidas, Richard Godard , se equivocó al decir que no había nada nuevo en el documento votado en 2015. A diferencia del año precedente, se mencionan los primeros pasos en la normalización de las relaciones, incluyendo una valoración del alcance real de las medidas adoptadas por el gobierno estadounidense y las acciones de desbloqueo que Obama tiene a mano, sin necesidad de esperar por el Congreso.
Godard también se equivocó al decir que “el texto se queda corto (a la hora) de reflejar las importantes medidas que se han tomado y el espíritu de compromiso que el presidente Obama ha defendido. En realidad le toma sus exactas medidas y lo expone tal y como es: insuficiente.
El gobierno de Estados Unidos no iba a refrendar ante el mundo entero una resolución que pone en evidencia su mito en construcción acerca del deshielo con Cuba. Lo llamativo es que manejaran inicialmente la opción de abstenerse, para luego filtrarle a la prensa que iban a votar en contra, reaccionando como si fuesen la parte ofendida.
Desde diciembre de 2014, las flexibilizaciones se han venden como grandes avances. En realidad, no se han tocado piedras angulares que marcarían un antes y un después, como la prohibición del uso del dólar estadounidense en las transacciones de Cuba o autorizar un gran número de operaciones comerciales y de inversión por medio de licencias, tal y como explica el informe aceptado por 191 países.
El ‘no’ en Naciones Unidas es una respuesta dirigida a la posición expresada por Cuba acerca de las flexibilizaciones y de las posibilidades reales que la Casa Blanca y los departamentos federales tienen en la gaveta, si realmente desean desbloquear a Cuba.
Armar el rompecabezas de una normalización (y hasta el retorcido propósito de reorientar la actualización del modelo económico cubano) es un objetivo difícil de conseguir si la Administración Obama sigue escondiendo las piezas faltantes.