En 1974 apareció la segunda parte de El Padrino. Coppola no podía escapar a la presión de espectadores del mundo del negocio cinematográfico, y al parecer tampoco podía escapar de sí mismo.
El Padrino segunda parte, es quizás más que la primera, una obra cinematográfica profundamente enraizada, sin la cual no se puede entender la historia de los Estados Unidos en esos años.
El filme comienza con el final de la primera parte. Michael Corleone (interpretado por Al Pacino), el nuevo Padrino queda solo frente a la cámara. Un gran primer plano, el primero del filme nos acerca al rostro de Michael Corleone, donde empiezan a aparecer las huellas del tiempo. A su vez, esta segunda parte termina con otro gran primer plano de El Padrino, nos impresiona ese semblante tan tranquilamente terrible.
Una secuencia antes del final de esta segunda parte es muy importante para comprenderlo todo: es un flash back. Están en la pequeña casa, todos muy jóvenes: Michael, Sonny, Fredo, Tom Hagen, comentan sobre la guerra que acaba de comenzar con Japón. Sonny, el más rudo, se burla del universitario Michael (todavía Michael no ha ido a la guerra, su historia está por comenzar). Sobre la guerra Sonny dice que solo los tontos van a derramar su sangre por otros. Michael le informa que ya se alistó en el ejército. Sonny colérico lo increpa: “Ahí no vas a pelear por tu familia, por tu sangre, sino por otros”. Michael responde con su rostro tranquilo e ingenuo de universitario norteamericano: “No pienso así, mi país es también mi familia”.
Recordemos que en la primera parte se erige el imperio de Michael, imperio que ha heredado de su padre que se retira y muere apaciblemente jugando con su nieto. Esta segunda parte es mucho más abarcadora que la primera, como si Coppola hubiera deseado terminar para siempre con la historia de El Padrino.
El filme es muy largo y tiene un intermedio, practica corriente en Europa, ¡Tan italiano!, donde, se encienden las luces y el público descansa durante algunos minutos. Por supuesto, en Estados Unidos eso no operó así, y por larga que sea la película, no aburre sino que nos encandila con su calidad de puesta en escena y sus descubrimientos.
Es imposible en el espacio de un comentario de este tipo abordar todos los temas y subtemas de esta obra. Me concentraré en algunos que son una asignatura obligatoria como el relato sobre la mafia en La Habana.
Es necesario decir que el filme se rodó en República Dominicana. Como hemos explicado otras veces con otras películas, el Departamento de El Tesoro no autorizaba hacer una inversión económica para que los norteamericanos filmaran en nuestro país.
Son muchas las personas que conocen los hoteles Capri y Havana Riviera, estos hoteles eran piezas del imperio de la mafia en Cuba. Todo lo que se cuenta en el filme es absolutamente cierto. La mafia tenía una muy vieja y estrecha relación con Batista. En 1952, con el golpe de Estado se apresuraron a construir el más grande y conocido imperio de la mafia. Una de estas secuencias a mí personalmente me provoca ira: se trata de cuando toman un pastel que representa la isla de Cuba y el judío jefe de la mafia pica un pedazo e invita a todos a “comer” una porción del cake, o sea de nuestro país.
Es importante la información de que el Jefe de la mafia es un judío de nombre Roth en la película, en la vida real se llamaba Meyer Lansky, quien instaló su cuartel general en el piso 20 del Hotel Havana Riviera.
La astucia de Michael Corleone, quien llama la atención sobre algo que vio en la calle: el ejército persigue y mata a un joven revolucionario que muere gritando: ¡Viva Fidel! Michael observa que a ese joven nadie le pagó por dar su vida, mientras que a los soldados les pagan. No vemos un ápice de simpatía para ese país que se aprestaban a desangrar, aunque en la comprensión del gesto revolucionario hay algo más que realismo de negocios.
Las secuencias de Nueva York son extraordinarias, se mueven multitudes y se hilvana secuencias con gran habilidad. Aquí, con un cierto aire nostálgico, se muestra a un Robert de Niro, muy joven y delgado, con la conocida voz carrasposa. Este joven pobre no es otro que Vito Corleone en sus comienzos en Nueva York. Vemos cómo asesina a un viejo mafioso de “La mano negra”, donde comienza el reinado de El Primer Padrino.
Volvamos a la tercera parte de este filme. Los conflictos de Michael con su familia son terribles. La traición de Fredo, el hermano superficial y cobarde nos hace ver un ángulo de la personalidad del nuevo Padrino: toma a Fredo en un abrazo, lo besa y en un prodigio de actuación, ruge silenciosamente: “Fredo, me partiste el corazón”.
Esta segunda parte evidencia como nunca antes, el carácter vengativo y criminal de esta mafia, quien tiene como filosofía buscarse un espacio en los Estados Unidos, donde otro tipo de mafia criminal domina el poder, como por ejemplo, el senador corrupto, policías jueces, y personajes de todos los sectores sociales.
Termino con una invitación a que no nos dejemos subyugar por estos caracteres que pueden inspirar alguna comprensión, al fin y al cabo hoy día en los Estados Unidos ya no existe este tipo de mafia, pero ¿y el poder del dinero? ¿y la especulación financiera? ¿Cómo es posible que el famoso 1% de la sociedad sea cada vez más rico y el resto sea cada vez más pobre, agobiados por la precariedad del trabajo, por las hipotecas de las casas, o la incertidumbre por el destino de sus hijos? No olvidemos que en esta sociedad las clases del nuevo imperio aspiran a gobernar al mundo, de una forma u otra, por las buenas o por las otras.
Sin dudas, a Coppola, el creador de estas indagacioens magistrales, hay que agradecerle a su vez, su capacidad de utilizar el lenguaje cinematográfico con arte, sin concesiones, logrando obras que nos hacen pensar sobre el mundo que viviremos y en el que desearíamos vivir con nuestros hijos y nietos.