El Brigadista (1977), es una hermosa película dirigida por Octavio Cortázar que trata sobre la Campaña de Alfabetización en Cuba, y ha sido uno de los grandes éxitos del cine cubano de todos los tiempos.
La trama transcurre durante la campaña de alfabetización realizada en Cuba en 1961 por miles de jóvenes y adolescentes. Un joven alfabetizador, de procedencia urbana, llega a un pequeño pueblo cercano a la famosa Bahía de Cochinos (Playa Girón). Deberá vencer la resistencia de algunos de sus pobladores, debido a su juventud y habituarse a un medio natural totalmente desconocido.
Mientras redactaba el artículo sobre el documental Por Primera vez, que fue una crónica del testimonio de la alfabetización cinematográfica, me vino a la mente el filme El Brigadista. Si por Primera vez fue prácticamente la opera prima de Cortázar en su plena juventud, cuando acometió el brigadista ya era un cineasta maduro.
Cortázar había filmado y se había adentrado en la naturaleza de la Ciénaga de Zapata. El hombre de ciudad se fascinaba con la flora y la fauna a exuberante de la Ciénaga. Esta locación determino en gran medida el encanto de esta película.
El equipo de actores era excelente. Salvador Wood en su mejor forma, interpreta un campesino analfabeto, algo rudo por sus modales, un hombre de campo, el mismo Salvador definió al personaje como un hombre honorable.
El también actor cubano Patricio Wood, hijo de Salvador, con sus 15 años un debut por todo lo alto bajo la mirada vigilante del padre.
René de la Cruz también en un gran momento de su carrera formas parte del pelotón de campesinos que están talando en la Ciénaga.
El filme narra la llegada del joven al campamento rústico El Brigadista, casi un niño de ciudad buscando la manera de adaptarse al entorno. Da clase por la noche y durante el día trabaja con los campesinos.
Mientras se desarrollaba la alfabetización en el país, la contrarrevolución infiltraba agentes y utilizaba todos los recursos para destruir el joven proceso (recordemos que estamos en el año 1961, a solo dos años de 1959).
En el rol de jefe contrarrevolucionario estuvo Mario Balmaseda, que interpreta con convencimiento un personaje que quizás por ser del desagrado del director y del coguionista, Luis Rogelio Nogueras, no logra un actuación destacada. Sin embargo, saca adelante este personaje un poco esquemático.
El filme transcurre entre las jornadas de trabajo en los campos y las sesiones nocturnas que imparte el joven maestro. Estas actividades paralelas agotan a los campesinos quienes a veces se quedaban dormidos en las clases.
El brigadista, casi un muchacho, llama la atención a sus alumnos, alguien trata de burlarse de las clases, pero el personaje interpretado por Salvador Wood interviene con seriedad y algo de humor, de esta escena sale una frase célebre del filme: “El que quiera relajo y guateque, va a tener un guateque particular conmigo”.
Cuando el trabajo del maestro está bien avanzado, y ha logrado establecer óptimas relaciones con los campesinos, una noticia tremenda llega al pueblo: ha sido torturado y asesinado un brigadista.
A partir de ese momento, la hermandad entre el joven y los campesinos es cada vez mayor, hacen guardias juntos, trabajan juntos, se divierte y todo transcurre sin mayores incidentes hasta que termina el curso. La despedida del maestro, quien se ha convertido en un hijo más para aquellos guajiros, fue tremendamente conmovedora.
El filme tiene un final muy emotivo, inolvidable para los que fuimos jóvenes en aquella época. Se alza la band era de la Alfabetización en el árbol en que fuera ultimado un brigadista. La imagen del maestro asesinado Conrado Benítez, está presente en la bandera y en el corazón de todos los asistentes. Es este un filme que todos debemos ver al menos una vez, y que debe ser transmitido de padre a hijo para que se vea cómo nuestra juventud contribuyó desde sus primeros años con la Revolución.