La profecía del gallego-manager o el caso Tony Taylor

 

Tony Taylor entrenador.

Para Mon, con el cariño del mundo

En la epopeya de los años se han visto cosas que llaman poderosamente la atención. En la pelota de Minas de Matahambre jugó –por la década del cuarenta del siglo pasado- el ruso Nicolás Slovacevich, quien según palabras de mi padre, defendió el short stop como nadie, incluyendo a Willie Miranda y al no menos prodigioso Germán Mesa. También lanzaba, a más de 90 millas, como se mide hoy, otro corpulento y violento al que le decían el Moro. En segunda teníamos un japonés, Nilo Uratsuka, de buenas manos, veloz, sobre todo para la percepción de nuestros ojos, dada sus cortas extremidades.

En realidad ni uno era una cosa ni el otro la otra. El “rusito” solo conoció Cuba, vino de brazos para acá; el Moro de Quinto, hijo de un fornido minero, no tenía ni un ápice de aquellas tierras; ni qué decir de Uratsuka, jamás ha visto Japón, si no es en películas, fotos, o por la televisión.

La anécdota que les contaré es de una originalidad tal, que si alguien recuerda algo parecido, le ruego me lo haga saber. Se trata de un gallego rancio, de hablar con la zeta, que dirigió un equipo de pelota, nada más y nada menos que en uno de los circuitos amateurs más fuertes de antes de 1959.

La tierra matancera es fértil en azúcar, petróleo, poesía, viandas y el turismo, con ese Varadero irrepetible, y también lo es en béisbol con el Palmar de Junco marcando historia. De allí han brotadovarios de los más grandes peloteros en cualquier época: Antonio María García (El Inglesito), quien reinó en el siglo XIX y un poco más; José de la Caridad Méndez, Martín Dihigo,Silvio García, Orestes Miñoso, Edmundo Amorós, Tony Taylor, Félix Isasi, Rosique, Wilfredo y Fernando Sánchez,Curro Pérez (padre e hijo), Lázaro Junco y muchísimos más.

Hecho el comentario inicial, vayamos al meollo de la cuestión. Mi tío, Ramón (Mon) Goenaga, a quien llamaban Maestro, me contó que en los primeros años de la década del cincuenta, en el Perico había un equipo que competía en los primeros nivelesdela Liga Pedro Betancourt. Entre las personas con cierto poder adquisitivo hacían colectas semanales para pagar viajes, comidas y otros menesteres a los peloteros que venían a reforzar el team.

Por aquellos días les llegó la noticia de que en el antiguo central Álava -hoy México-, cerca de San José de los Ramos, había un pelotero joven que prometía mucho. Allá fueron a verlo y le ofrecieron siete pesos por semana; el muchacho viajó a Perico para luchar por integrar el equipo. Al negrito (su piel tenía ese color) lo probaron en tercera; no llenó los requisitos. Después en el short y en segunda; no era lo que buscaban.

Nemesio Acosta, el señor que recolectaba el dinero, se reunió con el manager y los fanáticos contribuyentes, dentro de los que estaba mi tío.Había que darle la mala noticia al muchacho del central Álava, quien estaba convencido de que sus sueños comenzarían a hacerse realidad. La conversación fue más o menos así:

--Mira muchacho, tú tienes futuro, pero estás muy verde, vas a necesitar tiempo y nosotros no podemos seguirte manteniendo por acá.

El jovencito oyó a Nemesio con humildad, mirando al suelo. Poco a poco levantó la cabeza y miró desconsoladamente al gallego-manager; tenía una esperanza, un aliento.

El gallego-manager, cuando vio los ojos suplicantes del negrito le dijo:

--Mira muchacho, tú estás verde, no tienes posibilidades.

Ante la insistencia lacrimosa y como para no dejar margen a equivocación, tajantemente sentenció:

--Para serte franco, el día que tú seas pelotero yo voy a ser cura.

Frase final. Recogió sus cosas y se fue, sin decir palabra alguna, respetuoso.

Pasó un tiempo relativamente corto, cuando con la excepción del gallego-manager los participantes en aquella conversación en forma de ultimátum fueron hasta el entonces Gran Stadium de La Habana, hoy Latinoamericano, para ver un juego del ALMENDARES. Allí estaba como regular, en aquel tremendo team, nada más y nada menos que el negrito rechazado por un equipo de mucha menor categoría. Al verlo, todos corearon su nombre. Se identificaron como “la gente de Perico”. El peloterazo los distinguió en las graderías, sobre el dugout de tercera y les contestó que iría a saludarlos.

Al concluir el juego se acercó a los periquenses.Sus primeras palabras fueron:

--¿Cómo está la gente de Perico? Vengan acá ¿Aquel gallego que era manager todavía está allá?

La respuesta fue afirmativa.

--¿Y ya se hizo cura?

Ahora fue negativa.

--Bueno, díganle que ya soy segunda base del ALMENDARES, que este año voy para las Mayores y que él ni siquiera ha llegado a sacristán.

Evidentemente, la profecía del gallego-manager no se cumplió, no pudo adquirir el olfato beisbolero que está en la sangre del cubano. Le hubiera ido mejor profetizando toreros, porque aquel negrito era, nada más y nada menos, que el sensacional Tony Taylor, cuya combinación alrededor de segunda base hizo época junto a Willie Miranda y es uno de los pocos cubanos que haya conectado más de 2 000 hits en las Grandes Ligas. Así de anecdótica, pintoresca, sublime y genuina, es la pelota cubana desde hace siglo y medio.

Nota: En el 2003 esta crónica obtuvo el Premio Teobol e Ingeniero Alejo Peralta, en México.