Amigos de toda la vida, instrumentistas acompañantes de destacados artistas y fundadores de un grupo de pop que suena extrañamente bien para la escena cubana, así podría ser la síntesis biográfica de Lázaro Peña (voces y teclado) y Anthuan Perugorría (voces y batería), el núcleo de la banda Nube Roja.
De las temporadas acompañando a talentosos músicos de la talla de X Alfonso, Descémer Bueno y Danay Suárez, de sus incursiones en el jazz, de su gusto por los ritmos bailables norteamericanos y del impulso del incombustible Andrés Levin, dicen sacar estos chicos las motivaciones para traer una propuesta que, gustos aparte, pudiera marca una diferencia en el panorama sonoro cubano.
Dance pop que llega al siglo XXI cubano con los ojos y oídos bien abiertos, y se monta a tiempo en la moda revival de la disco, que desde hace varios años vienen impulsando Bruno Mars, Daft Punk, Jason Darulo y Katie Perry, por mencionar algunos. Con el álbum debut Dibujemos el camino (Fun Machine, 2015), Nube Roja hace una apuesta bastante arriesgada. A su favor tienen la fama actual que goza el género, además de las buenas luces del experimentadísimo productor venezolano Andrés Levin, que carga en sus espaldas, entre otros méritos, la creación del grupo Yerbabuena; el trabajo con músicos como Miguel Bosé, Orishas y David Byrne; y un premio Grammy por la producción del álbum In The Heights.
Dibujemos el camino se compone de diez temas pegajosos, de una elaborada sonoridad, si bien las letras son bastante flojas (aunque, teniendo en cuenta de que hablamos de dance pop, música para divertir el cuerpo en fiestas, discotecas y gimnasios, tal vez estoy pidiéndole peras a un olmo que no tiene por qué darlas). Algunas canciones, como Buscando un sitio para ti, Sin control y Quiero conocerte –estas últimas cuentan con la colaboración del rapero y productor estadounidense Pete Miser y la cantante Cucú Diamante– tienen madera para convertirse en verdaderos hits.
Anthuan Perugorría y Lázaro Peña han declarado que el trabajo más profundo estuvo en los arreglos y en la armonía, sin embargo en ocasiones el resultado son canciones que caen en una peligrosa tierra de nadie; composiciones demasiado formales como para que destaquen por su condición instrumental, y demasiado sofisticadas como para abrirse camino entre los amantes del pop.
De la autopercepción de Nube Roja como banda me llama la atención la insistencia con que mencionan el saxo como un leitmotiv en sus temas (el saxo está, pero de ahí a que distinga su sonido va un trecho), y el hecho de que califiquen su estilo de vintage, que es una palabra que suena muy bonito pero no pasa de ser un recurso para nombrar cosas que ya tenían nombre, o para vender objetos de segunda mano a precio de boutique.
Con un par de años de creados y su disco caminando, queda por ver si Nube Roja es capaz de incorporarse a los mecanismos de legitimación de estrellas del mercado cubano, un territorio que en la actualidad parece estar vedado a todo aquel que no pertenezca al Clan Reguetón, al Clan Salsa o al Clan Oficina Secreta.
En tiempos en que demasiados pillos pretenden pasar gato por liebre, al menos estos chicos tienen la decencia de jugar con las cartas boca arriba, y defender abiertamente una propuesta atractiva y comercial. Nube Roja, que no bebe de las tradicionales fuentes que podrían esperarse en un músico cubano, se anota unos cuantos puntos al lograr un sonido distinto y propio, despegándose del estigma habitual del pop en Cuba, ese querer y no poder, como si fuera apenas el eco de una música salida de otra parte.
Nube Roja.
Lázaro Peña.
Anthuan Peugorría, en Nube Roja.