Imposibles pretensiones

Se puede afirmar que hoy más que nunca, los intereses contrapuestos de la potencia del norte y de sus vecinos del sur, ponen en evidencia que el panamericanismo, símbolo de esa singular alianza de factores discrepantes, es tan anacrónico como la Doctrina Monroe, melancólica expresión de nostalgia para los que aún piensan que no hemos dejado atrás el siglo xix.

Fue en esa fase primigenia de la conspiración anticubana, desde enero de l959, triunfo de la Revolución, hasta enero de l962, fecha de la separación de la isla antillana del llamado Sistema Interamericano, cuando en el campo de las relaciones internacionales se concibió la estrategia para destruir la Revolución o detener su desarrollo, plan que no ha tenido variaciones sustanciales en los últimos treinta años. Ha sido una línea constante la que se ha seguido, con irrelevantes matices para adaptarla a situaciones coyunturales.

Carlos Lechuga, Itinerario de una farsa.[1]

Actualmente, a pocos días de asumir el cargo el flamante Secretario General de la Organización de Estados Americanos, el uruguayo Luis Almagro tiene entre manos una meta en la que invertirá toda su energía: traer de vuelta a Cuba al organismo interamericano después de estar fuera por cinco décadas, según afirmó.

La Habana advirtió una vez más –ya en 2009 la OEA había revertido la decisión de no tener a Cuba entre sus miembros– que no regresaría jamás al “Ministerio de Colonias” como la bautizara Raúl Roa García, el Canciller de la Dignidad, tras conocer las intenciones de tan desprestigiada institución, insistiendo en lo imposible: el regreso de Cuba.

Del año 1962 cuando Cuba fue expulsada de la OEA tras el triunfo revolucionario al día de hoy, el panorama político de América Latina y el Caribe ha experimentado un cambio inimaginable en aquellos tiempos en los que Washington contaba con sus marionetas en la mayoría de las naciones del sur.

La asistencia de Cuba a la VII Cumbre de las Américas ratificó la ruptura total que la Isla mantiene con respecto a la Organización de Estados Americanos (OEA).

Las estructuras integracionistas regionales surgidas al margen de las grandes potencias occidentales aportan a Nuestra América un mayor grado de independencia.

En el momento en que el nuevo dirigente de la organización tomaba posesión en Washington, se reunía una cumbre extraordinaria del ALBA que como dijo Raúl “…nos convoca hoy para ratificar nuestro más firme respaldo al pueblo y gobierno bolivarianos ante las últimas reacciones injerencistas y amenazas del gobierno norteamericano contra Venezuela”.

De hecho, los gobiernos más críticos de Estados Unidos, a impulso del fallecido presidente venezolano Hugo Chávez, promovieron la creación en 2004 de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR), como polo alternativo a la OEA y conformada solamente por países sudamericanos.

La creación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) fomenta proyectos de unidad en América Latina. En ella se han concretado acuerdos energéticos, económicos, políticos, culturales y sociales.

Fidel Castro, Cristina Fernández, Daniel Ortega, Rafael Correa y José Mujica, Evo Morales, entre otros, han demostrado con hechos su interés en la integración de América Latina y el Caribe. Dichos esfuerzos han desembocado en la creación de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) y de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).

Muchas razones tiene Cuba para no regresar a la OEA después de ser expulsada hace más de cincuenta años. Durante todo ese tiempo desde esa locación en Washington se han fraguado a instancias de la Casa Blanca y el Pentágono decenas de agresiones contra los países latinoamericanos representados en tal foro.

La OEA surgió en 1948, durante la Conferencia Internacional Americana celebrada en Bogotá, y una de sus primeras acciones fue aprobar una resolución que avalaba la “intervención colectiva regional” en Guatemala en 1954.

Aquella agresión mercenaria, organizada por Washington, tenía como objetivo derrocar al gobierno popular y democrático de Jacobo Arbenz. Y como ese ejemplo hay muchos debido a la opción de Washington de arrogarse el derecho de intervenir por medios violentos, invasiones, bombardeos donde quiera que lo ha considerado necesario la política del país.

Por solo mencionar algunos ejemplos de agresiones realizadas en América Latina con el beneplácito de la OEA, recordemos solo algunos hechos, la invasión mercenaria de Playa Girón en l961, la intervención en República Dominicana en 1965, la invasión a Granada en 1983 y la agresión a Panamá en l989.

Cuando Cuba fue expulsada del “Ministerio de Colonias” por “incompatibilidad con el sistema interamericano”, ninguno de los ejecutivos que ocuparon la Casa Blanca de entonces acá vislumbraron el cambio que paulatinamente han dado los pueblos de lo que consideraban su “patio trasero”, luchando por su soberanía e independencia.

Así a la sazón de la reciente realización de la VII Cumbre de las Américas, en la que Cuba participa por primera vez, quedan demostradas las razones del gobierno de La Habana para ignorar los sucios quehaceres de la OEA y con su ejemplo servir de acicate a la lucha de sus hermanos suramericanos.


[1] Último embajador de Cuba en la OEA.