Bale, vale un potosí

A veces uno se conforma con el hastío: el Real Madrid como circunstancia totalizadora, como represalia al desarrollo del resto, como imperialismo; el Barcelona como realidad atormentada, como lucidez endógena de lo autóctono.

“El cabello no se toca, Míster, si llego tarde a un corte defensivo, dígame y correré más rápido, pero el cabello NO”, así le contestó Carles Puyol a Louis Van Gaal luego de que el entrenador le preguntara si no tenía dinero para un corte de pelo, recién cuando “Tarzán” se incorporaba al primer equipo del Barcelona. Todo en el Barça pasa por lo tradicional, por un ímpetu “seudorenovador”, por mantener intocables algunos aspectos de su juego. Puyol ya estaba en el banco.

Di María marcó el primero tras una jugada de contragolpe en que muchos lo “situaban” en fuera de juego. Luego, no hizo falta un replanteo táctico del Barcelona, ni siquiera un cuestionamiento defensivo a posteriori (Martino no hizo cambios atrás). Llegó el empate de Bartra en un momento en que el Barça era dueño y señor del partido (como lo fue durante la mayor parte del encuentro). Entiéndase por dueño y señor del partido, los toques de balón hasta los tres cuartos de cancha sin inquietar al portero rival.

El conjunto blaugrana metía presión al equipo merengue luego de haber marcado el empate y comenzaba a cerrar filas hacia arriba. Gareth Bale agarra un balón por la izquierda y corre, como mismo lo hacía cuando pequeño y el entrenador le prohibía tocar la pelota con su pierna más hábil. Damned coach, quizás haya pensado ante la respiración de Bartra, que se iba alejando como mismo se alejaron los años en que Puyol le contestaba a Van Gal que no se cortaría el pelo. Quizás también como el hastío.