¡Buena Bola! ¿Crónica de una muerte anunciada?

Bien, fue un gran partido. Emotivo, decisiones discutidas, suspenso, altibajos, jugadas espectaculares. Cada manager, en pos de la victoria exprimió al máximo a sus jugadores. Por suerte, terminó en el inning 11 pues si se hubiera extendido, veríamos de nuevo jugar a Urquiola, Víctor y hasta el cargabates. Total, una improvisación más de la Comisión Nacional no se vería mal.

Pero, dejemos las emociones a un lado. Es cierto que son naturales, todos las vivimos y eso nos hace amar a éste y otros deportes. Al mismo tiempo demasiada pasión puede cegarnos y con ello perder de vista todo lo que está destruyendo al beisbol como disciplina.

Quiero hablar del tiempo. Un preciado recurso que los puristas del beisbol parecen subestimar. Aferrados a las reglas y la tradición se han vuelto incapaces de ¿cambiar lo que debe ser cambiado? No tengo las estadísticas de cuánto dura en nuestro país un juego de pelota. Mi percepción es que superan con frecuencia las cuatro horas y no necesariamente porque se vayan a extrainnings (como el del pasado domingo) o los detenga un aguacero. Los árbitros y directivos de cada equipo tienen mucho que ver en esto. También por supuesto toda una serie de reglas absurdas que extienden innecesariamente los juegos. ¿Por qué, si la mayor parte de los deportes han hecho arreglos o reajustes en sus modos de práctica, el beisbol permanece inalterable? No solo se trata de exigencias para la televisión o la publicidad, sino también de respetar las audiencias, el espectáculo y hasta a los propios atletas. El mundo se mueve bajo nuevas dinámicas de recepción, diferentes patrones y códigos de atención, pero el beisbol sigue estructurándose como si estuviéramos aun a mediados del siglo XX.

Con razón fue sacado del programa olímpico y a ese paso cualquier día lo veremos fuera de otros eventos multidiciplinarios. Si de verdad lo amamos, seamos objetivos y apliquémosle una visión pragmática y real a este asunto.

Por ejemplo:

1. ¿Por qué se conceden tantos tiempos a jugadores y managers para conversar o darse instrucciones entre ellos? ¿No pueden enviarse las instrucciones con los coach de las bandas? ¿Para que existen un sinfín de señas? Vemos como hay tiempo para los lanzadores, tiempos para los bateadores, para que los receptores se acerquen al pitcher y para los mentores, que se acercan a dar consejos cada vez que desean. Cada turno al bate se convierte en una competencia (interpretada como “guerra sicológica”) de perder el tiempo y sacar de quicio a los espectadores.

2. ¿Cuál es la razón para que un bateador pueda estar eternamente en el cajón de bateo dando fouls sucesivos? ¿No pudiera regularse esto y digamos, establecer que al tercer foul ya eres out? ¿Si los dos primeros se cuentan como strike, qué lógica nos dice que un tercero ya no lo es?

3. Se le pide a los mentores que no caminen a las lomitas cuando desean hablar o sacar a sus lanzadores. Perfecto, pero por qué cada vez observo que esta regla no se cumple. Aquí, los árbitros tienen que ejercer toda su autoridad y sancionar su incumplimiento.

4. Los juegos de beisbol duran 9 innings, los de futbol 90 minutos y las peleas convencionales de boxeo 5 rounds. Cada deporte ha establecido límites y otorgado tiempos extra de duración cuando de partidos definitorios se trata. ¿No pudiera hacer lo mismo el beisbol? ¿Sería demasiado pedir que se otorguen, como en otras disciplinas, puntos por victorias y puntos por empate?

5. Cada lanzador tiene su mecánica de lanzar. No son robots y su labor es bien compleja. Eso se entiende, pero lo que no debe aceptarse es que algunos consideren que tienen todo el tiempo del mundo para definir cada lanzamiento y ponerse de acuerdo con sus receptores. El árbitro nuevamente como máxima autoridad en el terreno debe estar atento a estas dilaciones.

6. Nadie es perfecto y los errores están en el juego. Pero ¿no les parece demasiado excesiva las veces que se detienen los partidos para protestar jugadas, conteos y decisiones? Desde luego, nuestros árbitros necesitan atenciones, pero también urgentes superaciones profesionales, pues sus deslices se van convirtiendo en norma que enturbia el espectáculo. Y los jugadores o managers no se quedan atrás!!!. A veces tengo la sensación de que, en vez de un juego de béisbol entre equipos nacionales, aprecio un partido de cuatro esquinas entre los muchachos del barrio.

Nos gusta el béisbol. Por generaciones lo hemos llevado en la sangre. Forma parte de nuestra cultura, nuestra razón de ser, nuestra devoción, pero al paso que vamos: ¿Será también nuestra cruz?