Strike 3: Los colores del éxito

Hernández, destapado.

Un pitcher de apellido Blanco y un bateador de spikes naranjas se combinaron para que los rojos de Matanzas dieran el primer paso en el camino a la final cubana de pelota, a despecho del monarca Villa Clara.

Blanco, rojo y, paradójicamente, naranja. Esos colores liquidaron el sueño de un equipo que alineó con lo que tiene, que no es mucho, pero aún así logró llegar al sexto inning con ventaja en el score. Una ventaja que el de spikes naranjas evaporó de un largo swing, y el de apellido Blanco preservó hasta la altura del octavo, cuando llegó el destacamento de refuerzo y aseguró el éxito rojo.

Esta versión de Villa Clara es varias veces inferior a la que se llevó el trofeo el curso previo. Por una u otra causas, le faltan los dos pitchers principales (Freddy Asiel y Siverio), los dos receptores de lujo (Pestano y La Rosa), y jugadores que vistieron entonces la casaca como Danel y Edilse, Manduley y Varona, todos ellos de probadas facultades ofensivas.

Del otro lado de la calle, Matanzas está armada hasta las  muelas. Cuenta desde hace un tiempo con el polivalente Raúl González, y en vísperas del play off anunció que Carlos Juan Viera regresaba a sus filas. Va por todo, repleta de ambiciones, convencida de que caer en la tentación es la mejor manera de librarse de ella.

Sin embargo, Goliat no aplastó a David anoche, y tuvo que echar mano de tres golpes de autoridad para inclinarle la cabeza al muchacho irreverente. Se esperaba un festín de los de casa, y no se dio. El béisbol, ya se sabe, no soporta las configuraciones por defecto.

Más de una vez se derrumbó la lógica en el juego. El zurdo que había sido verdugo villaclareño en la campaña, Yera, no completó dos episodios. En cambio, el derecho lateral hizo lo que le vino en ganas con la tanda naranja, incluyendo a los cuatro bateadores de la ‘mano equivocada’, que se fueron de 14-0 en el encuentro.

En el montículo adversario, Robelio Carrillo sorprendió caminando hasta el sexto capítulo frente a una escuadra que masacra a los lanzadores siniestros (average de .362 con .500 de slugging en la segunda fase). Y, para más contradicción, fue justamente un zurdo quien le vino a aguar la fiesta.

Yadiel Hernández ha sido, por mucho, el personaje clave del line up matancero este año. El outfielder insinúa tener propósitos bien definidos para cada vez al bate, y ha aprendido a golpear la pelota según se le presente en sus dominios. Un jonrón al izquierdo, otro por el right field, y su equipo ya estaba delante en la pizarra. Después, ante el irreconocible Alain Tamayo, Eriel Sánchez crucificó un envío manso y fin del cuento.

Repito: Matanzas no cumplió con las expectativas de exterminio de este Villa Clara diezmado por retiros, deserciones, lastimaduras y una sanción desmesurada, pero sí dejó claro que tiene recursos para resolver cada partido, y lo más importante, que puede esgrimirlos en el momento necesario.

Ya usted ve: llevaba un cuadrangular en sus últimos seis enfrentamientos, y ayer, justo el día en que más necesario era el batazo, el equipo pegó tres.

Positivo: El dilatado, salvador y serio desempeño de Lázaro Blanco. Negativo: La omisión de la conferencia de prensa, contemplada en el Reglamento vigente. Preocupante: La precaria producción ofensiva de Villa Clara. Recomendable: Si William Luis continúa lesionado, Leandro Turiño podría ocupar plaza en los jardines. Y aunque parezca descabellado, Ramón Lunar debiera escalar al segundo turno. Incomprensible: ¿Un solo día de descanso antes de la postemporada? ¿Y ese apuro?