Finalmente, un portavoz del Tottenham se fue de lengua e hizo baldíos los esfuerzos de Florentino Pérez por tapar la verdad sobre el mediático fichaje de Gareth Bale. Esto es, se supo que las cifras reales del negocio ascendieron a 101,5 millones de euros, diez más de los reconocidos por el presidente madridista.
Viejo lobo, Florentino batalló hasta donde pudo por mantener oculto el monto de la operación, empeñado en salvaguardar la imagen de Cristiano Ronaldo como emblema del vestuario merengue. Pero el corcho subió a la superficie y ya se sabe: el galés se ha erigido en el jugador más caro de la historia del fútbol.
La noticia se robó los cintillos desde Alaska a Kiribati, y enseguida se alzaron varias voces a medio camino entre la ironía y el desconcierto. Un as en el retiro, Hristo Stoichov, dijo con su desparpajo habitual que “si Bale vale 100 millones, yo no tengo precio”. No obstante, comoquiera que el búlgaro era azulgrana, su afirmación quedó apagada por la archiconocida ojeriza que divide a merengues y culés.
El que sí desató los demonios del escándalo fue el legendario Zinedine Zidane, quien inclusive forma parte del cuerpo técnico del club capitalino. Con tan pocos pelos en la lengua como en la cabeza, Zizou recordó que “hace diez años pagaron por mí 75 millones de euros y dije que no valía eso”, y agregó: “Ahora pienso lo mismo, que ningún jugador vale tanto dinero. Esto es fútbol y desafortunadamente es incomprensible que esas cosas pasen y se pague tanto por un futbolista”.
¿OPERACIÓN DEPORTIVA O DE MARKETING?
En medio de la crisis que sacude a la economía española, la entidad de Concha Espina no vaciló en sacar el talonario para comprar al media punta zurdo del Tottenham Hotspur, quien a los 24 años todavía no ha ganado ningún título importante a nivel de club o selección.
Sin embargo, el muchacho ha reventado la Premier en las últimas campañas –suma 48 goles en 186 partidos a lo largo de ocho ligas-, acumula 11 dianas en 38 juegos con el limitado conjunto de Gales, y está claro que muy pocos futbolistas de este planeta azul pueden generar tanto peligro por la banda izquierda de la cancha.
Lateral izquierdo en sus comienzos con el Southampton, extremo y media punta más tarde, Bale tiene la virtud de la polifuncionalidad. Su crecimiento deportivo es tan irrefutable como que viene de rendir su mejor temporada (31 goles con 17 asistencias en 52 encuentros), y dispone de una feroz capacidad de definición que convierte a su bota zurda en escopeta.
La pregunta que corre por todas las bocas, ahora, es dónde lo alineará Carlo Ancelotti. Porque la posición de extremo por la izquierda pertenece de modo exclusivo a Cristiano Ronaldo, la megaestrella del equipo, y en la media punta está brillando sobremanera el joven Isco. ¿Calentará banquillo Bale? No me lo creo. Tal vez, especulo, CR7 deba vestir de ‘9’ en adelante.
Lo cierto es que mientras Carletto se devana los sesos resolviendo ese dilema, el mundo sabe ya que la obsesión de Florentino por el galés iba más allá del plano futbolístico: con Neymar, el Barça se había adelantado en la carrera por la contratación de un crack, lo que supuso un bofetón de merchandising que exigía una respuesta inmediata del Madrid. Y esa respuesta le costó una millonada. Mucho más que si hubiera adquirido a Maradona o a Pelé, Cruyff, Di Stéfano, Garrincha, Beckenbauer...
EL MUNDO ILUSORIO
Fichajes increíbles, presupuestos colosales. Esa es la realidad que vive hoy la Liga Española, reina y señora de la burbuja financiera en el planeta fútbol. ¿Se acuerda de la burbuja inmobiliaria que explotó por allá hace poco más de un lustro? Pues se trata de un caso similar. Solo que ahora, en lugar de con pisos, se especula con goles.
Dicho en pocas palabras, aumenta el capital ficticio sin un referente en la producción real de la economía. Y así, inflado con créditos concedidos por las cajas de ahorro y el estado a través de Hacienda y Seguridad Social, el globo de mentiritas que sostiene al torneo se hará trizas en algún momento, si bien la escena no se vislumbra a corto plazo.
Para ese entonces, claro está, el fútbol no desaparecerá en España. El gobierno tomará cartas en el asunto, y subvencionará abiertamente –hoy sucede de modo encubierto- a los equipos y los bancos que animan el evento. ¿Con qué plata? Pues recortando en sanidad, educación, pensiones, aumentando los impuestos y hasta etcétera.
Pan y circo, como en la antigua Roma. A cualquier costo, por encima de lo que sea, pan y circo.
DATOS DESOLADORES
El mercado de fichajes movió este verano 1750 millones de euros, un siete por ciento más que en la campaña previa pese a los continuos llamamientos de la UEFA al Fair Play financiero.
“El mercado –apuntó el periodista colombiano Iván Mejía- está absolutamente desbordado, y resulta paradójico que en un continente que se encuentra en condición de penuria, y donde se vive una de las situaciones sociales más complicadas de los últimos años, haya clubes de fútbol despilfarrando en inversiones tan grandes”.
Hay deudas por doquier, la publicidad no rinde lo que antes y disminuyen los ingresos por taquilla. Hace un tiempo, la consultora AT Kearney analizó el funcionamiento de la Liga española, la Bundesliga alemana, la Ligue 1 de Francia, la Premier League inglesa y la Serie A italiana como si se tratase de empresas. Los resultados resultaron frustrantes: si las ligas inglesa, española e italiana fueran una compañía, en menos de dos años estarían en quiebra.