Yadier Pedroso
Al parecer, el reinado del pitcheo en la Serie 52 terminó en 2012. Por el camino que iba, parecía la actual temporada un remake caribeño, salvando todas las diferencias, de la campaña de 1968 en Grandes Ligas, cuando fue tan dominante y ridículo el imperio de los lanzadores, que al término de la campaña el Comité de Reglas redujo la zona de strike y disminuyó la altura del box de 15 a 10 pulgadas.
Con diciembre, se fue, ya no está el inusitado dominio de las serpentinas sobre los maderos en el actual clásico doméstico cubano, de hace mucho a esta parte, tierra prometida para la ofensiva (la bruta, no la integral). Y, por ello, cobra más importancia, si es posible, la calidad y estructuración del pitcheo.
Puede decirse que, de regreso el agua a la tierra, de regreso el poder de los maderos, tan trascendente como contar con una alineación poderosa, uniforme, será disponer de una rotación sólida y un bullpen profundo, capaces de conservar ventajas u opciones de triunfo y garantizar victorias por ventajas mínimas.
(Con esas armas, entre más, en una temporada larga o corta, preliminar o definitoria, un equipo puede bien desandar hacia sus objetivos o salvarse de derrotas consecutivas que lo conduzcan a malas rachas).
De modo que, en este momento, cuando tener posibilidad de contender por un cupo de clasificación vale lo que el petróleo en el mercado internacional, es aún más determinante la especialización del pitcheo. La especialización del pitcheo, ni más ni menos que unas de las asignaturas pendientes de nuestra pelota.
En el planeta béisbol, más distinción hay entre los roles de los jugadores sobre el montículo, que en todas las otras posiciones juntas.
Si bien unos diez lustros atrás la palabra relevo no era parte del argot de este deporte, desde 1980 los cronistas, los técnicos y la afición estratificaron y situaron en su verdadera dimensión el trabajo de los lanzadores. Eso, en Estados Unidos.
Luego se expandió la práctica y, de 1990 en adelante, puede decirse, se puso de moda. Fue un fenómeno determinado por la dinámica del deporte y, también, no seamos ilusos, por el crecimiento económico, por la necesidad -de dueños y directores- de proteger sus ases e inversiones, es decir la salud de los lanzadores, mucho más propensos a lesionarse que el resto de los jugadores de posición.
Una moda, convertida ya en práctica, en abc del béisbol, en praxis de todos los días, en todos los niveles.
Así, se comenzó a hablar de efectividad hasta un número de entradas, primero, y luego hasta una cantidad de pitcheos. Así, paulatinamente, se armaron rotaciones de cuatro y cinco abridores, con relevistas largos y cortos, con relevistas que solo le lanzan a derechos o a zurdos, con preparadores (trabajan solo el octavo capítulo, aunque pueden ser llamados antes en situaciones límites) y cerradores (serpentineros para los outs 25, 26 y 27, que también pueden salir a facturar cinco o seis outs).
Así, nació una filosofía que comprende, por ejemplo, la exigencia de repertorios en virtud de si se habla de un abridor o un relevista; o la utilización del cerrador solo con ventaja durante una fase preliminar, o con paridad o desventaja mínima en los desafíos de vida o muerte.
Es añeja ya la data de su nacimiento y la aplicación, en la mayoría de las Ligas de la Tierra, evolucionó hasta más adentro de las estadísticas corrientes, hacia un preciosismo tal que a veces asusta a las ciencias exactas, estremece a los puristas y enloquece a los intelectuales. Mas, y esto casi nadie lo duda, ha vuelto el béisbol más interesante, atractivo, entretenido...
No obstante, esta práctica no es común en nuestro país, a pesar de la contrastada calidad e internacionalización del béisbol cubano y los quebrantos de la selección nacional en torneos internacionales del siglo XXI, entre más razones por no tener definida la responsabilidad de sus serpentineros.
A contracorriente de las medidas adoptadas por la Comisión Técnica, de las muchas "promesas" de algunos manager que ha tenido la Selección Nacional y de los reclamos de los cronistas, los aficionados y el desarrollo mismo del juego, aún en Cuba son mayoría los lanzadores que suben al box a abrir, relevar o cerrar en dependencia de las necesidades del equipo o el criterio -las más de las veces absurdos e ineptos- de los directores.
En resumen, ese modo de organizar las aptitudes de los lanzadores no tiene fieles en el país. O, si lo digo bien, muy pocos, igual en los equipos de la Serie Nacional que en el team Cuba. Y, si la escasa calidad del pitcheo en las 16 novenas de la competición doméstica explica por qué la especialización es casi una utopía, es la falta de concienciación de su eficacia, digo yo, lo que explica que en la selección mayor tampoco se aplique.
Osviel Castro Medel, un periodista granmense, corresponsal de Juventud Rebelde, que ha tratado con agudeza el béisbol, entre otros temas deportivos y sociales, escribió en 2010 a propósito del título en la Copa Intercontinental que "el triunfo no debería endulzarnos tanto, porque... este torneo nos siguió poniendo en evidencia las enormes deudas que tiene el béisbol cubano...". Y entre las deudas señaló: "Los cubanos necesitamos... exhortar por enésima vez... que termine de estimularse la dichosa especialización de los lanzadores y no continúen las faltas de respeto con los relevistas "puros", ausentes toda la vida de las selecciones patrias. Dalier Hinojosa, Yadier Pedroso, Jonder Martínez y todos los demás NO son relevistas en sus respectivos equipos. ¿Quién en la Serie Nacional, entonces, deseará ser relevista?"
Miguel Ernesto Gómez Masjuán, también colega y profesor de Periodismo Hipermedia en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana, en Mi columna deportiva escribió, a propósito de la Serie Samurai de noviembre pasado, que "Las dos derrotas frente a Japón, en las que el equipo apenas anotó una carrera en 18 entradas y recibió 20 ponches, fueron resultados poco alentadores para la selección cubana de béisbol; sin embargo, en medio de tantas críticas, muy merecidas, también creo que vale la pena "resaltar" algunos elementos que me parecieron positivos en la última parte de la gira asiática".
Y, entre los elementos positivos, señaló que "El cuerpo de lanzadores, en su gran mayoría, estuvo bien. Después de sus dos excelentes aperturas, el villaclareño Freddy Asiel Álvarez se ha consolidado como el principal abridor del país. ¿Manejó bien el pitcheo Víctor? He leído no pocas críticas; pero sí me parece "agradable" comprobar que después de décadas de atraso, finalmente existe una "especialización" en el staff nacional; aunque luego, como sabemos, estos roles no se respeten en la Serie Nacional".
A juzgar por estos dos criterios, hubo un avance de 2010, cuando el reclamo acerca de la especialización en el pitcheo rompió la barrera del sonido, al 2012 finiquitado hace apenas unos días. Y la verdad es... que no es verdad, si miramos a la Serie 52.
Vísperas del inicio de los duelos de este miércoles, 47 abridores no habían relevado. Comprende este dato a lanzadores que tienen apenas una apertura, un total de 103 pitchers. Por lo que si el primer número (47) pareció grande, pareció un paso adelante en el empeño de especializar la labor sobre el montículo, el otro (103) convence de que es un paso muy corto aún.
Ilustrativo es el caso de Wilber Pérez, con actuaciones relevantes precedentes, a quien la disciplina y el enfoque (la falta de ellos, por supuesto) lo apartaron de rendimientos idénticos o similares a los de la actual temporada.
El lanzador zurdo de Isla de la Juventud, invicto en ocho decisiones, ha abierto seis juegos de pelota y relevado otros dos, como líder de un staff en el que los siete lanzadores con aperturas registradas, también han relevado, excepto el casi juvenil Héctor Mendoza.
Mejor muestra son Yadier Pedroso y Miguel Lahera, dos de los mejores talentos del país, sempiternos preseleccionados nacionales. Los artemiseños, combinados, suman siete juegos iniciados y seis relevados, con el magro resultado de 1-4 y un salvamento.
Ni siquiera se puede sostener con victorias el sinsentido de sus utilizaciones. Y lo peor es que, porque no existe la especialización, los técnicos los han utilizado indistintamente como abridores y relevistas, aquí en la Serie Nacional o en torneos internacionales, muchas veces sin períodos de adaptación a uno u otro trabajo, que, con toda seguridad, han mellado sus condiciones físicas.
(Siempre he creído que la falta de motivación y llegar pronto al techo de la pelota cubana acortó la carrera de Pedro Luis Lazo, y, además, su sobreexplotación en cualquiera de las instancias de los partidos, igual en su Pinar del Río que en la selección nacional, le privaron de muchas más victorias aquí y allende los mares. Y como a él lo menciono yo, quizás ustedes, lectores, pueden mencionar a otros lanzadores).
La creencia en que el fin justifica los medios y el descrédito que tiene la especialización en la opinión de muchos técnicos, dan vida a esos y otros dislates (uno es, a mi modo de ver, que no hay una evolución natural de relevista a abridor o de abridor a relevista, como ocurre de manera eficaz en otras pelotas).
Cual otro botón de muestra puede oficiar que, en Ciego de Ávila, el vigente campeón, Vladimir García es el único abridor sin salir al ruedo desde el bullpen, o que el camagüeyano Fidel Romero no sabe qué se quiere de él, porque ya inició cuatro juegos y relevó tres, o que en Granma solo a tres de 13 serpentineros se les utilizó en un solo rol.
Tuve la oportunidad, en 2011, de preguntar a Alfonso Urquiola acerca de su estrategia con el equipo Cuba en su último nombramiento al frente de la selección nacional y recuerdo, como si ahora fuera, que el ex segunda base habló sobremanera de la necesidad de construir carreras de todos los modos posibles, por las descubiertas carencias del bateo cubano en partidos internacionales.
Sin embargo, cuando se refirió al staff de lanzadores, en el que figuraba, entre los preseleccionados, solo uno (Lahera, si mal no recuerdo) con más actuaciones como relevista que como abridor, Urquiola -y Javier Gálvez, el coach de pitcheo- le quitaron importancia al asunto aduciendo que la especialización es más eficaz en torneos largos.
Al parecer, los técnicos olvidaban las estrategias que han seguido sus contrarios en eventos internacionales, sobre todo en el revés ante Corea del Sur en la final de Beijing 2008, cuando a pesar del dominio del zurdo Ryu Hyunjin durante ocho entradas y sin reglamentación de pitcheo alguna, el DT surcoreano relevó al abridor y aseguró el (hasta ahora) último título olímpico con Chong Taehyon, incluso afrontando el riesgo que significó que los antillanos llenaran las bases.
Ni siquiera un revés como ese pudo convencer a la Comisión Técnica de la Federación Cubana de establecer, exigir de modo enérgico la especialización en el pitcheo, no solo en nuestras Series Nacionales -y como consecuencia en el equipo Cuba-, también en las categorías inferiores, para que la práctica se imponga sin traumas.
Más reciente, en octubre último, Juan de Dios Peña, a cargo de la preparación del pitcheo en la preselección cubana, dijo a Prensa Latina: "Queremos llevar (al III Clásico Mundial) abridores, relevistas intermedios y cerradores definidos... Erlys Casanova pudiera ocupar uno de los puestos en el staff de iniciadores junto a Freddy Asiel Álvarez, Odrisamer Despaigne, Vladimir García y Miguel Lahera. Los relevistas o estabilizadores serán Norberto González y Alejandro Martínez, junto a Ismel Jiménez, Dalier Hinojosa, Félix Fuentes y Yander Guevara. Mientras la tarea de cerrador... será para Yadier Pedroso...".
Esto dijo, poco antes de que se trastocaran muchos de esos roles en la preparación durante la temporada internacional pasada, supuestamente los juegos de ensayos en los que se expondría la filosofía y estrategia, con miras al evento de marzo próximo.
Es increíble que no haya consenso entre los técnicos, respecto a la necesidad de la especialización; es increíble, cuando a la vista del menos observador quedan explícitas sus bondades, o que hay grandes diferencias entre un abridor, que debe tener mayor repertorio y más capacidad para "caminar" varias entradas, digamos seis o siete, y un relevista o cerrador, de características distintas.
¿Acaso son menores las estadísticas de Lee Smith, Eric Gagne y Mariano Rivera, garantes de los triunfos de muchos estelares e inmortales del box y, más importante aún, aseguradores de victorias de divisiones, campeonatos y Series Mundiales en el béisbol profesional de Estados Unidos?
Es que no hay ni que mirar a otra pelota. Los ejemplos están aquí mismo. Resulta desconcertante que los rendimientos y efectividades de Raúl La Guagua López, Euclides Rojas, Orestes González, Yolexis Ulacia y José Ángel García, o Yadir Rabí y Dunier Ibarra -sin aptitudes "sobrenaturales" algunos de ellos-, entre otros muchos más, no convenzan de una vez y por todas de al menos dividir en tres (abridor, relevistas y cerrador) el staff de lanzadores.
¿No se habla hoy en el mundo de especialización y, desde esa perspectiva en el trabajo de equipo? ¿Por qué, entonces, hay tanta resistencia a emplearla? ¿No es evidente que la especialización es una necesidad, una urgencia?
Si lanzar es un arte, como dice casi todo el mundo, en Cuba, como en el planeta béisbol, deben existir abridores, relevistas largos (en caso de aperturas fallidas), relevistas cortos (para situaciones complicadas en el medio juego y, sobre todo, para enfrentar a bateadores específicos), preparador (octavo capítulo), cerrador (noveno inning); del mismo modo que en la plástica, para mencionar una de las artes, hay escultores, grabadores, pintores, videoartistas, dibujantes, ceramistas... ¿O no?