Dumitru, una piedra en el camino de Cuba.
Ni Harry Potter ni Peter Pan. La filmografía cubana en Londres tiene personajes reales. Muchos con una especie de suspense en sus actuales carreras artísticas.
El primer largometraje de los antillanos se rodaría el 28 de julio en el tatami, con hora de comienzo a las cuatro y cincuenta de la mañana. El lugar elegido, el Centro Excel. El guión y la dirección estaban a cargo de Ronaldo Veitía, laureado con cuatro Premios Oscar. El rol protagónico recaía en Dayaris Mestre, de los 48 kilogramos. Entonces... luces, cámaras, acción.
El plano inicial se filmó contra una rusa de 26 años y experiencia en los caminos del judo. Nataliya Kondratyeva también sabía que tenía un hueso duro enfrente: demasiadas medallas a todos los niveles han obtenidos nuestras atletas para no ser respetadas.
La espirituana, agresiva desde el principio y correspondiendo a las indicaciones del maestro, marcó un wazari antes del minuto y medio de combate que determinó la historia final de la pelea. En realidad, el dramatismo estuvo ausente.
Poco mostró la europea. Incluso pocas ganas de triunfar, pues nunca se mostró incisiva sobre la campeona de la Copa del Mundo de Miami de este año. La mala suerte en el sorteo no tuvo causas negativas en este segmento. La actuación seguía. El clímax llegaría en su próximo combate contra la campeona defensora de la división. ¡Maldito sorteo!
Hace cuatro años, parecía que una cubana se titulaba en este peso. Yanet Bermoy las tenía todas consigo. Pero apareció la rumana Alina Dumitru y nos aguó la fiesta. Hoy, con una judoca de menos caché, esperábamos revancha. Escenario distinto, momentos diferentes. Pero una película que tenía iguales intereses.
La segunda escena comenzó con una cubana bien parada. Parecía tener lo necesario y dar la sorpresa. Pero todo quedó ahí, para no gastar más cinta. Una descalificación cementó las esperanzas. Un fracaso que llegó de la manera menos pensada. Imagino cómo debe sentirse el avezado entrenador cubano. Otra vez se le escapa de las manos un gran triunfo.
Pero lo mejor llegó después, y no fue precisamente la cubana la protagonista del hecho. Ante una mongola de menor nivel, a solo 11 segundos de caer, Dumitru proyectó a la oponente para extender unos minutos el combate. En decisión en tiempo extra (la que marque gana), otra vez con el reloj agonizando, un wazari salvador la dejó en competencia.
No obstante, ni por asomo la rumana tiene la forma y potencia física que presentó en Beijing.