Strike 3: Flashazos de postemporada (XI)

Odrisamer volvió a triunfar. Foto: Ismael Francisco.

Lejos de su sabana, el león no se limitó a sobrevivir a la primera noche, sino que hizo una presa. Se trataba de un animal de grandes fauces, áspero y valeroso, pero el león fue astuto y apeló a su experiencia como cazador. Hubo, es verdad, un forcejeo, pero al final, en plena ciénaga, tronaron los rugidos...

Odrisamer, listo: Al derecho capitalino hay que darle las llaves del team Cuba. Ha aprendido a lanzar, y ahora combina de maravillas sus lanzamientos rápidos con lentos envíos cargados de veneno. Ladeada la visera ‘a lo rapero', su mirada parece decir siempre que "todo está bien", que "yo controlo", que "tranquilos". Y responde, normalmente responde, y se ve que el equipo se siente confiado cuando él se sube al box. Anoche, en el Victoria, los diez días de descanso empezaron pasándole factura (el déficit de trabajo es tan nocivo como el sobresfuerzo), y casi pierde la ventaja en un suspiro. Pero los Cocodrilos no le dieron la mordida final, y se repuso. Cuando Despaigne entró en pitcheo, una vez que su brazo alcanzó las revoluciones habituales, la suerte estaba echada. En adelante, caminó las entradas a ritmo de hip hop.

Víctor, acertado: El rey de la polémica movió sus piezas sin temor. No se anduvo con chiquitas y colocó en el box a su carta monticular de lujo, Jorge Alberto Martínez, a despecho del criterio pusilánime de que era mejor reservarlo para el segundo choque. Y eso, ¿por qué? Si el contrario designa a su pitcher estelar, ¿debo ser yo el que ceda? ¿Por qué no lo hace él? ¿Será pertinente poner la otra mejilla y regalarle esa victoria sicológica al rival? Era hora de echar toda la carne al asador, y fue lo que hizo Víctor. Mis aplausos.

Cocodrilos, enteros: Tierra de hombres duros, Matanzas no se amilanó cuando Industriales le cayó a guantazos a muy poco de escucharse la campana. Delante estaba Odrisamer, pero a ellos les daba lo mismo que fuera Vinent o Rogelio, Clemens o Randy Johnson. Con el fuelle repleto de ambiciones, mantuvieron el tipo y fabricaron un par de carreras que volvieron a meterlos en el juego. Cerca, muy cerca estuvieron de conseguir la remontada ante una escuadra más curtida y, a día de hoy, mejor dotada para emprender el béisbol. Su reacción -allá el fanático que no lo vea así- dejó claro que esta novena no es de esas que se rinden una vez que el rival les entra por los ojos. Sí señor: los Cocodrilos tienen sangre de abakuá.

Nota: Lo digo aquí y lo repito dondequiera: no sé qué importancia tiene si un pelotero masca o no masca chicle. Foristas, por favor, ¡hay tantas cosas importantes para debatir en este béisbol nuestro!...