Foto: Ismael Francisco
Decía Miles Davis, jazzista estadounidense, que el silencio es quizás el más fuerte de los ruidos. Tal vez lo hacía desde su perspectiva de músico, pero me apropio de la frase con un simple objetivo: hacérsela llegar a todos los árbitros que trabajan en la Serie Nacional de Béisbol.
Digo esto porque cuando un juego de pelota termina y los jueces permanecen en el anonimato, por lo general, se debe a que realizaron bien su trabajo, sin dudas un extraño premio con el que muchos, como es lógico, pueden no conformarse.
"Siempre se habla solo de lo malo, casi nunca vas a ver a alguien comentar sobre una decisión acertada o el buen de trabajo de un árbitro", afirma Jorge Niebla, uno de los más jóvenes encargados de impartir justicia en el presente clásico de las bolas y los strikes.
No podemos andar de espaldas a la realidad, este es un hecho palpable que tiene un margen de mejora (tal vez a la Comisión Nacional se le ocurre entregar el galardón al mejor árbitro de la semana, al que menos se equivoque), pues los referees, más allá de sus pifias, son una pieza elemental en el deporte de las bolas y los strikes, una disciplina colectiva en el más amplio sentido de la palabra.
Si la maquinaria de una novena no funciona a la manera de un todo armónico, será muy difícil que logre buenos resultados, y tal máxima también es aplicable cuando nos referimos a la interacción y confluencia entre peloteros y árbitros, pues al incurrir en constantes y reiteradas faltas uno estos factores entonces se daña el espectáculo.
Las malas decisiones arbitrales son perjudiciales, sobre todo cuando se roban el "show" e inciden en el desenlace de un encuentro, opacando o maltratando la labor de los jugadores, ya sea por equivocaciones en el conteo o el simple hecho cantar out o safe en una acción. Para pulir tales deficiencias se debe intensificar su trabajo de pretemporada, de forma que con el tiempo y la experiencia acumulada en los diamantes perfeccionen el desplazamiento y la colocación, detalles que los ayudarán a encontrar los mejores ángulos en cada jugada y actuar con autoridad.
También es imprescindible que unifiquen opiniones con respecto a la zona de strike, pues si bien las decisiones pasan por subjetividad y apreciación, resulta inaceptable tanta variabilidad de criterios. "Antes de comenzar la Serie participamos en seminarios con el objetivo de analizar todos los problemas que tenemos y para sentar las bases teóricas del arbitraje en el campeonato, en cuestiones tan elementales como la discusión del Reglamento.
Sin embargo, lo idóneo para eliminar errores es trabajar en el terreno, participar en los torneos provinciales y consumir el máximo de partidos de cualquier béisbol", explica Niebla.
Solo así, en el terreno, lograrán la maestría y profesionalidad que tanto demanda la afición y el propio pelotero, que también debe poner de su parte y limitar las protestas sin sentido por nimiedades, en lugar de preocuparse por sus propios errores.
Como ya dije, el béisbol es un deporte colectivo en el más amplio sentido de la palabra, y todos, absolutamente todos, deben poner de su parte para alcanzar la armonía en el terreno, sin dejar por un solo momento de luchar a brazo partido por sus intereses.