Washington debe aprender de La Habana

El 17 de enero de 1961 se produjo la detención en Cuba de seis mercenarios de origen norteamericano, quienes fueron capturados cuando intentaron desembarcar con armas y explosivos en la costa norte.

El comando había sido reclutado, entrenado, armado y financiado por el esbirro Rolando Masferrer Rojas, falso Senador, quien en Cuba al servicio de la tiranía batistiana había dirigido a los temibles escuadrones de la muerte conocidos como "Los Tigres de Masferrer", que asesinaron a decenas de jóvenes y enlutaron a familias cubanas.

Masferrer escapó de la justicia revolucionaria el 7 de enero de 1959, cuando a bordo del yate Olakum II y en compañía de 26 torturadores y testaferros se refugió en Miami. Se había robado 17 millones de dólares del erario público cubano y los llevó consigo en maletas y los retuvo sin ser molestado.

Cuba solicitó de inmediato su extradición, pero las autoridades norteamericanas no dieron respuesta a la solicitud, sin importarles su extenso prontuario como torturador y asesino al darle protección.

Para sustentar la solicitud las autoridades cubanas presentaron los documentos legales y las pruebas numerosas existentes en la Causa 42 de 1959 del Tribunal Revolucionario de Santiago de Cuba, en la cual Masferrer junto a los criminales René Feria Pérez y Rilde González fueron procesados y juzgados con todas las garantías procesales previstas en derecho por los delitos de asesinato, tortura, lesión, robo y maltratos. Durante el proceso judicial salieron a la luz la mayoría de sus crímenes conocidos, entre estos, el asesinato del joven Mario Iglesias Vega y de otras personas.  Con rigor y objetividad se le presentó a la justicia norteamericana la abundante documentación disponible, además de las pruebas, evidencias, denuncias y testimonios de las víctimas del sicario batistiano.

El 26 de enero de ese mismo año junto al terrorista Ernesto de la Fe ya se encontraba en planes en Estados Unidos para eliminar al líder histórico de la Revolución Fidel Castro Ruz. Apenas dos meses después organizó otro plan de atentado contra el máximo dirigente el 28 de marzo de 1959, apoyándose en el operativo de la  CIA Frank Sturgis.

Masferrer había tenido estrechos vínculos con los servicios de inteligencia de Estados Unidos desde antes del primero de enero de 1959, particularmente con la CIA y el FBI, que lo siguieron empleando tras el derrocamiento de la dictadura hasta que se hizo un estorbo y decidieron eliminarlo. Masferrer murió como vivió, el 31 de octubre de 1975, en medio de una guerra entre pandillas terroristas, una bomba colocada debajo de su auto estalló y lo mató instantáneamente.

Fue uno de los gestores de uno de los primeros intentos batistianos para derrocar a la Revolución, para ello se asoció a su viejo amigo Rafael Díaz-Balart Gutiérrez y a otros para fundar la organización terrorista conocida como La Rosa Blanca,

En junio de 1959, Masferrer, fue el autor y resultó acusado de agredir al cónsul cubano en Miami, Alonso Hidalgo Barrios, según consta en el Archivo # 31324-B, desclasificado. Como resultado de esa agresión el entonces jefe de policía Walter E. Hadley Jr. y el Sheriff Thomas J. Kelly, se comprometieron a  poner fin al hostigamiento de los contrarrevolucionarios de origen cubano contra los representantes cubanos en Miami. Masferrer junto Julio Lauren, ex jefe del Servicio de Inteligencia Naval en la dictadura continuaron sus agresiones.

Los seis norteamericanos venían en el yate Aries, que al averiarse perdió el rumbo y recaló en un punto de la costa alejado de su destino. Las armas, explosivos y otros medios fueron lanzados al mar por los criminales. Al ser detenidos se les ocupó uniformes de campaña, mapas de la zona y fotografías. Traían entre sus planes terroristas: el magnicidio, fomentar el bandidismo, afectar la economía y sembrar el pánico entre la población.

Según sus declaraciones trataban de sumarse a los forajidos que actuaban en la provincia de Pinar del Río reconocieron, además,  ser una avanzada de otras infiltraciones organizadas por Masferrer. No serían los primeros, ni los últimos mercenarios de origen norteamericano, que han participado por más de medio siglo de agresiones en actos de terrorismo, espionaje y otras actividades subversivas. Resultados avanzados de investigaciones en curso permiten adelantan que más de  medio centenar de estadounidenses han sido capturados por las autoridades cubanas en acciones agresivas en el territorio cubano.

Los seis mercenarios fueron procesados por sus delitos e incoados en la  Causa 36/61, y finalmente sancionados a treinta años de privación de libertad. El proceso fue seguido por el funcionario Gilbert Dardel, consejero de la Embajada de Suiza en La Habana, representación diplomática a cargo de los intereses  norteamericanos en Cuba desde el 3 de enero de 1961, cuando se rompieron las relaciones entre ambos países.

Sin embargo las autoridades cubanas en un gesto humanitario, en medio de una sistemática agresión, decidieron no obstante la grave amenaza que representó la acción de estos mercenarios norteamericanos, quienes con armas y explosivos se disponían a desembarcar en Cuba, cuando ya en los campamentos de mercenarios en Guatemala se ultimaban los detalles finales para la invasión, los liberó en abril de 1963 como acto clemente. El día veintidós de ese mes viajaron hacia Estados Unidos.

No fue un gesto aislado junto con estos seis mercenarios, otros dieciocho norteamericanos fueron indultados el 23 de abril de 1963, uno de los años en que se registra la mayor cantidad de actos terroristas contra Cuba, para un total de 148 hechos consumados por terroristas procedentes de Estados Unidos, de estas 140 incursiones contra las costas cubanas.

Washington debía aprender de la política humanitaria histórica de la Revolución cubana y poner en libertad a los antiterroristas cubanos, quienes injustamente están en prisión hace más de trece años en cárceles norteamericanas, que no dañaron a la seguridad nacional de Estados Unidos, combatieron al terrorismo y recopilaron informaciones que protegieron vidas norteamericanas, cubanas y de personas de otros países. Permitirles que regresen a su país sería un acto soberano del Premio Nobel de la Paz norteamericano.

17 de enero de 2012