Strike 3: La vergüenza de Rotterdam

Sin su estrella del montículo, curazao controló el ataque cubano.

Horas después del trago amargo, escribo algunos párrafos entre furioso y aturdido. Todavía no puedo digerirlo. Tan absurdo fue el golpe, que al amigo que me dio la noticia lo tildé de mentiroso.

Increíble: Curazao nos ganó en la pelota. Quiero decir, que Curazao nos arañó el orgullo. Nos ridiculizó, para decirlo con el verbo justo. Y es terrible.

¡Que levante la mano el que intuyó el revés!... Seguramente nadie lo hizo. Ni en La Habana, ni en Camagüey, ni en Guantánamo, ni siquiera en la propia capital curazoleña... Ray Bradbury habría sentido verdadera envidia del guión de esta novela inverosímil.

Y ahora que hablo de guión, ¿tiene autor este fracaso? Más de un forista la ha emprendido de inmediato contra Higinio Vélez, la Comisión Nacional, Roger Machado... Pero a decir verdad, aun cuando no comulgo con ninguno de los tres, no estoy de acuerdo.

Ninguna teoría justifica tan infame varapalos. Por muy desatinada que fuera la preparación del grupo, Curazao no podía derrotarnos. Por muy poco adaptados al cambio de horario que estuvieran los atletas, Curazao era diez veces inferior sobre el diamante. Por muy disfuncional que resultara la alineación cubana, Curazao distaba de poder emularla.

No me valen las justificaciones. No las hay. La bola empleada bota poco, pero es la misma para los dos equipos. ¿O acaso el contrario bateaba contra Rawlings o Mizuno? Y es cierto: Curazao goza de alguna historia beisbolera, pero ojo –muchísimo ojo-, no pasa de ser uno más en el concierto.

(Para quienes se empeñan ahora en recordar que la isla de Antillas Menores ha parido a peloteros como Andrew Jones, Jair Jurrjens, Kenley Jansen y Roger Bernadina, todos ellos en Grandes Ligas hoy en día, les recuerdo que esos argumentos son válidos para impresionar a un sueco, pero no a los nativos de la Llave del Golfo, que dio a luz a Dihígo, Linares, Tany Pérez, Casanova, Luis Tiant, Víctor Mesa, Campaneris y un infinito etcétera de glorias).

No es menosprecio, aunque si alguien quiere verlo como tal, pues adelante. Curazao puede reunir a todo su talento del Big Show y juntarlo con los hombres que tiene dispersos por ligas en Holanda y Venezuela, y ni siquiera así debe ganarle a Cuba. Ni en Rotterdam, ni en la Conchinchina.

Moriremos cien veces antes de que Islas Fidji le gane a Brasil en el fútbol.