Miguel Alfredo, uno de los pocos "duros" de este béisbol.
Con ese inefable poder que tiene la estadística de béisbol, un magnífico material de Sigfredo Barros corroboró lo que expuse hace un tiempo en este espacio. Decía yo: "Puedo contar con los dedos de las manos la cantidad de pitchers de poder que lanzan hoy en nuestra Serie Nacional. No exagero: desconozco el número exacto, pero seguro estoy de que es muy bajo".
El texto de Sigfredo fortaleció la afirmación. Apoyado en un estudio de los profesores Julio Castanedo y Héctor Camejo, quienes tomaron como muestra a 49 lanzadores de la región occidental, probó cuán triste situación atravesamos en el pitcheo de velocidad.
Solo 11 de los lanzadores analizados toparon las 90 millas, dijo mi colega, y únicamente el 22,45 por ciento pueden ser considerados serpentineros veloces, a tenor con los resultados del estudio.
Lamentable. Y también misterioso, ¿por qué no? Sí, porque brazos fuertes aparecen por montones en esta Isla beisbolera.
Sigfredo establece como posibles causas los problemas con la mecánica de lanzamiento y el bajo peso corporal de un nada despreciable número de monticulistas. Y lleva muchísima razón, así lo creo. Pero hay al menos otros dos factores desencadenantes de este proceso ralentizador.
El primero se refiere a que acaso no se trabaja con la debida intensidad el tren inferior. Nunca olvido una entrevista que le realizaron a Nolan Ryan, uno de los grandes supersónicos de todas las épocas, quien no vaciló en achacar su terrible velocidad a la fuerza de sus piernas.
Y es que, obviamente, la potencia del envío nace allí, y se transfiere sucesivamente al tronco, el hombro, el brazo y, por último, la mano. Luego, tirar duro requiere de abundante carrera, y también de mucho "hierro" en el gimnasio.
El segundo factor se explica solo: la mala captación. Un muchacho esmirriado difícilmente llegue a ser un pitcher de poder. Si, en cambio, tuviera seis pies, lo más probable es que la enseñanza lo conduzca a rebasar la mítica barrera de las 90 millas.
La recta rápida es el jonrón del lanzador. Como escribí una vez en esta página, "hemos ido olvidando que la materia prima fundamental es la velocidad, que la recta -el lanzamiento más fácil de dominar y menos propenso a provocar lesiones- es el arma de exterminio masivo del béisbol. El non plus. El rey de reyes".