Elecciones color del dinero

En medio de la más profunda crisis económica de su historia, cuando la deuda nacional asciende a 13.7 millones de millones de dólares, en Estados Unidos la “democracia” funciona cada vez más a golpe de billetes.

Mirando los escandalosos números que se manejan, al parecer el negocio de comprar asientos en el Congreso de la Unión ha sufrido también la inflación financiera y la debilidad del dólar. Únase a ello la decisión de la Corte Suprema de EE.UU de eliminar los límites al financiamiento de las campañas por parte de las empresas e intereses privados, y el ímpetu de algunos ricos que han desechado a intermediarios políticos y están aspirando ellos mismo a puestos legislativos.

Si en las elecciones intermedias de 2006 los candidatos al Congreso y las Gobernaciones gastaron en sus campañas un total de 2 800 millones de dólares, para las actuales el Centro de Política Responsable calcula un gasto superior a los 4 mil millones de dólares, un récord en la historia electoral de Estados Unidos.

“Sabíamos que esta elección haría historia en materia de gasto, pero el crecimiento es apabullante”, ha dicho la directora del Centro de Política Responsable, Sheila Krumholtz, cuya entidad revisó la recaudación de fondos de campaña reportados a la Comisión Federal Electoral.

La Caja de Pandora

La decisión de la Corte Suprema a principios de año, en el proceso Citizen United vs. Federal Election Comissión, legalizó los gastos de campaña ilimitados por parte de las corporaciones, asociaciones de comercio, organizaciones sociales y otras entidades similares, quienes pueden dar su aporte en el anonimato si así lo desean. Se rompieron así los difusos límites impuestos durante más de cuatro décadas.

Karl Rove ahora como cerebro del financimiento de las campañas republicanas

Irrumpieron entonces en la arena política diversos grupos con nombres rimbombantes o patrióticos, con fachada de entidades no lucrativas y con la ventaja de mantener ocultos a sus donantes. La mayor parte de ellos se crearon para apoyar a un resurgido Partido Republicano. Los más prominentes son “American Crossroads” y “Crossroads GPS”, capitaneados por el tenebroso “cerebro político” de W. Bush, Karl Rove, que ya han recaudado 52 millones para la campaña republicana y esperan sobrepasar los 70 millones en recaudaciones antes del día electoral de mañana. Americans for Prosperity, que ha centrado la campaña de 60 aspirantes republicanos, piensa gastar unos 35 millones de dólares en promover a sus candidatos. También están el America Future Fund (8.9 millones invertidos), el Americans for Job Security (8.5 Millones), el America´s Families First Action Fund ((5 millones) y otros similares.

The Washington Post calcula que esos grupos de interés gastarán más de 400 millones de dólares en las elecciones de este año, una cifra superior al total combinado de los Comités Nacionales Demócrata y Republicano. Un estudio de la organización Public Citizen destaca que si en los comicios de 2004 el 98% de los grupos reveló el nombre de los donantes que pagaron sus anuncios políticos, en la presente contienda sólo un 38 por ciento lo ha hecho.

Los grandes apostadores

La élite norteamericana hace sus apuestas políticas e invierte en sus intereses. Los grupos de poder lastimados de alguna manera por las decisiones de la administración Obama sueltan los billetes para remover a la mayoría demócrata en el Congreso. Las compañías petroleras que no quieren restricciones a sus perforaciones ni cuotas de energía limpia, las firmas de Wall Street molestas con las nuevas y tímidas regulaciones financieras, las firmas de seguro incómodas con la reforma de salud, los multimillonarios que desean mantener los favores impositivos que les propició la administración W. Bush, pueden ahora gastar cuanto deseen para tratar de comprar un Congreso a su antojo.

Rupert Murdoch

El patrón de la prensa derechista Rupert Murdoch entregó a principios de octubre una donación de 1 millón de dólares para la Cámara de Comercio de Estados Unidos, una institución supuestamente independiente, pero que ha gastado este año más de 31.7 millones en la campaña de varios candidatos republicanos y cuenta con 75 millones en sus fondos para tales fines.

Murdoch, de origen australiano y dueño de poderosos medios de comunicación como la cadena televisiva Fox- la primera del país-, The Wall Street Journal –el diario más vendido- y el tabloide The New York Post, ya había entregado en junio otro millón de dólares a la Asociación de Gobernadores Republicanos, convirtiéndose en el empresario de los medios que más abiertamente trata de influir en la política estadounidense. La televisora Fox es la más furibunda tribuna para los extremistas del Tea Party, el movimiento encabezado por Sara Palin, la ex candidata republicana a la vicepresidencia, quien también conduce uno de los programas de la cadena.

Otros notorios contribuyentes son los multimillonarios David y Charles Koch, dueños de Koch Industries, la segunda mayor empresa privada de EEUU. Según la revista The New Yorker, agrupaciones y think tanks muy ligadas a los Koch, como Americans for Prosperity o Freedom Works, han inyectado al menos 5 millones de dólares para organizar y entrenar a militantes del Tea Party. "Gracias al dinero invertido en educar y organizar a los simpatizantes del Tea Party, los hermanos Koch han convertido su propia agenda política en un movimiento de masas", aseguró Bruce Barlett, economista e historiador a la publicación neoyorquina.

También están los casos de los barones de la energía, las finanzas y los medios, Trevor Rees-Jones (Presidente y Jefe Ejecutivo de Chief Oil and Gas), Robert Rowling (Jefe Ejecutivo de TRT Holdings , un emporio de hoteles, gimnasios deportivos y bancos) y Jerry Perenchio (ex dueño de Univisión y otros medios), quienes han firmado cheques por un millón de dólares o más para American Crossroads, el ente electoral que maneja Karl Rove.

Estos son los donantes públicos y notorios. Muchos otros permanecen en la oscuridad.

La plutocracia a la política

Si en el actual Congreso de los Estados Unidos hay 237 millonarios, ahora son los multimillonarios los que centran las noticias de estos comicios. Alentados por el éxito de Michael Bloomberg, el superacaudalado alcalde de Nueva York, algunos de los miembros del selecto club de las 400 fortunas más grandes del imperio se han lanzado a la carrera política. Son los poderosos que ya no quieren intermediarios que les representen. Buscan comprarse los puestos políticos para sí mismos.

El más sobresaliente caso entre los candidatos sin experiencia política, pero con una gran fortuna, es la candidata republicana a la gobernación de California Meg Whitman, ex directora ejecutiva del sitio de ventas en internet eBay, quien ha gastado la friolera de 140 millones de dólares de su propia fortuna tratando de comprarse el cargo público, a los que se suman unos 30 millones de dólares de contribuciones de simpatizantes de dentro y fuera de California. En ese mismo estado compite por un puesto en el Senado Carly Fiorina, la ex presidenta ejecutiva de Hewlett-Packard y una de las mujeres más influyentes en el país. En Connecticut, la candidata republicana a uno de los puestos en el Senado Linda McMahon, dueña de la firma de lucha libre a la americana World Wrestling Entertainment, ha gastado más de 40 millones de su fortuna en la contienda con el contendiente demócrata Richard Blumenthal.

Carly Fiorina, Meg Whitman y Linda McMahon, las multimillonarias en contienda (de izq. a der.)

Sillas caras

El diario The Washington Post cifra en 4 millones de dólares el costo promedio de un asiento congresional en las actuales elecciones. Pero hay unos cuantos a los que les costará mucho más comprarse el puesto legislativo. Veamos algunas cifras que revela el Instituto para el Financiamiento de las Campañas:

La carrera senatorial en California entre la incumbente demócrata Bárbara Boxer (a quienes los republicanos odian ferozmente) y la multimillonaria Carly Fiorina se ha convertido en la más cara de la nación, con 47 millones de dólares gastados entre ambos bandos.

Le sigue la disputa por un puesto de Senador en Colorado entre el incumbente demócrata Michael Bennet y su contendiente republicano Kenk Buck . Los candidatos han gastado hasta hoy unos 45 millones de dólares, 30 de los cuales han provenido de los grupos creados para fines electorales tras la decisión de la Corte Suprema.

En Pensilvania, la contienda electoral por un lugar en el Senado entre el republicano Patrick Joseph Toomey y el demócrata Joseph A Sestak Jr. ha costadoya más de 39 millones de dólares.

En el estado de Washington, la puja senatorial entre Patty Murray (Dem.) y Dino Rossi (Rep.) acumula gastos por más de 36 millones de dólares.

Democracia en venta

Así ha titulado la revista The Nation un editorial que analiza lo que está ocurriendo con las elecciones norteamericanas y el poder avasallador del dinero. Otros voceros del liberalismo lanzan sus gritos ante una realidad que favorece a sus enemigos políticos y las corporaciones.

El periodista Bill Moyers dijo recientemente que el dinero en política es “una daga directa al corazón de la democracia” y previno que “el activismo de la mayoría reaccionaria en la Corte Suprema…ha abierto las puertas para que oligarcas y plutócratas compren secretamente nuestras elecciones y consoliden su sostenimiento del Estado corporativo”

La editora de The Nation Katrina vanden Heuvel, en un artículo para The Washington Post donde analiza el enorme flujo de dinero que ha inundado estos comicios señala: “Esto, en fin, es el frente actual de una histórica contienda. ¿Quién gobierna a Estados Unidos—la poderosa minoría o la mayoría, el dinero o los ciudadanos?”

La respuesta está a la vista.