Por Juan Marrero
Dos casos de adulterio -uno en Irán, otro en Estados Unidos--, unidos a asesinatos de sus esposos, pueden llevar a la muerte a las mujeres que participaron en ellos.
En Irán, Sakineh Mohammadi Hastían, de 43 años de edad, es acusada de endrogar a su marido para que el amante pudiese eliminarlo, hecho acontecido en el 2005. En esa cultura, más que el asesinato, ser adúltera es un grave delito, y se ha hablado de ejecución por lapidación o en la horca. (En julio, un tribunal iraní suspendió la aplicación del veredicto por lapidación -a pedradas- y dijo que el caso iba a ser revisado. Más recientemente, el 21 de septiembre, el presidente Ahmadineyad declaró en Nueva York, según Europapress, que la sentencia a morir lapidada aún no es definitiva).
En el estado de Virginia, en Estados Unidos, Teresa Lewis, de 41 años, fue acusada de organizar el asesinato de su esposo e hijastro en el 2002, y debe ser ejecutada con inyección letal en la noche del jueves (23 de septiembre). La Corte Suprema ha ratificado la ejecución.
Las motivaciones de los asesinatos fueron diferentes en ambos casos. La Lewis usó sexo y dinero para persuadir a dos hombres a que cometieran los asesinatos de su esposo e hijastro. Lo hizo con el objetivo de cobrar la póliza de seguro de vida de ambos, ascendente a un cuarto de millón de dólares. El dinero no estuvo presente en el caso de la iraní Sakineh.
Los casos han estado presentes en las últimas semanas en Internet y en los grandes medios internacionales hegemónicos: el de la prisionera norteamericana con un tratamiento informativo de perfil bajo para no armar mucho escándalo; el de la iraní, por el contrario, con un goteo constante de informaciones, tergiversadas y manipuladas, presentando al gobierno de Teherán como totalmente deshumanizado.
Alrededor del caso de Sakineh se ha montado una operación de terrorismo mediático contra el gobierno de Irán, principalmente en la Europa "culta y civilizada", en esa misma Europa que persigue, reprime y discrimina a los gitanos y a los inmigrantes. El Parlamento europeo ha aprobado una resolución contra su condena a muerte por lapidación, aunque ya en el mes de julio Irán había anunciado la suspensión de tal veredicto y hacer un nuevo examen del caso. El presidente francés Nicolás Sarkozy, quien ha ordenado el cierre de campamentos de gitanos y la deportación de ocho mil de ellos, ha tomado como de su responsabilidad la suerte de Sakinheh. ¡Vaya hipocresía!
Por estos días, en Nueva York, donde asistió a la Asamblea General de la ONU sobre los Objetivos de Desarrollo del Milenio, el presidente iraní Ahmadineyad señaló que en Internet había tres millones 700 mil páginas de protestas sobre el caso de Sakineh, pero que, en cambio, sobre la ejecución de la condenada norteamericana había "silencio mediático".
Sabemos muy bien cómo las grandes corporaciones que tienen en sus manos a los grandes medios de comunicación, los utilizan en función de sus intereses y para justificar sus aventuras militares. Hace pocas semanas escribimos en www.cubadebate.cu un análisis sobre una portada de la revista Time, que mostró una imagen brutal e impactante de una joven afgana, a la que mutilaron su nariz y oreja por haber huido de su casa y tratar de escapar de la esclavitud en que la mantenía su marido. Time publicó esa imagen acompañada de la pregunta ¿Qué va a pasar si dejamos Afganistán? Es decir, lo que movía esa publicación, no era tanto la suerte de la mujer afgana, como el justificar la presencia militar norteamericana en Afganistán.
Y el caso Sakineh ha sido colocado como una pieza de propaganda mediática en la ruta de los planes de agresión militar contra Irán que se cocinan en Estados Unidos e Israel por las fuerzas más guerreristas. Eso es evidente.
Como lo es también que muchas cosas están por arreglar en el mundo. Y no son fáciles. Hay que crear conciencia sobre los problemas que enfrenta la Humanidad. En tal misión anda Fidel Castro desde hace mucho tiempo, yo diría desde principios de la Revolución. Ahí está su discurso en la Asamblea General de la ONU en 1960 cuando planteó la necesidad de poner fin a la filosofía del despojo para acabar con la filosofía de la guerra.
Y, además de la guerra, que hoy puede ser nuclear y ocasionar el fin de la existencia de nuestra especie, están problemas como el equilibrio climático del planeta a causa de los gases invernaderos, la pobreza, el hambre, la explosión demográfica, la distribución desigual de los recursos y riquezas del planeta, el subdesarrollo que padecen más de las dos terceras partes de los habitantes, el desempleo, la insalubridad, la muerte de personas por falta de asistencia médica, la xenofobia, la discriminación..., en fin, las injusticias, y, ¿por qué no? las prácticas medievales, como lo es algo tan horrible como la lapidación aplicada por ley en muchos países musulmanes, e incluso la pena de muerte en cualquiera de sus modalidades.
Si queremos aspirar a que haya un mundo civilizado y de convivencia sostenible muchos conceptos y cosas deben cambiar.