Por Eliades Acosta
Un reciente artículo del barcelonés Juan Carlos Castillón[i], hoy residente en Miami, y de alguna manera presentado como especialista en la refutación de teorías conspirativas, va dirigido a "explicarnos" el interés de Fidel por la obra de Daniel Estulin dedicada a denunciar el poder corruptor y totalitario del Grupo Bilderberg.
Castillón es autor de un libro publicado en el 2008 titulado, no sin cierta sorna, "Los amos del mundo". En la obra intenta diferenciar a las teorías conspirativas de la Historiografía "seria", lo cual no está mal, y de paso, caracterizar a las primeras como un "subgénero literario", lo cual, por lo menos es sumamente dudoso y contradice sus propios argumentos. Asombra que alguien que, según una reseña de su libro, "...se ha adentrado en el mundo de la ultraderecha española y en el caótico universo de las teorías conspiranoides" intente convencernos de que la Historia de la Humanidad es solo lo que se ve a simple vista, y excluye ese mundo sumergido y secreto, tan celosamente cultivado por las élites del poder de todas las épocas, tanto por la casta de los escribas del Antiguo Egipto, por vestales y augures encargados de custodiar los arcanos del imperio romano, como por las agencias clasificadoras de la información estatal, y los actuales perseguidores de Wikileaks.
Coincido con Castillón que las teorías conspirativas suelen ser más populares, y son mucho más fáciles de leer, que las obras eruditas. Dan Brown vende muchísimo más que Marx Habermas o Marcuse. También que Irving Kristol o Jeanne Kirpatrick. Y no es casual: goza de una promoción garantizada, y es políticamente correcto, o sea liberalmente conveniente, y definitivamente inocuo. Si las teorías conspirativas sólo fuesen un "subgénero literario", no habría motivo de preocupación, como no lo hay con respecto a la ciencia ficción, la novela gótica o la literatura fantástica. Lo que complica la situación es que a diferencia de estas últimas, ellas remiten a intereses en pugna y a las luchas políticas reales, y siempre toman partido.
Muchas teorías conspirativas suelen llevar las polémicas acerca de las causas y los orígenes de los fenómenos y hechos históricos, al callejón sin salida de las especulaciones, los ensueños y las fantasías, o lo que es lo mismo, a la trivialización del debate, al envilecimiento del pensamiento científico, y en consecuencia, al congelamiento de la acción social transformadora. Porque cuando no se profundiza en las verdadera causas generales y en las fuerzas motrices reales de la Historia, se condena a los hombres a girar eternamente en el círculo vicioso de la ignorancia y la impotencia. A este grupo pertenecen obras de origen dudoso como "Los Protocolos de los Sabios de Sión", y sin ir más lejos, una buena parte de lo publicado sobre el estallido del crucero acorazado "Maine" en febrero de 1898, en la bahía de La Habana, sobre el atentado a Kennedy, o lo sucedido en New York el 11 de septiembre del 2001. Y no siempre sus autores obedecen al seráfico grupo de los soñadores, sino que es perceptible el deseo y el encargo que les hace llevar las pesquisas por caminos minados con falsas señales, precisamente pensadas para desorientar y confundir.
Existen investigadores serios y enjundiosos que son tildados de "conspiranóicos" cuando han puesto el dedo en la llaga o se están acercando demasiado a verdades que deben ser mantenidas en secreto. Y es aquí cuando entran en escena los "especialistas en refutar las teorías conspiratorias", esos aguadores de la fiesta, al estilo Castillón, que reivindicando un escepticismo a ultranza no ven lo que no les conviene ver, y no solo descalifican, sino que desprestigian. Más allá de ideas políticas o credos filosóficos, es muy sencillo otorgar o denegar la validez de una teoría: depende de las pruebas científicas y comprobables aportadas, y de la lógica racional de su discurso.
Salvador Díaz- Versón, personaje tan del gusto del editor del sitio donde se acaban de publicar las objeciones de Castillón a Estulin, fue uno de los especialistas criollos en teorías conspirativas que más denunciaba la penetración subrepticia de nazis y espías soviéticos en la vida nacional, y que explicaba la Revolución cubana como el fruto de la acción de un agente estrella de la KGB en la isla, un tal Gumer Bashirov. Una rocambolesca historia de sus archivos secuestrados por órdenes del Che, en enero de 1959, y la imposibilidad de aportar prueba alguna, no ha sido obstáculo para que los amigos contra de Castillón lo alaben, lo citen y lo reverencien bajo la paternal mirada y la pose abacial del experto insobornable. Y si, por ejemplo, un historiador cubano aventúrasela hipótesis de que este indomable luchador contra el comunismo, este patriota a ultranza era agente pago del Trujillismo, y se encontraba, en consecuencia, al servicio de un estado extranjero, esas mismas cheer leaders de Díaz-Versón, atronarían el espacio con diatribas y se rasgarían teatralmente las vestiduras, y no tardaría el experto en endilgarnos un sermón gaónico sobre el peligro de los subgéneros literarios. Solo que, ese hipotético historiador cubano tendría las pruebas, porque Díaz-Versón lo fue. ¿Y entonces? ¿Historia o teoría conspiratoria?
Más que la izquierda y los revolucionarios, quien siempre ha tenido una imaginación diabólica para ver conspiraciones hasta debajo de la cama ha sido la derecha reaccionaria. Y el método no ha sido gratuito, sino de enorme utilidad para justificar represiones y masacres. La lista es enorme y risible, y llama la atención que Castillón, experto en "la ultraderecha española" no mencione aquel ritornello franquista de "la conspiración judeo-masónica-bolchvique" contra su régimen, los dislates del McCarthismo, y la bufonesca afirmación de funcionarios y militares batistianos de que entre los asaltantes al Moncada había "indios putumayos". Para su desmemoria, pues solo ve teorías conspirativas entre aristócratas del Ancien Regime y ex funcionarios socialistas, recomiendo al "experto" el excelente artículo de Alexander Zaitchik, publicado en "Intelligence Report"[ii], donde se reseñan las 10 teorías conspiratorias más difundidas... entre los círculos de la derecha conservadora norteamericana.
Hay algo, finalmente, en que estoy plenamente de acuerdo con Castillón. "Los países en crisis-nos dice-son aquellos donde esas tesis funcionan mejor".
¿Será por ello que Glenn Beck y Sarah Palin acaban de reunir a miles de "Patriotas" del Tea Party Mouvement en Washington para "restaurar el honor perdido de los Estados Unidos", mancillado por algo que denominan como "la maquinaria secular-socialista del Presidente Barack Obama?"
Y después había quien se burlaba del Caudillo de España, Por la Gracia Divina.
[i] Juan Carlos Castillon: "Fidel Castro, Estulin y las teorías de la conspiración", en "Penúltimos Días", 28 de agosto del 2010.
[ii] Alexander Zaitchik: "Patriot Paranoia: A Look at the Top Ten Conspiracy Theory", Intelligence Report, Fall 2010, Issue Number 139