The Huffington Post
Traducido por Yudelkis Domínguez Medina y revisado por Asunción Aday Hernández
Mientras la mayoría de los activistas en pro de la paz evalúan a los demócratas, yo calificaría a Rudolph Giuliani como el más peligroso de todos los candidatos presidenciales en mucho tiempo, debido a que sus políticas sobre Iraq e Irán son la obra de los neoconservadores de línea dura extrema que promovieron el atolladero en Iraq y ahora quieren bombardear a Irán tan pronto como sea posible. Aunque mucho mejor que Giuliani, el senador Joseph Biden es el peor candidato demócrata debido a su exigencia de que se imponga la división en Iraq. La senadora Hillary Clinton, quien lleva la delantera entre los demócratas, se muestra tan ambigua con relación a Iraq que corre el riesgo de perder las elecciones generales al dirigir una buena parte de los votos progresistas hacia los candidatos de un inevitable tercer partido.
Giuliani está asesorado por una red de neoconservadores partidarios de la línea dura dirigida por Norman Podhoretz, quien aboga por una lucha al estilo de la Guerra Fría contra el "fascismo islámico", el bombardeo inmediato del Irán [Comentary, junio de 2007], el derecho a asesinar a los líderes de Irán y Corea del Norte, y la suposición de que todos los musulmanes estadounidenses son sospechosos. [NY Times]. Constituyen una maquinaria bien organizada que cuenta con millones de dólares disponibles para atacar a MoveOn y financiar campañas en recintos universitarios contra el nuevo enemigo foráneo del fascismo islámico, al cual creen que pueden y deben derrotar militarmente.
Los demócratas de principios, quienes apenas cuentan con apoyo en estos momentos, deben ser considerados como las voces fuertes en contra de la guerra, y posibles colaboradores en un movimiento progresista a largo plazo, pero no como posibles candidatos. Entre ellos, Biden, quien pudiera convertirse en secretario de Estado en el gobierno de un presidente demócrata, asume la posición más peligrosa al favorecer la separación o una división de facto del Iraq, donde cada grupo religioso se encargue de patrullar su propia zona. Esto significaría que millones de iraquíes se verían obligados a emigrar de sus casas en Basra, dominada por los chiítas, hacia, por ejemplo, la provincia de Anbar, dominada por los sunitas. El senador Chris Dodd, mientras adopta una firme posición en contra de la confirmación del candidato de Bush para ministro de Justicia, se ha mostrado indeciso en su postura en contra de la guerra durante la campaña. Al mismo tiempo que apoya una retirada que duraría de 12 a 18 meses, desea, además, que los soldados estadounidenses sean reubicados lejos de las principales ciudades iraquíes, hacia las regiones fronterizas y el Kurdistán, Kuwait, Qatar y Afganistán. (Discurso del 12 de octubre de 2006.)
Bill Richardson, otro candidato para un futuro puesto en el gabinete, asume la posición más nítida de todos con respecto a Iraq, pues promete retirar todos los soldados estadounidenses en un año, a la vez que promueve esfuerzos diplomáticos para lograr la estabilidad en la región. Y por supuesto, Dennis Kucinich es la esperanza para el sector que está en contra de la guerra.
Entre los que llevan la delantera actualmente, John Edwards es el que asume la posición más firme en contra de la guerra, pues aboga por la retirada inmediata de 40 mil a 50 mil soldados estadounidenses, la retirada de los soldados restantes en un período de 12 a 18 meses, y por iniciativas diplomáticas a favor de la paz. Sin embargo, su posición incluye un espacio importante para que "suficientes" efectivos estadounidenses permanezcan en la región con el objetivo de evitar que se convierta en un refugio de terroristas o que ocurra un genocidio étnico. Además, Edwards ha declarado que está a favor de intensificar el entrenamiento de las fuerzas de seguridad iraquíes. (NYT, 26 de febrero de 2007.)
La posición del senador Barack Obama ha mejorado un poco con sus últimos matices. Está a favor de una continua retirada en un lapso de 16 meses. (NYT, 2 de noviembre.) Al retirar su apoyo incondicional a los entrenadores estadounidenses en medio de una sucia guerra sectaria, Obama plantea que sólo apoyaría a los entrenadores si el régimen de Bagdad se compromete a la reconciliación política y transforma su policía sectaria, escenario casi imposible de imaginar. Por otro lado, Obama no permitiría que los entrenadores estadounidenses estuviesen "en peligro". Así y todo, también está a favor de que un número indefinido de soldados estadounidenses ubicados en la región puedan llevar a cabo "acciones antiterroristas" o regresar a "corto plazo" al Iraq, en caso de un genocidio contra los civiles. Obama parece estar atrapado entre su tendencia a crear un "nuevo centro" y la necesidad de acrecentar sus diferencias con Hillary Clinton en relación con Iraq.
Obama vincula correctamente un plan de retirada con motivar a otros países para que se comprometan a lograr la estabilidad en la región. "Una vez que quede claro que no pretendemos permanecer allí por 10 ó 20 años, todas estas partes tienen interés de ver cómo nos arreglamos para estabilizar la situación." Obama también ha fortalecido su posición de no llevar el conflicto a Irán. Por el contrario, se dedicará a una "intensa diplomacia personal" que incluye la promesa de poner fin a la política de Bush del cambio de régimen, a cambio de la colaboración iraní en el logro de la estabilidad regional.
La senadora Hillary Clinton, posible candidata demócrata en este momento, sigue siendo la más indescifrable de los candidatos con respecto a Iraq. Por una parte, promete "poner fin a la guerra" y ha votado en contra del embate de Bush y a favor de que la fecha límite para la retirada de las tropas de combate sea marzo de 2008. Ha sugerido que se suspendan los fondos destinados a las fuerzas de seguridad iraquíes y contratistas privados, a menos que el gobierno iraquí garantice algunas reformas, aunque no ha insistido en esta propuesta. (NYT, 26 de febrero de 2007.) Por otra parte, favorece a todas luces la idea de dejar un alto número de estadounidenses en Iraq, una fuerza a escala reducida, por tiempo indefinido, para luchar contra al-Qaeda, entrenar al ejército iraquí y resistir una invasión iraní. (NYT, 2 de noviembre de 2007.) Ha emitido un voto perturbador de línea dura al definir a la Guardia Revolucionaria Iraní como un grupo terrorista, lo que puede haber reflejado su posición para las elecciones de noviembre, y ha telegrafiado un mensaje indicando que Iraq está "en el mismo corazón de la región petrolera
(y) precisamente en contra de nuestros intereses, los intereses de la región y los intereses de Israel". (NYT, 15 de marzo de 2007.)
Evidentemente, las opiniones en contra de la guerra en los primeros estados de las primarias será un factor importante para determinar la posición de los candidatos. Edwards ha ejercido presión en Obama y Clinton en Iowa y New Hampshire, y Obama presiona a Clinton por todas partes. Sin embargo, Clinton ya está perfilando su plataforma general para las elecciones frente a otra "vasta conspiración de la derecha". Ella quiere ubicarse a corto plazo en una posición lo suficientemente en contra de la guerra y dejar que Edwards y Obama parezcan más extremistas, lo cual la opinión pública pudiera malinterpretar. El resto de los candidatos demócratas intentarán parecer que están más en contra de la guerra que Clinton porque este punto es su única manera de ganar el favor de las multitudes de electores en contra de la guerra durante las elecciones primarias. El éxito de Clinton depende de si los demócratas e independientes se le unen, y para ello establece una diferenciación entre ella y Giuliani, Mitt Romney o John McCain. Aún está por verse en la larga campaña que se avecina si este enfoque pueda prevalecer o resulte demasiado frustrante y evasivo.
Si Clinton gana la candidatura sobre la base de un programa para Iraq que decepcione a suficientes independientes y a los partidarios de Obama o Edwards, se abrirá un dos por ciento de posibilidades para que Ralph Nader y/o Cynthia McKinney marquen la diferencia en las elecciones de noviembre. Las encuestas recientes muestran a Clinton en un empate virtual con Giuliani entre los electores independientes quienes, de otro modo, se inclinarían por los demócratas. Si ella se niega a asumir una posición más franca con relación a Iraq, puede tratar de volver sobre su punto fuerte nacional argumentando que el ilimitado y derrochador gasto republicano en Iraq le impedirá lograr una buena asistencia médica nacional, lo que constituye un tema de prioridad para la mayoría de estadounidenses, tema en que, evidentemente, Giuliani asume la posición errada. Como presidenta, pudiera describir su lenta retirada de las tropas como una ganancia de paz, una transferencia de los recursos de la guerra a la asistencia médica para los veteranos y todos los estadounidenses.
O en el peor de los casos, su apariencia de titubeo con respecto a Iraq/Irán pudiera reafirmar la percepción de los electores de un oportunismo impredecible y de principios, de manera que los demócratas pierdan, una vez más, las elecciones por un estrecho margen de votos.
-----------------
Tom Hayden es autor de Ending the War in Iraq (Ponerle fin a la Guerra en Iraq) [Akashic, 2007]. No ha apoyado a ningún candidato presidencial. Es miembro de la junta nacional de Demócratas Progresistas de América, y de la junta de redacción de la revista The Nation.
www.huffingtonpost.com/tom-hayden/rating-the-presidential-c_b_70971.html