No solo es cuestionable su manejo de la crisis sanitaria en el país estadounidense, que acumula el mayor número de contagios y muertes, sino también su política de sanciones y guerras en medio de circunstancias que deberían obligar a cada nación a la colaboración y la solidaridad.
Por si fuera poco, suspende el financiamiento a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y exhorta a abrir la economía, en un ejercicio irresponsable de poner en riesgo no solo la salud de su pueblo, sino la del resto del mundo.