Residentes de Baracoa descuelgan un colchón desde un tercer piso de un edificio que sufrió el embate del huracán Matthew en Baracoa. Foto: Ramon Espinosa/ AP
Isla querida:
Llevo unos días pensando en escribirte, comprenderás que no somos pocos los que nos mantenemos expectantes, preocupados por como se desarrollan los acontecimientos. Te confieso que me pareció raro nombrarte Isla, más cuando lo hice, fueron apareciendo en mi memoria rostros queridos, gestos entrañables de cada uno de los seres que te hacen ser ese sitio en que me siento parte, ese lugar al cual pertenezco.
No tengo dudas de la angustia que te embarga, sé lo que sufres cuando eres plenamente consciente del sufrimiento humano. Una parte de vos fue materialmente devastada, imagino el movimiento interno. Me parece estar viendo la disposición de cualquiera de los seres que te constituyen, brigadas emergentes, donativos, manifestaciones sinceras y desinteresadas de solidaridad y sobretodo: organización. Un pueblo alzado ante el embate de un fenómeno natural, con tareas asignadas y pasos previstos con antelación.
Pienso en lo afortunado de haberte conocido y emerge esa extraña sensación que me habitó durante los 12 años que pisé tu suelo, GRACIAS CUBA POR EXISTIR.
A la distancia te abraza con cariño de hijo,
Emiliano Mariscal.
Médico Epidemiólogo Argentino formado en Cuba. Miembro de la Brigada Internacional Henry Reeve. Actualmente en Argentina.
Un helicóptero de la Defensa Civil cubana sobrevuela Baracoa tras el paso del huracán. Foto: Ramon Espinosa/ AP
Una familia de Baracoa pone a secar, junto a un pulóver, los libros que sobrevivieron a Matthew. Foto: Ramon Espinosa/ AP
Un niño y una mujer en Baracoa, tras el paso del huracán Matthew. Foto: Ramon Espinosa/ AP
Los pobladores aprovechan que ha salido el sol para secar la ropa. Foto: Ramon Espinosa/ AP