Una mujer común, que se comporta heroicamente

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Marlene celebró los 80 de su amado esposo, los mismos que ella unos días antes. Pocas horas después, justo el Día de las Madres, decidió descansar su cuerpo y su corazón.

Cuando mi hermana me llama para decirme, mamá no se despierta, ya estaba avisada su querida doctora Margarita, del Consultorio 13. En lo que me trasladé allí, casi coincido con un eficiente equipo del Sistema de Urgencia Médica: Yadira, Wilson y Alexis. Ya en el Hospital los doctores parecían abejitas sobre la flor, mi madre. Allí estaban Rodolfo, Natalia, Sandra, Juan Carlos y un grupo de intensivistas. Mamá tiene todo lo que merece.

Y es que siendo una adolescente, ya estaba dando quehacer cargando balas bajo sus faldas, en las narices de los soldados batistianos, que le insistían en darle un “aventón” en su jeep, para acercar a la bella Batutera principal de la Banda de la Escuela Normalista para Maestros de Guantánamo. Allí, además de hambre, recibió la humillación y repelió con piedras a los marines norteamericanos cuando salían en “bandadas” de la Base Naval Yanqui, reclamando favores sexuales de cuanta muchacha decente caminaba por las calles.

Ya graduada se fue a la montaña. Alfabetizó a ancianos, niños y hombres de campo, con quienes recogía café, mientras construían su escuelita de tablas de palma en ese sitial de su memoria: Cambute. Años después enseñó en La Aguada de Vázquez, donde un joven vestido de verdeolivo, la cortejaba con frutas a través de la cerca perimentral de la escuela, durante el receso escolar. De ahí, salió con papá para casarse en su natal Palma Soriano y para fundar, la única escuela de Enseñanza Especial para Niños con Retraso Mental y escolar, de la región. Tanto como en su labor emancipadora, en la Federación de Mujeres Cubanas, desde su Comité Nacional.

Vinculados ambos a la institucionalización, la labor política y cultural, no faltó tarea, ni caña que ahilar con sus dos niñas a cuestas. Ese pueblo los recuerda con amor, y en honor a la verdad, mucho más a “La Maestra” que tantos niños y jóvenes incorporó al estudio y al trabajo social.

Todo eso transcurría como la vida, hasta que la luz cegó sus ojos. Fue el aviso para ser sometida a una compleja operación neurológica. Un tumor cerebral la amenazó, con seis meses de gracia. Pero de esa, también se libró. La intervención oportuna del neurocirujano, Doctor Camblor de Santiago de Cuba, la alegría y el ímpetu de ver crecer a sus hijas, al menos hasta que cumplieran los 15 años.

De tanto empeño, ganó. Sus hijas se hicieron profesionales plenas, cumplieron misiones que la enorgullecieron, una de ellas ofreciendo salud a los hermanos venezolanos. Detrás siguieron los nietos, ya graduados universitarios o por hacerlo. De manera que Marlene tiene mucho que agradecerle a la vida, dedicada a servir, enseñar y amar a la Revolución cubana.

A ti también te doy las gracias, cuando a tu corazón cansado le ha sido concedida la ayuda, por esos médicos que sin preguntar quién eres o cuanto puedes pagar, han estado contigo sin descanso.

En este minuto, mamá permanece en Terapia intensiva, asistida por un marcapaso transitorio que le aporta el estímulo imprescindible a su hermoso corazón.

Tú, guerrera de luz que aún batallas, haz lo que quieras. Si decides partir lo entenderé, de todas maneras te quedas en nosotros. Me decía sin atreverme a verbalizar mis pensamientos ante tu estado de inconciencia, cuando la enfermera de turno me permitió entrar, verte unos minutos. Entonces, de mis labios sale otra expresión: - mamá, despierta, tus hijas están contigo y tú me sorprendes abriendo esos inmensos ojos moros, adornados con tu eterna sonrisa.

En honor a Marlene Sofía Arafet. Heroína Nacional del Trabajo. Distinción más alta, conferida por el Comandante Fidel Castro Ruz y entregada por Raúl, a una mujer común, que se comporta heroicamente.