Clayton Kershaw en el estadio Victoria de Girón de Matanzas. Foto: José Raúl Concepción/Cubadebate.
Por Julio Batista
Lo interesante de la política es que, con un cambio de palabras, se puede presumir de avances sin haber cambiado nada. Lo malo de esa misma práctica es que genera expectativas cuando, en realidad, las condiciones no varían.
Eso es justo lo que sucede con las relaciones entre el béisbol cubano y las Grandes Ligas (MLB) estadounidenses. No importa qué se quiera decir, no importa que Robert B. Manfred, comisionado de las Grandes Ligas, y su comitiva se sentaran con Higinio Vélez, presidente de la Federación Cubana de Béisbol (FCB), y su comitiva en La Habana, no importa tampoco que los Tampa jugaran y —como era lógico— ganaran… lo cierto es que, un año y tres meses después del 17D, las condiciones reales para la llegada de cubanos a las MLB no han cambiado.
Y hablo de esencias, no solo de apretones de manos y promesas futuras o del establecimiento de oficinas de auxiliares de la MLB en la capital cubana. Por desgracia, para los jugadores cubanos de béisbol que aspiren a intentar el camino a la Gran Carpa, hoy solo queda una vía: abandonar Cuba.
Cinco días antes de la visita del presidente norteamericano a la Isla, el Departamento del Tesoro hizo pública una serie de medidas de acercamiento económico y de “apoyo” al sector empresarial privado en Cuba. Dentro del paquete destacaban dos párrafos, en virtud de los cuales los ciudadanos cubanos “en Estados Unidos que tengan un estatus de no inmigrante o que están pendientes de otra autorización de viaje de no inmigrante ganen un salario o una compensación, en cumplimiento con los términos del visado particular, siempre y cuando su receptor no esté sujeto a ninguna valoración tributaria especial en Cuba”.
Dentro de ese grupo de ciudadanos cubanos, por supuesto, las medidas del Departamento del Tesoro y la Oficina de Control de Activos extranjeros (OFAC) hacen alusión directa a los atletas.
Todo bien, podría pensarse. Finalmente, sin quedarse a vivir en los Estados Unidos ni renunciar a Cuba como país de residencia —no lo pide la legislación, al menos no explícitamente—, un cubano puede trabajar y recibir un salario en territorio norteamericano. Todo muy bien, ¿no es cierto?
Sin embargo, regresemos a una frase elemental del texto: “siempre y cuando su receptor no esté sujeto a ninguna valoración tributaria especial en Cuba”. O lo que es lo mismo, usted, su vecino o yo mismo, podríamos recibir una salario en los Estados Unidos por nuestro trabajo, aun siendo cubanos, siempre y cuando desobedezcamos los compromisos tributarios legalmente establecidos con el Estado cubano; un compromiso con el cual cumplen todos los ciudadanos de cualquier país del mundo, especialmente los estadounidenses.
Entonces habría dos variantes: o se burla el fisco cubano, dicho por las claras evasión fiscal, incurriendo en una violación legal punible por la ley y que puede conllevar fuertes multas o hasta prisión; o cobra y se larga de su país. No es tan complicado, ¿no?
Sí, a todas luces podría pensarse que es un paso de avance y en cierta medida, al menos en lo teórico, lo es. Ya no es obligatorio tener residencia fuera de Cuba, solo que ahora se nos conmina a violar nuestras propias leyes. Leyes, debemos decirlo, que no contradicen en nada ni son diferentes a las del resto de los países en este tema.
Meses atrás la propia OFAC había hecho circular un grupo de medidas que, según lo enunciado, buscaban eliminar el tráfico humano de beisbolistas cubanos que intentaban llegar a los Estados Unidos. Sin embargo, fijaba reglas muy claras: los peloteros debían demostrar contar con la residencia permanente en un tercer país y debían también firmar un documento o prestar declaración afirmando haber finalizado su relación con Cuba, negando cualquier vínculo con organizaciones políticas cubanas y asegurando que dentro de sus intenciones no estaba la de regresar a la Isla.
Los nuevos pronunciamientos del Departamento del Tesoro son, por amplia ventaja, mucho más refinados. Si algo no podría decirse es que no han trabajado el lenguaje, pero las palabras no marcan la diferencia una vez más. No se trata sino de una variante de la misma política: mismo perro con un collar más estilizado.
Nada ha cambiado, el chantaje permanece intacto: ¿quiere jugar usted en la MLB?, simple, viole la ley de su país o resida fuera de este.
En medio del revuelo mediático de la visita de Obama a Cuba, los máximos dirigentes del béisbol de ambos países se sentaron a la misma mesa en La Habana.
Manfred y los suyos hablaron de un futuro luminoso, de un espacio para que el talento cubano llegara a la MLB, de oficinas de representación de peloteros en Cuba y de próximo spring training en la Isla. También dijeron que no será sencillo, que es un camino largo y que la MLB seguirá acatando las leyes de su país.
Higinio y su gente, en una inusual posición de calma, confirmaron que todos los progresos son bienvenidos, que Cuba está dispuesta a la negociación horizontal, que, incluso, nos queda talento para inyectar en las inflamadas venas de la Gran Carpa. “No queremos ninguna diferencia con nuestros peloteros, no queremos privilegios. Estamos dando pasos al unísono para lograr esa relación, pero sin que los peloteros cubanos tengan que abandonar el país, es decir, su residencia en Cuba”, aseguró Vélez en conferencia de prensa ofrecida en ese momento.
El directivo cubano también dejó claro que su Federación no renunciará a la política implementada por el INDER desde 2014 y que deja en manos de cada Federación Nacional la contratación de sus atletas con un pago por concepto de representación legal, lo cual trata de compensar en alguna medida la inversión que se realiza en la formación de cada atleta.
Hasta ahora podrían enumerarse certezas: primero, ambas partes están dispuestas a negociar; segundo, los términos de dichas negociaciones, por el momento —al menos los visibles—, siguen haciendo posible el entendimiento.
“Estamos trabajando, son asuntos complicados, pero queremos una relación normal”, aseguró en La Habana el Comisionado del MLB. Supongo que tendríamos que preguntar al señor Manfred qué entiende él por normal.
Mientras, y en esta ocasión deberíamos reconocer que la Federación Cubana de Béisbol está en toda la razón, la gran aspiración sigue siendo simple. El lanzador pinareño Yosvani Torres lo tiene muy claro: “espero no tener que renunciar a vivir en mi país para jugar en Grandes Ligas”.
(Tomado de Progreso Semanal)