Incluso en Rusia las personas creen que son propias de este país y casi todas las familias tienen alguna.
Desde este mes de agosto y hasta el próximo 13 de septiembre, en el Museo de Artes Decorativas de Moscú se exhibe una exposición que aclara la historia de estas muñecas, la cual se remonta a 1890.
En ese año Savva Mamontov, un famoso industrial ruso, llevó a su país una serie de siete divinidades de la Fortuna, provenientes de Japón. La mayor representaba al dios de la sabiduría, Fukurokuju. Luego el pintor Serguei Maliutin hizo una versión rusa en su taller de artesanía.
Enseguida se volvió popular y se denominó “matriona” (campesina). Y luego “matrioska”, que es el diminutivo de “matriona”.
Las matrioskas de los años 1920 representaban a obreros, personajes históricos, enemigos del pueblo. En la década siguiente, el estado comenzó a encargarse de producirlas y se crearon fábricas en distintas ciudades del país.
Después estaban marcadas por el internacionalismo y hubo muñecas rusas, ucranianas, bielorrusas.
Actualmente, las matrioskas representan los sucesos políticos del momento, pero sobre todo, captan y simbolizan el carácter nacional, por lo cual están entre los recuerdos que más buscan los turistas.
Asimismo, han perdido un poco su carácter tradicional y pueden mostrar desde futbolistas hasta personajes como Harry Potter.
Sus creadores coinciden en que la belleza de la matrioska depende de poner el alma mientras se trabaja en su realización.
(Con información de La voz del sandinismo)