La Corte Suprema resolvió, por una mayoría de seis votos contra tres, que el presidente tiene el “poder exclusivo” para reconocer a los países extranjeros, y de esa manera puso fin a la extensa disputa legal sobre una legislación del Congreso que le permitía a un ciudadano norteamericano nacido en Jerusalén pedir que figure en su pasaporte también Israel como su lugar de nacimiento. La ley del Congreso había sido aprobada en 2002; sin embargo, tanto el presidente George W. Bush como Barack Obama se oponían a aplicarla, objetando que se introducía en un asunto que cae exclusivamente bajo el poder presidencial.
Desde que Estados Unidos reconoció a Israel en 1948, sus presidentes han mantenido consistentemente que ningún estado tiene soberanía sobre Jerusalén.
Actualmente, un niño nacido en la ciudad santa, y con ciudadanía estadounidense, figura con “Jerusalén” en su pasaporte norteamericano, sin un país determinado.
La decisión de la Corte Suprema de Justicia, sienta precedente, y no sólo alienta a Obama en su disputa con el Congreso con respecto a su política con respecto al conflicto israelí-palestino; sino también en relación al acuerdo nuclear que está tratando de alcanzar con Irán.
(Con información de Aurora)