Hoy todavía le dicen a Jagger el “chico malo” del rock. La etiqueta es simplificadora y mentirosa. Las canciones, las conductas y los escándalos que le ganaron el mote son de una etapa temprana de la banda (los primeros 10 o 15 años). A ella corresponden temas emblemáticos como Satisfaction o Sympathy for the devil. Después se han sucedido discos y rolas que a veces evocaban o emulaban el espíritu contestatario de aquella etapa y otra veces se adaptaban, con su toque particular, a las modas musicales en turno, dictadas por la industria discográfica.
Esto no significa que Jagger y compañía se hayan traicionado. Han sido, simplemente, síntesis y reflejo de la sensibilidad juvenil de las últimas décadas. Por prgamatismo o por comodidad, Jagger escogió el papel de cronista y no de profeta de su época. Has caminado de la manos de los tiempos, de cada nuevo tiempo. Y así se ha proyectado – a la cabeza de los Stones- como uno de los personajes más influyentes de la cultura occidental en las últimas décadas. Junto a los Beatles. De ese tamaño.
Muestra elocuente de esa infuencia es el número de covers que, a manera de tributo, decenas de músicos e intérpretes han hecho de Satisfaction, ese himno anticonsumista que hoy las buenas conciencias de siempre ya escuchan sin sobresaltos. Es sólo un recuerdo, pero un buen recuerdo
(Con información de La Jornada)