El viaje de Chávez a su cuartel de la montaña (+ Fotos y Video)

Caracas de las banderas. Foto: Maribel Acosta.

Especial para Cubadebate

Chávez venció a la muerte. Y no es un lugar común. Su pérdida tiene la mística de las leyendas ancestrales de nuestra América. El pueblo llora… una recóndita tristeza sobrevuela hasta todas partes.

Sin embargo, el dolor se volvió poema, que gritó con fuerza junto al féretro vestido de bandera, flores, gorras rojas y ofrendas sencillas de la gente a su paso.  Ha sido como siempre, como en las concentraciones de tantos años… Y un mar de pueblo lo ha seguido en filas interminables para verlo. Los gestos frente a él describen el hondo sentimiento que embarga a todos: el puño en alto, susurros de cariño, juramentos de lealtad, saludo marcial,  sonrisas y hasta música de sus cantores con aquellas melodías que tanto ama.

La gente está de pie. La letra tantas veces entonada por Chávez se repite a cada minuto: ¡Gloria al Bravo pueblo…! como canto de unidad y clarinada  de lucha. Un hombre sencillo de la sabana resumía la historia desde el principio: “Después de Bolívar y Páez, Chávez es el hombre que seguimos los llaneros… como aquellos pata en el suelo desarrapados, que siguieron a Bolívar y cruzaron los Andes para ganar la independencia de América. La Constitución aprobada por el pueblo se levanta en las manos como credo conquistado para el porvenir.

Ante las preguntas de los entrevistadores, hombres y mujeres  responden: “Mi nombre es Hugo y mi apellido Chávez”.

Toda Latinoamérica está, la que él mismo impulsara a quererse… sus haitianos del alma, los caribeños, los sudamericanos. Y más allá, desde todos los puntos del planeta.

El imaginario popular lo colocó sabiamente en un lugar especial: “Él vino a completar el legado de Bolívar, ya lo hizo; se convirtió en raíz, agua, viento, sol, llanura y montaña…ahora nos toca a nosotros seguir”. Pareciera un consuelo conforme. Nada más insultante. Si es todo eso, si anda por los Andes empinados y las llanuras infinitas, en los trinos de los pájaros y el murmullo los bosques, está junto a nosotros. Y esto que presenciamos es su viaje, acompañado por las multitudes que regó con sus amores y sus cantares. La despedida de tu María Gabriela, que Fidel bautizara como la heroína en aquellos días convulsos del golpe de abril de 2002, retumban en el aire: “Vuela libre papito, sopla fuerte como los vientos huracanados”.

Así emprendimos el viaje… Mi colega Zenaida Costales y yo salimos a tu encuentro, juntas en el mar de pueblo. Tu cuerpo salió en andas lleno de música recorriendo las calles una vez más, tu gente te espera para abrazarte en los abrazos de todos. Y volvimos a estar entre los tuyos, en el barrio 23 de enero, ante la pantalla gigante que seguía los detalles de la ceremonia triste. Éramos muchos y nos sentimos acompañados para estar más fuertes. A pocos pasos estabas tú, cubierto de bandera… Una mano  amiga nos ofreció una botellita de agua para mitigar la sed y el dolor, alguien cercano me secaba una lágrima. Toda Caracas se ha vuelto banderas… Llegaron los minutos finales del comienzo… Y todos cantamos junto a ti el himno amado de las glorias independentistas que tú volviste a recuperar con orgullo. Brotaron muchas lágrimas… Caía la tarde. El regreso fue en silencio. La ciudad se llenó de luces en la noche triste. En lo alto, el cielo oscuro solo dejaba ver la cruz del monte Ávila, encendida en estos días para ti. No dejo de sentir tu canto ¡…Patria, Patria querida…! y tus ojos, que quedaron atrapados en mis pupilas, junto a ti,  en este viaje al cuartel de la montaña… Pero recuerda, regresa pronto,  te estaremos esperando y por ti seguiremos pariendo  nuevos cantos.

Caracas de las banderas

El pueblo acompaña. Foto: Maribel Acosta.

Caracas de las banderas. Foto: Maribel Acosta

El pueblo acompaña. Foto: Maribel Acosta.

Caracas en la noche triste. Foto: Maribel Acosta.

Cruz del monte Ávila en la noche. Foto: Maribel Acosta.