Victoria de Canadá provoca daños colaterales

No quería perder toda chance de clasificarse tan pronto como en su segunda presentación. Había sufrido una humillación, 4x14 en ocho entradas a manos de Italia, y aspiraba a vindicarse a las primeras de cambio. Esos pensamientos espoleaban a Canadá.

Ambicionaba terminar el calendario con un cupo a la segunda ronda en el bolsillo. Debutó con derrota, increíble, dramática, 5x6 ante los sorprendentes italianos. Pero se resarció con éxito de 5x2 versus Estados Unidos. Esas premisas entonaban a México.

Las dos pretensiones, encontradas, llenaron de morbo, aumentaron la importancia del partido entre estas dos selecciones nacionales hoy sábado, en el Chase Field de Phoenix, Arizona, por el Grupo D en al III Clásico Mundial de Béisbol.

Es que el resultado podía mantener con vida a Canadá, eliminar a México y, encima, clasificar a Italia. ¡Increíble!

Y, como sucede muchas veces en situaciones límite, cuando un arma se borra y otra se afina, la ofensiva venció al pitcheo en un pulso del que emergió con ventaja Canadá.

Cinco hits consecutivos después de un out, contado el biangular del cuarto madero Justin Morneau, acarrearon para el home plate cuatro carreras que acomodaron en el marcador a los Maple Leaf.

México, en respuesta, compareció hasta con seis hombres en el cajón de bateo al final del inning de apertura, sin embargo anotaron apenas una carrera, sucia por cierto, aunque avisaron del castigo de que eran capaces sus maderos.

Tres entradas más tarde lo corroboraron. Pero, abajo 1x4, los de Rick Rentería no jugaron tan exacto como ante los estadounidenses. En sus propósitos de equilibrar la balanza en el final del cuarto, se quedaron cortos, en gran medida por yerro propio, no por virtud del contrario.

Créanlo o no, el lento jardinero derecho Karim García, sin outs y después de un tercer sencillo en fila, continuó carrera de segunda para el home plate, a donde no pudo llegar siquiera, a pesar del tiro alto del jardinero central Tyson Gillies.

Resultó la jugada en un out en el home plate, la salida del juego de Karim a propósito del choque con el receptor canadiense Christopher Robinson y, en definitiva, la anotación de solo tres carreras: dos impulsadas por el doble de Gil Velásquez, cuarto imparable consecutivo en la entrada, y una remolcada por el fly de sacrificio de Eduardo Arredondo.

No pudieron equilibrar esa vez, se mantuvo la ventaja 4x3 cumplidas cinco entradas y lo lamentaron en el resto del encuentro. No volvieron a estar en una situación similar. Aquel desperdicio prácticamente finiquitó sus posibilidades de ganar el juego de pelota.

Andrew ALbers, el relevista al que casi bajan de la loma de los martirios en el cuarto episodio, se recompuso y lanzó sin permitir anotaciones los innings cinco y seis. Lo mismo hizo Trystan Magnuson en el séptimo y octavo, y John Oxford, el cerrador, taponó todas las hendijas para una posible reacción con un trabajo perfecto.

En tanto, la ofensiva norteña anotó en cada una de sus últimas cuatro oportunidades.

Se separó dos carreras en la pizarra, con un sencillo de Pete Orr, en el sexto. Agregó dos más en el séptimo, cuando fue importante el segundo biangular de Morneau. Fabricaron otras dos anotaciones en el octavo, con dos sencillos de Morneau y Michael Saunders. Y, en el noveno, después de una revuelta, anotaron la décima carrera.

Morneau y Saunders, cuarto y quinto maderos, se disputaron la condición de jugador más valioso del desafío. Morneau, por sus cuatro hits —dos biangulares— en cinco turnos, con tres impulsadas y dos anotaciones; Saunders por su partido perfecto en cuatro veces al bate, también con un trío de remolques y dos anotadas.

Presa de la impotencia, con dos outs en la baja de la octava y desventaja de 3x9, México, en la figura de Edgar González, intentó robarse la segunda base (va a los libros como adelanto por indiferencia del cuadro interior) y, al romper los códigos no escritos del béisbol, propició una trifulca en el principio del noveno.

Abriendo ese capítulo, el receptor de Canadá, supuesta víctima del robo, tocó la bola por tercera (otra vez se rompió el código no escrito) y, a seguidas, en obediencia a una clara indicación del tercera base Luis Cruz, Arnold León primero le pegó dos Rawlings y luego golpeó a Rene Tosoni, para desatar una trifulca vergonzante.

A modo de resumen, Christopher Leroux se apuntó el triunfo con una apertura de tres entradas, en las que recetó cuatro ponches, regaló un boleto, permitió dos hits y una limpia.

Perdió Marco Estrada, también abridor por tres capítulos, pero víctima de siete hits y las cuatro anotaciones que abrieron el marcador. Y Velázquez, noveno bateador, conectó dos de los ocho imparables de México

Al final, los mejicanos cayeron e hicieron sus maletas. Ganó Canadá, en definitiva, y ahora depende de su talento para llegar a la segunda fase por vez primera en tres clásicos.

Se dio un marcador que no burla los pronósticos y certifica el avance a la siguiente instancia de Italia, un hito en la historia de un béisbol que en las ediciones de 2006 y 2009, con idénticos 1-2, concluyó en el décimo puesto.

¡Increíble!: el resultado del juego entre México y Canadá, termina por certificar otra gran sorpresa en el III Clásico Mundial de Béisbol.