Policías armados en la termina 1 del aeropuerto de Heathrow. Foto: Reuters
En Londres hace un calor intenso, primera cuestión. Segunda cuestión, en Londres llegar hasta el estadio Olímpico es imposible este lunes, a falta de tres días para la inauguración. Tercera cuestión, derivada de las dos anteriores: es muy difícil pensar que en esta ciudad se van a disputar unos Juegos Olímpicos a partir del viernes.
Acaso tenga que ver el hecho de que el parque olímpico está cerrado todavía. Sólo se puede acceder con la correspondiente acreditación de prensa o de organización, y no a todas las zonas. Ni siquiera los periodistas tienen acceso al estadio, ni a la piscina, ni al pabellón de baloncesto.
Los autobuses que recogen al viajero en la estación de Stratford lo llevan directo al MPC (Centro Internacional de Prensa). Un control a la llegada. Como pitan hasta los botones metálicos de un vaquero, primer cacheo de un miembro del ejército, muy amable, pero intimidatorios por su volumen y por lo que parece esconder bajo el traje.
Como hay que validar la acreditación, un segundo control, y un segundo cacheo igual de tenso que el anterior. No está la cosa para bromas. El recinto del Anillo Olímpico parece una cárcel. Altísimas vallas, electrificadas en su parte alta, y cámaras de seguridad cada pocos metros. Controles por aquí, controles por allá. Para ir de la estación hasta el centro de prensa, un camino relativamente cómodo en línea recta, el autobús da una vuelta que no tiene sentido, ahora por aquí, ahora por allá, ahora un control, ahora otro más. En la Villa Olímpica, a la que no hay acceso salvo para los atletas, ondean ya banderas de muchos países, pero la sensación es extraña.
Todo el que camina por el parque olímpico -la pequeña parte que ya está funcionando- tiene una acreditación. No hay gente, no hay público, objetivo último, se supone, de unos Juegos Olímpicos. Llegar hasta el estadio desde King's Cross, un lugar céntrico y más o menos cercano, puede suponer una hora entre el trayecto, los cambios y los controles. Una pequeña odisea para poder ver una competición en directo. Por supuesto casi todo está en obras, pero eso pasa siempre, y seguro que para el viernes, cuando ya todo esté funcionando, se habrán terminado. La cuestión es si habrá gente.
(Tomado de El Mundo.es)