
Antonio, Mirta y Maruchi, hermana de Tony, en la cárcel de Florence, Colorado.
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Por Francisco Arias, especial para Cubadebate
Mirta está por celebrar sus 80 cumpleaños. El regalo con el que ha soñado a lo largo de los últimos años es que su hijo Tony estuviera en libertad para esta ocasión, y le acompañara como pareja de baile ese día.
Confiesa que Tony es muy buen bailador, aunque no ha podido ejercitarlo durante los 13 años de injusto y duro encierro en cárceles norteamericanas.
"Estoy segura de que no me defraudaría si lo invito a un tango, que él sabe es mi fuerte", afirma.
Él también se ha preparado para acompañar a su querida madre en sus 80, esté o no a su lado físicamente ese día. Aunque difícilmente algo pueda impedir que no estén juntas sus almas, por altas que sean las alambradas, duros los barrotes y distantes las mazmorras donde se han dado los últimos besos y abrazos, vigilados y controlados hasta la saciedad, especialmente Mirta, que aterra a los carceleros con su carga de amor y resistencia, sin otro temor que no tener fuerza, o quizás vida, para cuando su hijo pueda dedicarle en libertad el próximo baile.
Si Tony cantó con todos los cubanos el 2 de diciembre, más temprano que tarde bailará con Mirta y con Cuba.