Todo se sigue mezclando en la cultura popular

Entrevista a Girardo Rodríguez Plasencia, Máster en Estudios sobre Asia por la Universidad de Ritsumeikan, Japón.

La introducción y desarrollo de la Soka Gakkai en Cuba no es un hecho aislado, sino que se inserta dentro del fenómeno de la expansión mundial de los llamados nuevos movimientos religiosos (NMR) y, de las religiones orientales. Para entender este hecho hay que tener en cuenta tanto el contexto mundial, como la situación concreta de nuestro país.

Rosa María de Lahaye Guerra.- ¿Cómo explicamos estos implantes religiosos en contextos tan diferentes como el nuestro?

Girardo Rodríguez Plasencia.- En la escena internacional hay que señalar las transformaciones que se inician en el campo religioso, fundamentalmente a partir de la década de 1970. Desde entonces, se establecen grupos y centros religiosos de corte oriental en países de Europa y Norteamérica, donde tradicionalmente se conocía muy poco acerca de religiones como el Hinduismo, el Budismo, el Sufismo y el Taoísmo. Asimismo, diversos elementos de religiones asiáticas pasan a conformar las doctrinas y prácticas de numerosos NMR en estos países y desde allí pasan a otras regiones del mundo.

Por otro lado, las filosofías y rituales orientales fueron una importante fuente de inspiración para la Contracultura en Norteamérica, donde se popularizó una diversidad de expresiones religiosas conocidas colectivamente como el "movimiento" de la Nueva Era (New Age, en inglés). Se trata de un fenómeno heterogéneo, multiforme y en expansión transnacional, en el que predomina un sincretismo de diversas fuentes religiosas y seculares, tradicionales y modernas, de Occidente y de Oriente. Todo ello a menudo supuestamente explicado desde el lenguaje y concepción de las ciencias modernas.

En el trasfondo de este re-encantamiento o desecularización del mundo se halla una multiplicidad de factores, tales como la globalización neoliberal y el incremento de los intercambios globales mediante las migraciones y las nuevas tecnologías. Está también vinculado a condiciones de la crisis de la modernidad, relacionadas con el declive de instituciones religiosas tradicionales (especialmente, las judeo-cristianas), el deterioro medioambiental, la crisis de sentido en las sociedades modernas secularizadas y el debilitamiento de las comunidades sociales, entre otras de tipo socio-económico.

R.M.L.G.- Ello viene a actualizar el cuadro religioso cubano, desde los años 80 del siglo pasado, hasta la actualidad...

G.R.P.- Desde finales de la década de 1980 y principios de 1990 comienza a evidenciarse en nuestro país un notable incremento de la espiritualidad religiosa. En general, todas las manifestaciones religiosas tradicionalmente existentes en Cuba han ganado en cantidad de seguidores y en presencia social, pero sobresale una mayor popularización de las religiones cubanas de origen africano -particularmente, la santería-, la difusión del Pentecostalismo y la renovación carismática de denominaciones del Protestantismo histórico, lo cual se da también al interior de la Iglesia Católica.

A estas transformaciones del cuadro religioso nacional se suman la introducción de diversos NMR, la "nebulosa psico-filosófica" de la Nueva Era y las religiones de origen asiático. Los investigadores del Centro de Investigaciones Psicológicas y Sociológicas (CIPS) del CITMA, que menciono en mi comentario sobre la primera entrevista, proponen la expresión nuevas modalidades religiosas para referirse a estas novedosas manifestaciones espirituales, que se presentan como alternativas al panorama tradicional de lo sagrado.

Este reavivamiento religioso está estrechamente ligado a las condiciones socio-económicas de la crisis del llamado Periodo Especial de los 90, al tiempo que guarda cierta relación con otros factores de tipo socio-político, como el proceso de rectificación de errores de los 80 y el 4to Congreso del PCC.

R.M.L.G.- ¿Y dentro del cuadro religioso en general, te refieres a las orientales en específico?

G.R.P.- En nuestro país se han practicado las religiones orientales en las comunidades de chinos, japoneses e indios que formaron los naturales de lejanas tierras asiáticas, llegados como inmigrantes hasta la primera mitad del XX. En diverso grado, se conservan algunos elementos de su religiosidad entre sus descendientes, aunque al parecer sin una difusión significativa en el resto de la sociedad.

Es con el reavivamiento religioso que comienzan a manifestarse en Cuba influencias de las religiones de origen asiático, traídas por visitantes desde Europa y diversos países del continente americano. La apertura al turismo internacional y el incremento de los contactos con otras latitudes, gracias al desarrollo de nuevas tecnologías, son factores que han propiciado la visibilidad de estas manifestaciones religiosas en la Isla.

Cada vez es más común encontrarse con alguien que hable de energía, aromaterapia, meditación, medicina holística, yoga, qigong (o ch'i-kung), auras, chakras, incienso, macrobiótica, Reiki y una amplia gama de terapias alternativas. La mayoría de estas prácticas se basan o incluyen elementos de religiones como el Hinduismo, el Budismo y el Taoísmo, a menudo mezcladas entre ellas e interpretadas desde supuestos científicos. Pueden encontrarse en pequeños grupos, en seminarios, conferencias y tratamientos ofrecidos por instituciones de Salud Pública, o simplemente en individuos que se aventuran a explorar estas vías espirituales de forma autodidacta, leyendo libros o consultando materiales audiovisuales.

Además de estas expresiones de tipo Nueva Era, en los últimos 20 años se han formado algunos grupos budistas en sus variantes Zen, tibetana y Vipassana. Algunos son atendidos por monjes y maestros extranjeros. Ya hemos mencionado también al Budismo de Nichiren, que es el mejor organizado y el más difundido en suelo cubano. Algunas formas de yoga con fines terapéuticos no muestran un vínculo muy evidente con la religión, aunque  se hace más claro en otras como el Kundalini yoga. Al menos en la capital, es posible encontrar también pequeños grupos de alguna forma de Hinduismo.

Hay individuos que practican estas religiones de forma aislada, pero es difícil conocer el número de practicantes y el nivel de interiorización de estas filosofías. Por otro lado, no es extraño que estos individuos combinen sus intereses religiosos con las artes marciales. Por ejemplo, conozco de algún practicante de Taichi o kung-fu que se interesa por el Taoísmo, mientras que hay grupos de karate que introducen la meditación Zen en sus entrenamientos. En fin, todo se va mezclando y pudiera pronosticarse cierto incremento de estas expresiones religiosas en nuestra sociedad.