Texto: Mónica Rivero. Fotos: Alejandro Ramírez Anderson
Presentación de Silvio Rodríguez en el Fanguito, Plaza de la Revolución; con Omara Portuondo, José Antonio Rodríguez, Rolando Luna, Niurka González, Trovarroco, Oliver Valdés y el poeta Víctor Casaus como invitados.
En la era de los videojuegos todavía hay niños que sueñan con ser marineros o cosmonautas; que darían cualquier cosa por tener un caballo, un avión, o un barco. Estanly tiene un bote modesto. Eso es decir algo, aunque él ya se siente todo un capitán cuando maniobra con los remos sobre las aguas del Almendares.
A sus ocho años, cruza diariamente el río en Yani, bautizado en honor a su mamá, "la mejor que él tiene". Para ir a la escuela, para ir a jugar, para hacer la mayoría de sus actividades cotidianas, debe llegar a la otra orilla, frente a su casa.
"De mi aula yo soy el único que sabe remar", y parece un marinero diminuto cuando se le escucha, tan orgulloso, gigante en su universo infantil, en su océano de apenas cincuenta metros.
En su barrio, el Fanguito, hubo un concierto, tan grande como pequeño el escenario, tan extraordinario como común el lugar escogido para celebrarlo, y donde la emoción que cupo en una multitud concentrada en escasas cuadras, presente a pesar de la lluvia, no se alcazará siquiera a sospechar.
Estanly en su actividad preferida. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Vista de su casa. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Abuelo, quien aprendió mirando. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
José Antonio Rodríguez: "No hay mejor Revolución que amar". Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Omara, la del canto magnífico. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Agradecimiento políglota. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
César Bacaró, el tres. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Ovación. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
Silvio, quien cantó "la última canción" mucho más de una vez. Foto: Alejandro Ramírez Anderson
La era está pariendo un corazón a dos voces, sencillamente sobrecogedor. Foto: Alejandro Ramírez Anderson