Demasiado pronto para descartar a Sarah Palin

Por Iñigo Sáenz de Ugarte
Guerra Eterna

The Times: Sarah Palin

400.000 moteros, muchos de ellos veteranos de guerra, se reúnen en Washington en el fin de semana del Memorial Day. ¿Cómo iba a faltar Sarah Palin en una cita así? No podía intervenir en el acto público con el que se corona el Rolling Thunder y sus organizadores no estaban precisamente encantados con la idea de tener cerca a esta invitada que ni siquiera se había tomado la molestia de anunciar su presencia. Nadie como Palin para incrustarse en una imagen diseñada por otros y secuestrarla en su propio beneficio. Se adhiere a ella como si la hubieran rociado con pegamento industrial.

Motos, cuero, ruido, un paisaje dominado por hombres duros, la conexión con el Ejército y guerras pasadas... Perfecto para una persona que ha invertido mucho tiempo en fomentar esa imagen de tía buena a la que le encanta el olor del napalm (o sencillamente de la gasolina) por las mañanas.

Ya desde hace tiempo los medios han asignado a Palin la etiqueta de candidata imposible. Las encuestas se muestran implacables. ¿Cómo puede ganar alguien de quien el 58% de los votantes dice que nunca le votaría? Imposible.

Además, si fuera candidata, debería cancelar el contrato de un millón de dólares anuales con Fox News. Una ruina.

Y sin embargo, ahí está. Las primarias republicanas tienen el aspecto de un concurso de perdedores, un reality con destino a una cadena televisiva que pelea por las migajas. El vencedor se queda con el dudoso premio de ser derrotado por Obama. Mitt Romney es el valor seguro en función del dinero recaudado y de sus posibilidades de obtener la candidatura republicana. No porque derroche carisma y encanto personal ni porque atraiga al sector duro del partido.

Ver a Romney es como ver crecer a una planta. Sólo un enfermo terminal desesperado puede entusiasmarse por un candidato como él.

Tim Pawlenty y Jon Huntsman son otros políticos que representan ideas y valores no muy diferentes a los de Romney. La prensa los promocionará a nada que parezcan mínimamente viables, pero sólo crecerán si Romney comete algún error grave. Ante la duda, estirarán el cuello hacia la derecha y rectificarán sus posiciones del pasado con la intención de parecer lo que no son.

Falta el candidato ante el que los evangélicos se persignen. El que se envuelva en la bandera norteamericana y utilice la palabra 'God' en dos de cada tres párrafos. ¿Newt Gingrich? Demasiados divorcios. ¿Michele Bachmann? ¿Una versión de bolsillo de Sarah Palin? ¿Para qué apostar por ella cuando el original está disponible?

¿Lo está?

Palin es prácticamente una marca registrada. Un negocio que genera dinero y atención de los medios de comunicación. Menos que hace un año, es cierto. Dentro de dos o tres años, de no mediar catástrofe, Palin será ya historia. Es ahora o nunca.

Y de momento se ha subido al autobús. Con la contraseña: "Under God".