Hagamos de las fuerzas espirituales una realidad positiva en la vida (II parte y final)

Entrevista con el santero Remberto

Foto de archivo

RMLG: ¿Qué otra prueba ha tenido usted de la existencia de espíritus desligados de la materia?

Remberto: Digamos, tuve una experiencia la noche antes de un cumpleaños mío de santo, cuando, según lo establecido, le estaba dando coco al muerto... Es la tradición: se le ponen todas las cosas al muerto, se le da coco y se le da agua y se le hace el rezo. Se tira el coco para saber si esos muertos recibieron la ofrenda con halago, o sea, si recibieron efectivamente sus flores, recibieron su pan, recibieron café, recibieron su otí, recibieron su tabaco, sus cigarros, recibieron su agua con azúcar, lo que en vida ellos utilizaban. Entonces, dando coco -primera vez en la vida; nunca más he tenido esa experiencia- me dieron por la cabeza, no duro, me tocaron por la cabeza. Me asusté, porque no estoy acostumbrado a eso. Y cuando fui a salir, me dieron una palmada por la pierna, como sujetándome. Vaya, eso me asustó porque, quizá si uno hubiera estado acostumbrado a ver cosas y a sentir cosas... Pero yo no siento nada ni veo nada, fue la primera vez que tuve una experiencia de ese tipo. Luego tuve una vivencia en una misa espiritual, que se le dio a la señora que me hizo el medio asiento; aunque no fue precisamente una vivencia, pues de eso no tuve conciencia.

RMLG: Descríbame esa misa.

Remberto: Recuerda que yo no soy experto. Se reunieron aquí la comadre mía, el marido, dos personas que vinieron y nosotros dos, mi mujer y yo. Se empezó a leer una serie de oraciones, se prepararon flores, se preparó perfume, se preparó un depósito con agua bendita, cascarilla y pétalos de flores. Todo el mundo se limpió con aquello y qué sé yo, se empezó a leer otras oraciones y empezaron a llegar las entidades que iban a hablar. O sea, le llegaban a la persona a la que se le iba a dar la misa aquella, que era la madrina mía, la que me hizo el medio asiento, que era más espiritista que santera. Dice mi mujer -yo no me di cuenta- que hice un gesto hacia adelante, me tiré al piso y empecé a moverme de forma algo rara, y me quedé un rato ahí tirado. Dice mi madrina que el espíritu de Santiago quería hablar por mí.

RMLG: ¿Y no habló?

Remberto: No, no, no, no, yo no me di cuenta de nada de eso, ni hablé. Y entonces, casi que terminando, dice mi mujer que me eché solo hacia atrás, con los ojos cerrados. Pero no me di cuenta de nada. Yo quisiera de verdad tener esa sensación, y darme cuenta.

RMLG: Sí, pero dicen que de todas formas no se daría cuenta...

Remberto: Hay otros mediums que dicen que sí, que se es consciente la primera vez y que después ya no... No sé, yo no acabo de entender eso

RMLG: ¿De eso hace varios años ya?

Remberto: Muchos años. Pero ya no he dado más misas.

RMLG: Bueno, en la misa entonces...

Remberto: En la misa habló esa señora, incluso manifestó que estaba agradecida por lo que se le estaba haciendo, por la acción, dio una serie de consejos hacia mi persona. No me acuerdo sobre qué otras cosas más habló...

RMLG: ¿Y por qué razón se hizo la misa?

Remberto: Era como un tipo de reconocimiento o acción de gracias a ese espíritu. Yo nunca había hecho eso.

RMLG: Usted lo necesitaba, era para usted...

Remberto: Sí... ¡Ah! Y porque mi mujer tenía un muerto, a ver qué era lo que pasaba. No, me equivoco, lo de mi mujer fue en otra ocasión.

RMLG: Tengo entendido  que su mujer "ve". Hábleme de las experiencias de ella.

Remberto: Ella, por ejemplo, dice que ha visto a Joseíto Fernández y lo ha descrito como es, en la casa; que ha visto a una mujer vestida de blanco con el velo por arriba; que ha visto a un "veintiuno" cruzar en esta misma dirección de aquí para allá; a Juan Bruno Zayas... Ella me lo describe, pero como yo no tengo esa facultad, no veo nada. Ayer mismo ella estaba limpiando aquí y dice: "He visto tres veces una sombra oscura detrás de mí". Digo: "Bueno, chica, ve a donde está el agua, que tú tienes un vaso de agua y límpiate con un poco de perfume y con un poco de..."

RMLG: Eso usted lo interpreta como mal augurio...

Remberto: No es que sea mal augurio, pero es, debe ser, digo yo, si son oscuros..., nada oscuro es bueno. Me imagino que sean sombras que se le pueden arrimar y en un momento determinado la puedan dañar en algo. ¡Váyase a saber! Aquí visita mucha gente que puede dejar eso aquí; o puede ocurrir que uno abra la puerta y se cuele una cosa de esas por aquí, no sé, esos asuntos no son mi fuerte.

RMLG: ¿Y pudieran ser beneficiosas?

Remberto: ¡Cómo no! Pero son oscuras y las cosas oscuras no son buenas, de siempre hemos sabido que son malas.

RMLG: ¿Esas facultades de su esposa se manifiestan desde niña?

Remberto: Dice ella que sí. Se desmayaba, se caía desmayada. Fue incluso motivo de visita médica, y la doctora que la vio dijo que tenía un problema de estrechez en la cavidad torácica, que debía practicar ejercicios respiratorios, ir a la playa. Me imagino que esos desmayos se interpretarían como estados anoréxicos repentinos o momentáneos, y se pensaría que esa era la razón de la pérdida del conocimiento. Pero lo que ocurría es que ella veía, ella veía gente... Yo he estado solo aquí en mi casa, sólo, y he tratado de invocar, incluso, hasta el espíritu de mi padre (no tengo por qué temerle a mi padre), pero no lo he visto nunca, y a mi abuela, pero no la he visto nunca...

RMLG: ¿Cómo se invoca?

Remberto: No sé, mentalmente, pidiéndole a Dios que me dé la facultad de estar sentado y ver, digamos, en ese sillón que está frente a mí, a mi padre, y que él me hable o me diga algo; o a mi abuela, o a seres queridos, sin que me asusten.

RMLG: ¿Existirían técnicas especiales para eso que usted no domina, o es sencillamente que usted no tiene esa facultad?

Remberto: No sé. Yo no domino eso, quizá otra gente lo vea. Siempre he sentido algo. Yo he estado aquí, en mi casa, por ejemplo, mi mujer ha estado durmiendo y yo he estado en la cocina haciendo café y he sentido la sensación de que hay algo detrás de mí, algo que yo no veo. Me viro y no veo nada; vuelvo a mirar, y nada. Entonces me he puesto a rezar, y aquello se ha disipado.