Omar Linares celebró sus 43 en Taichung

Omar "El niño" Linares, ex jugador del equipo nacional de béisbol de Cuba

Desde que empezó en el béisbol, Omar Linares ha celebrado varios cumpleaños fuera de su casa y familia, pues el 23 de octubre ha coincidido con más de un certamen internacional.

Así ocurre este 2010, cuando sus compañeros lo felicitaron bien temprano y algunos le recordaron que "El Niño" ha crecido ya hasta los 43 años.

Apodado desde 1985 con ese calificativo a partir de su joven entrada a las selecciones nacionales de mayores -debutó con apenas 17 años en una Copa Intercontinental de béisbol en Edmonton, Canadá-, Linares marcó un hito en el béisbol cubano no sólo por sus altos promedios ofensivos, sino también por ser un ejemplo de pelotero dentro y fuera del terreno.

Cuando este sábado amaneció hubo quien recordó que su hija Samanta cumple en idéntica fecha al padre, de ahí que una llamada para felicitarla llegó segura desde Taipei de China, donde por estos días la XVII Copa Intercontinental roba horas de trabajo al entrenador de bateo del equipo Cuba.

Tampoco faltaron los amigos de siempre, como Germán Mesa, que propuso celebrar con un triunfo sobre República Checa las 43 velitas del que muchos consideran el mejor jugador del béisbol revolucionario; en tanto el inicialista Alexander Malleta prometió que le ganaría un próximo duelo en la jaula de bateo como regalo de cumpleaños a su entrenador.

"No es la primera vez que sucede, aunque a veces no lo digo y a muchos se les olvida. Es cierto que si se lo debo todo al béisbol no hay mejor forma de celebrarlo que con una victoria, con el bateo oportuno de los muchachos. Luego habrá tiempo para compartir en familia, con Samanta, con todos", dijo el ex antesalista pinareño, un poco pasado de peso ahora en comparación a cuando era el tercer bate de los equipos nacionales.

Linares jugó a la pelota como una prolongación de sí mismo. Jamás se le vio desesperado, ansioso, en un slump inconcebible; jamás alzaba la voz más de lo que debía y nunca falló a la hora buena, en los momentos cuando la tensión parece arruinar los nervios.

Su cuerpo y su mente necesitaban al béisbol como la sangre el oxígeno. Su singularidad radicaba en ser espectáculo desde la tranquilidad talentosa. Jugar este deporte para él era su realización personal, lo que jamás le perdonaría su cuerpo no hacer.

Por eso, este 23 de octubre, toda la delegación en Taichung no le cantó felicidades, prefirió regalarle el jonrón de la primera victoria, camino a la conquista del onceno título de un evento en el cual él también reinó a su antojo, con récord de más juegos consecutivos bateando de jit, atrapadas de leyenda en "la esquina caliente" y un botín de seis doradas. ¿Mejor cumpleaños? Imposible.

(Con información de AIN)