El corresponsal, Mauricio Vicent, añadió que "para Juanes y los participantes en el concierto la iniciativa pretendía ser un puente de paz, un grito de tolerancia y por la reconciliación entre los cubanos. Según el exilio duro de Miami, Paz sin fronteras era sobre todo 'un regalo al régimen dictatorial de los hermanos Castro'. Para Yoraidis y la mayoría de los que se reunieron este domingo en la plaza, el macroconcierto - de cinco horas de duración - era simplemente la oportunidad de escuchar en directo a artistas de fama mundial, en un país excluido de los circuitos comerciales de la música internacional".
Añade El País, que "mereció la pena. Las palabras anteriores al evento y los meses de difíciles preparativos y amenazas fueron barridos por la música. La gente, ajena a estos intríngulis, bailó y disfruto de lo lindo. El concierto blanco de Juanes sirvió de catarsis colectiva a cientos de miles de cubanos ansiosos de buen arte. Exactamente 1.150.000 cubanos, según dijo Juanes".
El final fue apoteósico: la orquesta Van Van, todo el mundo a menearse, concluye El País. "En Miami, horas antes, un loco había sacado a la calle una apisonadora de dos toneladas a destrozar la música de los participantes. Pero nadie lo mencionó. Solo Juan Formell, el director de Van Van, dijo: 'Duelale a quien le duela, el concierto por la paz ya se hizo. Ya esta bueno ya de abusos'. Después, con todos en el escenario, sonó el Chan Chan de Compay Segundo."