Una subida al Boquerón y el volcán dormido de San Salvador

Un área de San Salvador y al fondo los cerros del Volcán: el Boquerón y, entre nubes, el Picacho. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

“La noche fue dantesca. En medio del mutismo, rompió de pronto el retumbar de un trueno”, cuenta Alfredo Espino (1900-1928) en su poema Quetzaltepec. “Un pálido fulgor de cataclismo (…) siniestramente iluminó de lleno, como si el cielo se incendiara él mismo… Entre mil convulsiones de montaña, se abrió la roja y palpitante entraña en esa amarga noche de penuria”.

Fue una noche trágica aquella del 7 de junio de 1917: dos terremotos golpearon en poco más de media hora la capital. Casas y edificios públicos quedaron destruidos en la ciudad y poblaciones vecinas, se desató el pánico entre los habitantes. Poco después, pasadas las ocho, la explosión del volcán de San Salvador, seguida de otro sismo. Solo 200 de casi 9 000 casas quedaron intactas. La cifra de muertos superó los mil.

Luego, una erupción del cráter secundario de Los Chintos (al norte del volcán de San Salvador). Cuentan que se evaporó la laguna que ocupaba el cráter principal del volcán. Las fotos de la época muestran la columna de humo y cenizas. El manto de lava alcanzó dos kilómetros de largo, unos 250 metros de ancho y hasta tres metros de espesor. Cayó ceniza húmeda durante varios días sobre la ciudad.

Hoy, cuando miran hacia el Boquerón (unos 1 850 m sobre el nivel del mar, el de San Salvador es el cuarto volcán más alto del país centroamericano, donde hay casi una veintena activos), los salvadoreños mezclan en su conversación la historia de aquella noche aciaga, hace 106 años, y la fascinación por la belleza y majestuosidad de la elevación, uno de los símbolos de la urbe.

En la boca del cráter el Boquerón. Abajo, el Boqueroncito. Cerca del cráter está el Picacho. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

Muchos hacen la subida –Jenifer, la chofer del bus en que viajan varios periodistas, nos precisa que le toma alrededor de media hora el viaje– para visitar el Parque Nacional El Boquerón: bosque, senderos, vistas panorámicas, aves, otros animales, el propio Boquerón –de 1.5 km de diámetro y casi 600 m de profundidad– y dentro, allá debajo, el pequeño cráter llamado Boqueroncito. Hay más cráteres inactivos y conos de escorias en la región, parte de la estructura del volcán.

Al lado del Boquerón, el Picacho, más de 1 900 m de altura, lo que quedó de erupciones ocurridas hace miles de años, en las que el volcán perdió unos mil metros de altitud.

Mural en inicio del sendero que lleva al cráter El Boquerón. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

Una de las vendedoras en el sendero hacia el Boquerón. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

Árboles en el Parque Nacional El Boquerón. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

Por el sendero, escalera hacia uno de los miradores. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

La carretera asciende entre bosques, centros de recreo con vistas hacia la capital y comunidades de gente que vive de vender a los visitantes o cultivar hortalizas, flores y frutas beneficiadas por el clima húmedo y fresco. Al borde del cráter se accede por una serie de senderos y escaleras rústicas que llevan a cuatro miradores. Es un área de alta biodiversidad y hermosas vistas. Una vez allí, se abre, impresionante, el gran Boquerón.

En el borde del cráter. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

El Boqueroncito. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

A la bajada, pasadas las cuatro de la tarde, hacemos una parada más abajo para apreciar la vista de la ciudad entre nubes. De la montaña baja la bruma y emblanquece todo alrededor. Llueve casi cada noche y uno se libra del calor, que es fuerte en San Salvador.

Entre humedad, brisa y fresco, uno no deja de pensar que muy cerca, hace 106 años, retumbó el trueno y “se abrió la roja y palpitante entraña”. Hoy –y ojalá sea así por siempre–, duerme el Boquerón en medio del verde, cantan las aves y allá en lo alto solo hay tranquilidad.

Un alto a poco de terminar el descenso hacia la ciudad. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

San Salvador desde una escala en el descenso por el Parque Nacional El Boquerón. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

San Salvador desde la altura. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

Una vista desde el borde del cráter. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.

Flores en el borde del cráter. Foto: Deny Extremera San Martín/ Cubadebate.