"Slava", el meteorólogo ruso perdido en el Ártico

Observatorio abandonado en Kotelniy. Foto: Evgenia Arbugaeva.

Nació en un barco y quiso vivir siempre junto al mar. Vyacheslav Korotki, más conocido como ‘Slava’, pasó más de 13 años en la soledad de una remota estación meteorológica del Ártico, en Rusia, midiendo temperaturas, lluvias y vientos. La fotógrafa Evgenia Arbugaeva rompió su silencio en 2014, cuando llegó en helicóptero cargada de naranjas, champán y un pájaro.

En 2014, The New Yorker publicó:

Vacheslav Korotki es un hombre extremadamente solitario. Él es un polyarnik entrenado, un especialista en el polo norte, un meteorólogo.

En los últimos 30años, ha vivido en barcos rusos y, más recientemente, en Khodovarikha, un puesto de avanzada del Ártico, donde fue enviado para tomar medidas de las temperaturas, la nieve, los vientos.

El puesto se encuentra en una saliente de una península que se adentra en el mar de Barents. La población más cercana está a una hora de distancia en helicóptero.

Kortotki tiene una esposa, pero ella vive muy lejos, en Arkhangelsk. No tienen hijos. En sus raras visitas a Arkhangelsk, tiene problemas para lidiar con el tráfico y el ruido. Korotki tiene 63 años y cuando comenzó su carrera era un entusiasta, un romántico de los espacios abiertos y de las condiciones del Ártico.

Mira noticias por televisión, pero no se las cree del todo. Polyarniki es como los cosmonautas, como los exploradores. Ahora hay menos de ellos. Porque, ¿quién quiere seguir viviendo así?

Evgenia Arbugaeva, una fotógrafa que se crió en la ciudad ártica de Tiksi, pasó dos largas temporadas con Korotki. “El mundo de las ciudades es ajeno a él, él no lo acepta”, dijo ella.

“Vine con la idea de un ermitaño solitario que huyó del mundo después de sufrir un drama, pero no era así. No se siente solitario par nada. Él se pierde en la tundra, en las tormentas de nieve. No tiene de sí mismo la misma idea que suele tener el resto de las personas. Es como si fuera el viento, o el mismísimo tiempo”.

Slava hablando con Khesa, su loro, en 2014. Foto: Evgenia Arbugaeva.

Vistas al mar de Barents desde un camarote del barco Mikhail Somov, mientras se aproxima a la península de Russkiy Zavorot. Foto: Evgenia Arbugaeva.

La radio de Slava en la estación meteorológica de Khodovarikha. Foto: Evgenia Arbugaeva.

Slava camina hacia el viejo faro cercano a la estación meteorológica de Khodovarikha para recopilar la madera que cubre sus paredes y usarla como leña. Foto: Evgenia Arbugaeva.

En su despacho, Slava escribe en su diario los datos recogidos después de haber realizado las observaciones en el exterior. Foto: Evgenia Arbugaeva.

El meteorólogo tomando mediciones. Nubosidad de 10 puntos, altocúmulos, visibilidad de 4 kilómetros. Temperatura: 20 grados bajo cero. Humedad relativa: 83%. Viento noreste de 12 metros por segundo, con rachas de hasta 14, sin precipitación. Foto: Evgenia Arbugaeva.

A veces, durante las largas noches polares, Slava construye casas con cerillas para pasar el tiempo. Foto: Evgenia Arbugaeva.

Vista desde la sauna en una tarde tranquila. Foto: Evgenia Arbugaeva.

Slava, en su barca hecha a mano, en el mar de Barents, cerca de la estación meteorológica. Foto: Evgenia Arbugaeva.